mejorlavidasimple

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viernes, 10 de noviembre de 2017

lo que no se toca

es
un error inexplicable y definitivo
que está en el pasado
intocable.
como una punta de lanza
un alfiler de solapa
un duelo tuyo y ajeno que marca tus canas.

es
una falta y se queda
no se la lleva nada ni nadie.
un mármol clavado en tu bazo.
un tablero frío
una desilusión temprana.
y hará de ti
una larva inquieta y callada,
una oveja esquilada que ve tirada su lana.
te hará
insegura de manos
de voces
de las cosas que has escrito o has dicho en noches como ésta
antes de cerrar sin pestillo
la puerta.

tu fallo
es la hoguera que abrasa los puntos cardinales de la lengua.
la madera y todo lo bueno
se quema,
arde entre tus piernas cruzadas bajo la mesa.
la vida resbala deprisa por un plano inclinado,
baja con su débil risa,
miles de metros de caída y una única certeza,
no hay ni habrá huída.
porque
el ayer no se toca
no se detiene, mujer.
no te conviene.

mañana
en una habitación cualquiera
las sombras en las paredes
pronunciarán tu nombre para que te quedes.
quieren
tu alma sin destellos
dejar los peces sueltos,
quizás,
poner verano en tu invierno.
todos saben que cada cierto tiempo
cometes un error
una falta
una quebrada que debilita tus ganas.
todas saben
que el pasado no se toca,
no se vacía, mujer,
sólo provoca.
el pasado no se cambia,
se marcha,
y con mirar atrás
no lograrás la calma.



viernes, 27 de octubre de 2017

desamor

los cuerpos,
los que conjugan verbos cuando el acto de nombrarlos
trae ansia a los huesos.
esos cuerpos
y esta soledad con un collar en el cuello
pasando entre tus piernas para que al menos hoy
puedas verla.

la piel tatuada que ya no cicatriza.
la tinta se mueve sobre la herida como aguja sobre la vida
mientras las manos mojadas
se mueven

a escondidas.

te tocas los labios
que nunca has pintado.
que nunca has decorado.
te tocas los ojos
que nunca has decorado ni pintado.
y el paso de un vagón viejo
contrae el músculo izquierdo de tu pecho.
y te quedas ahí,
dispuesta a perderlo todo
a ceder de nuevo.

alguna mañana

frente al espejo
cortas tu cabello con un gesto

como antes lo hacían sus dedos.
cintas de tela arando tu pelo.

y se desenfocó
el momento.

y ahora cuando regresa
te apoyas en el pomo de la puerta.
das paso al miedo
a la corriente
al vértigo del recuerdo,
a esa humana sensación de estar viva y triste al mismo tiempo.

caducas con las hojas del jardín
y hueles a desamor
pero ¿quién no?



domingo, 22 de octubre de 2017

ser extraños

yo
no debería escribir.
lo hago
para invocar lo que nos hemos prohibido.
para entender
que a dos extraños
como nosotros,
les cabe a partes iguales la duda y la certeza,
el deseo y la indiferencia.

a ti y a mí,
no nos atan los días con la misma cuerda.
respiramos plenos en la ausencia.
no conocemos la dificultad que encuentra el aire
cuando entra
en un pecho enamorado de alguien.

pero
a veces,
basta un correo electrónico con mi nombre completo
para que suene la alerta
y el ganado encerrado escape de cansancio.
para que vuelvan las gaviotas sueltas,
el mar de fondo,
la sangre revuelta.

entonces
me pongo una venda gruesa y negra.
me ignoro
me dejo atrás
me deshago de mí como quien no quiere testigos ni conciencia.
llamo al olvido para borrar quien soy y lo vivido.
borrar que en otro lugar
hay una tierra que me da cobijo
un hombre esperando
un excaso sueldo
un trabajo precario.

yo
no debería escribir esto.
recuerdo
los dos minutos que estuvimos solos en el hotel repleto,
y no han vuelto.

a ti y a mí
nos come la selva,
nos falta un soplo de arena.
no nos llamamos, no nos hablamos,
porque
estás bien sin mí
y yo sin ti,
porque moramos en esas otras vidas
donde unas manos torpes
nos abrigan.

si alguna vez,
si otro año,
si en otro momento
nos volvemos a ver y somos dos extraños
como ahora,
no me dejes marchar.
no rondes mi cuerpo si no cierras con llave esta puerta.
estoy dispuesta a pactar conmigo,
a dar lo que pida el destino a lo prohibido.
y si no puede ser
ni antes
ni después
como hasta ahora,
no hay nada que perder

nsda que retener.

Y todo irá bien.

hasta que un día,
un correo,
un ascensor en el piso tercero,
un golpe de suerte pendiente
nos despierte el vértigo en el vientre
y abra la jaula con cualquier pretexto
para que
los pájaros libres
hagan el resto.




sábado, 14 de octubre de 2017

aquella

aquella sequía la ganó el silencio.
aquella de la que no hablaste
de la que no hablas.

aquella ocupa el templo.
abrasa el cactus que riegas a las siete
sin haberte ajustado por dentro.

aquella planea sobre tus restos
deja una sombra falsa por medio.
aquella finje ser agua en el pozo
de los besos secos.

nunca quiso irse.
la sed es la silla desocupada que alumbra la lámpara del techo.
ninguno de tus órganos golpeó a tiempo.

aquella hoy es ésta
que de nuevo será aquella.
aquella de la que no hablas
porque el futuro es un ramo de palabras que callan a tientas.

puedes.
deja la nevera abierta,
llenalá de piedras rotas
pequeñas
imperfectas.
deja que el suelo se descalce, que ponga sus zapatos en la puerta.
la casa es el lugar donde pastan los cuerpos
las ovejas.

aguanta serena
aguarda en la trinchera.
ajusta tus curvas a los sacos de arena
y espera.
presiona con una mano la herida,
con la otra,
no sueltes la vida.
agárrala
hasta que lleguen las nubes negras
y se beban la sequía
que te dejo muda
aquel día.

lunes, 25 de septiembre de 2017

la recta final

si esta casa se queda vacía
¿se vaciarán los cuerpos?
¿se borrarán las marcas de los dedos
las pisadas?
¿qué pasará
con la piedra
con el ladrillo deshecho?
quizás,
la ausencia
dejará el pasado por los suelos.

y cuando alguien entre,
si alguien entra algún día después de mucho tiempo,
mirará las paredes que no están pintadas
pero estuvieron.
mirará los cuadros
colgamos en los huecos
colgados en el aire,
los collares balanceándose en el cuello que no es
pero que fue
mientras hubo otro cuello
y duró el apego.

o tal vez,
los cuerpos vacíos darán la bienvenida desde el cuarto
al individuo que avanza saludando.
materia humana sobre un lienzo,
movimiento de pasos que altera el silencio
el útero pequeño.
un alguien que no se queda
para no sentir el abandono cerca,
para evitar el golpe que asesta
la soledad de otros
en el fondo del ojo.

si esta casa se queda vacía
sin plantas, a la deriva
sin rezos entre labios
sin el vaho del espejo alargado,
la cortina del baño transparente
será
sólo
un recuerdo en el ambiente.
caerán los cristales que pararon las grandes tempestades
el fuego del infierno
los éxodos
que ocurrían dentro.
la inclinación de los muros reducirá el espacio
apretando los libros comprados
que no fueron usados.

¿qué pasará?
el deterioro hará saltar los plomos
la luz buscará otro foro.
habrá olores pegados en los platos
arrugas en el techo
en los grifos cerrados
en los pechos secos que fueron derramados.
habrá muebles perdidos con la muerte silbando en sus oídos.

será la recta final.

la casa se quedará
sin calor de hogar, sin cuentas que pagar
sin vida animal ni artificial.
y aparecerán poemas disecados
pinchados en la puerta del armario,
todavía frescos
todavía húmedos o borrachos.
porque
a veces
pasa
que las casas se vacían
y las palabras se quedan
para escribir lo que los cuerpos llenos
no podían.


 

martes, 19 de septiembre de 2017

estudios superiores

a mi lado
las flores se contagian de cólera y malaria,
los ríos derraman su sed por las esquinas y dejan

la boca sucia,
un tacto diferente en mis dientes de cúrcuma
.

aquí
aprendo lo que no aprendí contigo,
que hay calles que el sol no calienta,
que puede el corazón morder sus riendas.
aprendo
a destruir el deseo, el destino,
las líneas de la vida, los renglones torcidos.
aprendo
a vender el invierno en un sola mañana aunque sea una mala jugada,
a sacar las piernas por los hierros de la cama,
y a echar de menos los poros de otras sábanas.
aprendo
a no querer del amor absoluto
nada.


aquí
aprendo,
espero el huracán sobre un puente colgante
y trago toda la fiebre que no supe curarme
todo el alquitrán
toda la niebla de mis pies
al levantarme.
porque hay cosas que pasan
cuando los dioses vienen con sus nubes blancas
y te aplastan.


aquí
aprendo
que no es posible alcanzarte aunque estire los brazos cuando estás delante.
que existe la realidad, no los sueños.
que no hay personas libres
porque nadie

en verdad
quiere serlo.
que hay esclavos por voluntad propia, por consuelo o por afecto.
que uno muere rápido
si cada noche huye del beso del tiempo,
si a cada momento
mira la pequeña pantalla que golpean sus dedos.

aquí
aprendo
soltera de razones y cortes de pelo
a no conjugar los verbos.
aprendo
que los planes están para romperlos,
que las plantas y el mar nacen perfectos.

que discutíamos
siempre
por el negro dinero.

hay cosas que pasan
a mi lado
como personas que pasan.
tú debes de haber venido.
el té está preparado, las cortinas abiertas,
las migas en el plato, gotas de cerveza en la nevera.
debes de haber venido,
pasado por aquí como pasan las cosas,
para ser atendido

visto
tal vez, querido.
pero no puedo ocuparme de ti,
debo aprender
lo que no aprendí
en tanto texto hervido y tanto amanecer
cosida
contigo.


martes, 22 de agosto de 2017

luces negras

la luz se va,
se golpeó con las paredes
en plena adolescencia
perdió su virginidad
se pringó de inocencia.
la oscuridad borró su color
la bruma manchó sus puertas.
yo estaba
allí
encerrada
con ella.

el miedo calentaba
sufrí de pereza.
el brillo
dejó que sus hijos encendidos
perecieran.
nada de lo que escribí vale esta herida
este sufrimiento de agua
esta cadena perpetua.

no hay sangre
pero las manos tiemblan.
nada de lo que diga
aquí
resucita las horas inertes,
el pasado es piedra.

hay un sol cargado de deshechos
de estiércol
de restos.
y un lago hundido donde mi debilidad flota.
es absurdo lo que no tiene sentido ni remedio.
después de tanto tiempo
sé que el pinchazo se irá
pero no el agujero.

este error
me caduca
me desprende del vientre sereno
pisa los tejidos arrugados
los tiñe de acero.
me recuerda que hay decisiones
tomadas por mí
que me devoran por dentro
y en silencio.

no hay alegría ganada ni perenne.
tal vez
todo es como ese amor que es mejor no tenerlo,
sólo imaginarlo
soñarlo
pensarlo como lo que puede ser
y no está siendo.
no creo,
pero junto las manos
y lo intento,
en un acto involuntario y reflejo
quizás
rezo.
yo misma puse estas luces negras sobre el espejo
y no puedo retroceder,
las blancas,
se están yendo
.

domingo, 20 de agosto de 2017

brujerías

esta inseguridad tan segura de sí misma
y esta presión oprimida.
esta tristeza que se alegra de verme.
este gozo amargo y suicida.

la duda de ser allí o aquí.
la torre de silencio que fusila.
el error que acecha desde la lámpara
apuntando la flecha
a tus costillas.
esta incierta certeza de saber que te pierdes la vida.

este corazón de plomo que no respira.
este frágil latido en la sien que marca
puntual
las horas del día.
y esta soledad voluntaria que al final
siempre quiso y quiere
compañía.

este cielo blanco vestido de baile que no me coge la mano
ni me suspira.
estas nubes duras en mi cuello
estas esquinas de piedra que pinchan la herida.
han pasado los años
los momentos
han pasado mil trenes
y
sigo siendo la misma.

este gorrión que muere de pena en mi hombro.
esta mariposa azul que siempre está dormida.
esta loba hambrienta que no sabe
buscar comida.
esta estrella de mar sin abrazos que se quedó tendida
que se apaga lenta
en la orilla.

la muda oscilación que decide por mí.
los hilos que manejan mi razón deshojada y rítmica.
estas tardes que recortan luces en el suelo
que cantan bulerías
que quieren que el alma deambule desnuda por la cocina.
esta tensa sensación de perder lo que amas
de no escuchar las voces
de sentir que te mueves por los cristales rotos de la vajilla.

ésta y no aquella.
la misma de siempre.
la niña empapada bajo el diluvio que no cuentan las biblias.
la mujer que baja y sube
que quita del agua las colillas
la que pierde
la que vomita las flores que ya están podridas.
la anciana que conoce los juegos del amor
las trampas del dolor
la brujería.


jueves, 10 de agosto de 2017

lejana

esta soledad que una mano no acompaña
teniendo la tuya
tan cerca
amigo.

miro
la fosa llena de esperas
preñada de un encuentro que no conocerá pecho al que acercarse.
apagada la lumbre,
al menos
nos quedarán las brasas calientes donde quemar la mente.

y eso ocurrirá pronto
y ocurrirá para siempre
condenando a muerte
este silencio
que nunca abrió la puerta al enemigo.

si llega el primer paso
y te decides,
será tarde.
mi cama al otro lado
mi tronco al otro lado
mi fuego al otro lado no emitirá señales.

y habrás de perderte
en el olvido
amigo.
tú y ese corazón que persigo.
serás juzgado
por huir del sol con hambre,
por no entregar las cartas al destino,
por creer en el orden
en el tiempo
en lo podrido y divino.

niño de voz de azúcar
hombre eterno
anciano en mis versos.
tu estómago vacío
reclamará mi persona
será tarde,
estaré lejos.
mi tacto al otro lado
mi llave al otro lado
mi sal al otro lado no alcanzará tu techo.

y eso ocurrirá pronto
y ocurrirá para siempre.
llorarás mi lejana presencia mientras sumas tus cuentas perfectas.
yo
puede que llore tu cercana ausencia
sintiéndome
lejana
y deshecha.
sintiendo sucio el planeta.

y eso será
cuando vuelvas.
ya ves,
yo
sin poder apartar esta náusea con una mano conocida
teniendo la tuya
tan cerca.



sábado, 29 de julio de 2017

todo en su sitio

él estaba en su sitio
como la última vez
pendiente de las cuentas
de su imagen
de sus imanes.
y ella,
ella ya era lluvia que no tenía suelo donde caer ni cielo de nacimiento,
era un árbol con raíces sumergidas,
un universo lleno de sustos y agujeros por los que asoma el infierno.
era ya
un arma mortal descargada y seca que guarda su primera bala en la nevera.

para él
aquel era su sitio,
acunado por los dioses del abismo
besado con pasión por el olvido
deseado y raptado por las diosas para dar a luz a sus hijos.
y ella
a pocos metros,
vigilante en tonos claros,
oliendo su sudor como una fiera lenta que espera,
con un dolor de agujas en los dientes en la lengua,
con un sabor ahumado en su costado,
con la voz astillada, sin aroma y sin raza,
con un golpe de labios cansados
y azulados.

ella
pendiente del fuego que abrasa cada día la vida y su cuarto.
ella
como ave que se arrastra por los oscuros pozos del alma,
por la teta del alba mancillada,
como estrella sin lunas negras y lunas sin noches blancas,
con la falda manchada y arrugada
descosida la piel y la venganza.
ella
como un puñado de trigo que no será pan para mañana,
como un pañuelo
que estuvo y ya no está
lleno de lágrimas.

él sentado
en aquel sitio
con un periódico abierto entre las manos,
esperando
que ella se acerque
pero hay distancias cortas que nos vencen.
ella
baja a las profundidades para tocar el fondo y robarle al mar
la fina arena del lodo.
ella
como nube que tapa la luz de la bombilla.
ella y el aire
que se enfrían,
ella que siente los cristales caer cuando los mira.
y el grifo que se abre
calando la hierba que pisa,
y él
desde su sitio
llama a su puerta
sin levantar la cabeza,
sin dejar las noticias.

y empieza,
retrocede sin cambiar el gesto
como una gata vieja que ya no siente celos.
empieza a levar anclas
a reventarse las ganas con las cuerdas ásperas.
y todo huele a sal
como cuando era niña y buscaba ranas que le hablaran.
tal vez
regrese para recoger sus cosas de la casa,
y cuando vuelva
todo estará en su sitio
como esperaba.


domingo, 16 de julio de 2017

si diez minutos


diez minutos
para este cuerpo de piedra
que empieza a deshacerse en grietas.

nueve minutos
para esta textura solar donde has plantado plumas
que crecen respirando mi dureza.

ocho minutos
de amor pétreo y navaja de mar llano
clavando su pico en mi armadura con forma de barco.

siete minutos
para sentir la roca en el estómago
el canto que resiste las altas temperaturas del deseo que te tengo.

seis minutos
para recortar el mito por las líneas discontinuas sin soltar la tijera
y componer un puzcle que huela como el tronco de un árbol sin tierra.

cinco minutos
de dolores tostados en la punta de un corazón blindado
que ya no teme a los tanques ni al timbre de la puerta cuando suena.

cuatro minutos
para disecar las verdades que no me son útiles
y calentar con las manos las mentiras que nos harán de guía.

tres minutos
de espera
para ver la piscina llena y descargar la losa que me pesa
puede que flote amarilla entre hojas escritas y velas.

dos minutos
para fundir el metal de los puntos en las costuras las comisuras
las curvas de los ojos y del vientre
esas rayas que no existían cuando hubo una esperanza volando sobre la vida.

un minuto
el último de tu tic tac de oro cojo de agujas
para demostrarte que sin cascadas
el tiempo que era nuestro hará que se calle en el océano el viento.

jueves, 15 de junio de 2017

hambrunas

frío
duro
piedra congelada
roído de los pies hasta la espalda
ausente de todos mis recuerdos,
aguantando una flema que no pasa.
barnizando
pintándote las uñas a rayas.
expulsando resina por las grietas
por las rajas que no están curadas.
sudando tinta por la piel tatuada,
sorbiendo lágrimas de alcohol
porque llorar
asusta
si no tienes práctica.


vas a vestirte de blanco
pero déjate puesta
esa oscuridad que luce tu mirada.
la soga,
los brazos negros que te ahogan
y esas manchas sucias en la geometría obtusa de tus juntas.
el miedo que lames,
el viento que bate cuando andas por el infierno que guardas,
cuando miras mudo los dolores del mundo
los lugares hundidos
toda la penuria que aguanta un corazón nocturno que echa en falta.


conozco
tu falso bienestar
tu bendito rumor, difícil de apreciar si sólo te dedicas a callar.
se me antoja ubicarte
entre la cafeína y el laxante,
entre el púrpura del marco y una barra de labios.
se me antoja
que podríamos ser algo más
si alguna vez
a solas
aceptamos contemplar las olas.
y tocar tu dolor y tu alegría
tocar de mentira
tocar como juegan las sombras a escondidas
en un cuarto infantil de la Gran vía.


frío
es tu rostro en las fotos,
tu pelo gris plomo

cuando limpias el polvo
cuando saltan los puntos cosidos en tu torso.
no te preocupes tanto
todos seremos tiza temprano.
blandos
frágiles
seres asustados si llega la primera muerte, la que no esperamos,

porque las muertes que vengan después
ya no hacen daño.


eres un signo velado
mientras cierras los párpados aguados
y cierras lento

el visillo del salón que da al patio.
se me antoja mirarte
una vez,

una más,
escribir en voz baja lo que dije en el parque,
llorar asusta
sólo
si tienes hambre.



viernes, 9 de junio de 2017

juego de granadas

la sientes descender por tu pecho
y bajar a tus piernas
hasta los pies que arrastras.
no te das cuenta
pero vas

con la falda calada.
la mancha la tapan tus manos
mientras andas.


no has comido,
tu cuerpo no digiere la esperanza.
bebiste poco
pero no recuerdas

a quién explicabas
cómo la grava inunda tu playa cuando pones el alma fuera de la cama.
cómo el amor vino alguna vez a reírse en tu cara
y otras, fuiste tú
quien le dio la espalda.


le dijiste
que eres mariposa grávida que vuela sin desplegar las alas,
camelia a veces,
abeja en un panal con la miel acabada.
le contaste
que unos cuervos sin pico se mecen con la luna blanca,
que hay flores clavadas

en la materia gris de todas las ventanas.

le dijiste incluso
que tus secretos los guardas en bocas de alquiler
porque no te fías de quedarte callada.
que cometes el mismo error cada mañana
el error de esperar con ternura
lo que no pasa.
no recuerdas si se marchó
antes o después
de que tú te marcharas.


caminas por la acera seca
con la ropa empapada.
cuando los coches se paran, te paras.
miras el semáforo y sales

cuando arrancan.

la sientes resbalar sobre tu lava.
dañar tu piel como piedra caliente como rama abrasada.
tocas suelo y escondes bajo la blusa
el grito que fabrica la sed que no se sacia.
eres un puzle
de piezas de felicidad rasgada
pero faltan varias.

la dicha nunca es completa
quedan siempre cuevas mal ventiladas.


detrás de ti,
hay un rastro carmesí, muchas gotas de cera pintada.
vas apretando la tela
contra un muslo teñido de
granadas.
los dedos taponan

y los peces empujan
para no morir lejos del mar
ni desangrada.
tú lo sabías,
la ciudad ataca a las mariposas
a la camelia común
a la abeja que se aleja solitaria.
a veces, te juegas la vida,
a veces, por nada.





martes, 30 de mayo de 2017

¿por qué no?

aquello que no es necesariamente
tuyo.
aquello que para mí acaba donde deberías estar.
y sin embargo,
hay cargos de luz y gas.


escribo una palabra que conoces
lo hago sin vocales,
no la quieres leer.
la suciedad de las calles se lleva
las quejas a otra parte
a escondidas,
mientras morimos dormidos
y oprimidos.
las deja en otro mundo sobre un río de uvas fermentadas
a su libre albedrio.


doy un sorbo de mar dulce con pasta de ricino
y
¿por qué no?
sigo.
latimos con nuestros pequeños pechos calientes

cada uno en su sitio
en un polo distinto.
es sólo el tuyo que late,
el mío
está frío.
los perdedores necesitamos señales de humo
garbanzos en el camino
jazmín en el ombligo
para creernos
vivos.


déjame descansar
algún día,
descansar de ti,
te lo pido.
quiero la ciudad para otros.
te recuerdo y todo huele a humedad, al surco negro del disco.
no me sonrías desde lejos
yo sé
que no me has visto. 


observo mi piel a punto de mudarla,
tomo impaciente la carrera del asilo,
voy al cruce, al pozo

a hundir mi fe en el estío.
voy al manicomio, a ese lugar donde almuerza la mente y sus vicios.
voy o iba
hacia ti
llena de voces como hilos y de moscas
sin equilibrio.


me busco a mí misma
bajando hasta mis huesos,
pongo las yemas en los huecos abiertos, aprieto
sin miedo,
saco los clavos ardiendo.
me busco.
¿por qué no?
buscarte a ti
es perder

el tiempo.



martes, 16 de mayo de 2017

acercamiento

como tus asas
como tus astas de esparto y viento,
ceniza de cigarro en la escalera,
olivo y carretera por encima del pecho.
como tu adiós,
como tu firme hasta luego, que nunca
supo a beso.


como tus uñas,
como tus manos fantasmas por detrás del espejo,
tu sana inclinación a no echar
nada de menos.
cañas y barcos buscando entre la sal, un marinero.


como un haz,
como guerrero apático que va perdiendo el pelo,
como pájaro alérgico al aire,
como hombre de papel que no puede
sujetar su cuerpo.


vagabundo desorientado por el valle profundo del afecto,
escalador de musas,
señor de las cimas más altas y claras
del tedio.
acércate,
que no te veo.


como la tela mágica
que hace de tu voz, un aguacero.
como dios abatido frente a mí

todavía cayendo
y aún,
sin tocar el suelo.


buceador hinchado por tragos solidarios,
por lechos abonados,

por sufrimientos paganos,
por un temor de abril incontrolado.
como león castrado,
como espuma que entra por la carne de un pez abrumado.


como imposible
mío.


como boca que sabe taponar derrotas.
como el frasco que guarda las uvas rotas.
como pupila entrando en la bañera,
como tus yemas

hundidas en la tela o en las piernas.
muñeco que agarra por la cola a las sirenas.
alumno de fiebre fingida
cuando te mira de frente o te hace muecas
la vida.

como tronco áspero,
como el cuello del deseo al soltarlo de golpe en el granero.
como la mano que te presto, posada en tu temblor hasta vencerlo.
como el césped negro,
como un corazón ciego,
el mío.
como tus párpados
que nombran las cosas y logran que estén,
sin saberlo.
acércate,

que yo también
lo siento.

martes, 9 de mayo de 2017

un mal tipo

lo harías astillas,
con la misma fuerza que lo construiste un día.
lo borrarías
lo destruirías
lo arrasarías.
lo empujarías desde la repisa al suelo,
recogerías los pedazos uno a uno
asegurándote de tirarlos.


lo dejarías sin llaves,
lo pondrías en una bolsa negra y en un cuarto atestado de fieras.
lo injertarías en una maceta, sin agujeros, sin tierra,
sobre la superficie solar
y que allí,
ardiera.


porque
no es bueno todo lo que es libre,
ni puro todo lo que es salvaje,
ni bello
lo que nace con belleza de una madre.


preguntas
si vas a perder la cabeza,
si verás rodar tu alma en la escalera,
si vivirás de pan congelado, de veletas
cuando no te quede ni un ahorro en la cuenta.
no hay respuesta.


lo golpearías
lo arañarías
lo extinguirías
lo ahorcarías con la cuerda de un cometa,
lo quemarías, también a sus proezas.
porque
no es digno
de las vidas que se lleva.


lo reconoces
por el dolor en el pecho que las olas no cierran,
por ese cráter sumergido que cubre tu chaqueta,
por ese hundimiento de altura,
por la destrucción de lo tuyo
de lo íntimo
de la buena fe que pusiste para que existiera.


lo condenarías al diente de las orcas,
a cadena perpetua.
lo encerrarías
lo anularías
lo vaciarías por las deudas contraídas,
por ese miedo podrido que ha cubierto de resina caliente lo vivido.
por tantas cenas de estiércol con el cuchillo en vilo,
por el veneno molido
usado y masticado,
por el destrozo causado al estirar los nervios dañados.


al final,
se fue el aire que ocupaban las rosas,
el suave movimiento,
las alas en las hojas,
la mano compañera aguantando la espuma dolorosa.
no está

ese leve calor del alimento en la boca.
y parece mentira
que alguna vez llegase puntual la risa,
y se fijase en ti
y se posase sin prisa.


a veces, antes del mar
el agua dulce encuentra un muro que doblar,
un tipo de amor
que arrancar.




 

miércoles, 3 de mayo de 2017

pasatiempo

detrás de tu odio,
esa profunda tristeza,
ese orgasmo cortado, la pólvora húmeda,
la cáscara de leche,
la munición sin estrenar del atleta.
y un desierto mágico,
un páramo de hierros con las puntas del pelo al sol
y medio abiertas.


detrás de tu odio
se agolpan tus pecados,
tus otros embarazos,
tu vida mutilada por todos los errores que cometes despierta.


y todo mancha,
manchan las pieles frescas,
mancha tu obligación de huir de la miseria,
macha tu deslucida acción,
manchas de calamar gigante y tinta negra.

detrás,
está la masa de la escultura helena,
la tiza en la pizarra,
la ingeniera ambulante por las salas.
y otro amanecer en el mismo cuarto sentada
lejos del horizonte,
de la luz naranja.
detrás,

está tu cárcel de esperanza,
tu tumba junto al mar
frente a un ordenador lleno de marcas.

eres el cuerpo que no puede
fecundar calma.

porque detrás de tu odio
tienes un alfiler en tu espalda,
una avalancha de fieras,
un fuerte olor a plasma,
un enjambre de rostros que no han de darte tregua ni reposo.
y entre ellos,

el tuyo.

el tuyo que colocas frente al espejo
y obligas a quedarse quieto.
que no miras ni acaricias
que sabes contraído, tímido,
atractivo con límites y un pensador fallido.

pones tu ojo
sobre una arruga, un pliegue del párpado,

una clara irritación de la pupila,
una posible verruga, un colmillo desgastado,
o una grieta en el labio que levemente supura.
al final
la suerte
no fue tuya.


detrás de tu odio,
está la abeja reina que agoniza,
la guerrera de plumas,
la loba hinchada y la presa fría,
ese espíritu errante
que conserva sus huesos de reliquia.
has visto otras
pero nunca tu cara
bajo una luz derretida y mustia.

sientes que
cuando todo sentimiento sea un pasatiempo de ida,
él no podrá volver como volvía,
tú no le escogerías,
aunque pase este odio,

y lo pida la vida
de rodillas.




jueves, 27 de abril de 2017

no es un lugar

aquí
hay espinas a las que les salen rosas y se incomodan,
rosas que acaban arrancadas
porque las propias espinas las devoran.
hay jardines enteros
de amapolas.


el tiempo es frío
como el papel de plata arrugado en el cesto de la ropa,
asido entre dos olas hasta ser una bola.
la vida es indigesta,
como una lava dura

o una arena cruda.

aquí
las agujas se mueven locas,
están sobre la nuez del que seca sus sobras sobre un cartón de vino y a la sombra,
del que huele a corral de rutina,
del que sabe que sus hijos, le ignoran.
aquí
de nada sirve escupir al reloj ni limpiarse las botas.


no corras, y dile que le odias,
pero quítate el cuchillo de la boca
o pensará que aún le quieres
que estás turbada
o que le adoras.


en el parque
hay borrachos con móviles que hablan en español con Roma,
con París, con Dublín,
con pasarelas de moda.
hay colgantes de lana en las ramas que están siempre sin hojas,
hay lilas, lo sé,
pero son de otra.


aquí
no hay forma de aislar las penas,
las emociones se sientan a la mesa,
el mejor y el peor momento, se mezclan.

durante el día
sale de los labios una lágrima,
del estómago un grito,
y la saliva que tragas, sale de la mirada.

cuándo alguien
quiere saber qué te pasa,
nunca aciertas a decir nada y les cuentas
tu vida inventada.

no corras, y bórrate la tinta de la cara,
vas a quitar la piedra de la almohada o no lograrás dormir en esta cama,
nadie
cambió las sábanas.
aquí
no hay noches
pero hay lámparas oscuras,

polillas con reproches,
animales nocturnos que tienen sueños torpes.
y hay campos

cultivados por él,
abonados por él,
vigilados por él.
por eso mañana vas a salir de aquí sin recoger tus cosas
fingiendo que estás loca,
o pensará que aún le quieres
que aún sigue siendo la espina

que devora
la rosa.

jueves, 20 de abril de 2017

antigüedades

no sé cuándo supe
que no volverías.
siempre eres lo que no regresa
lo que llama pero no se presenta.
siempre lo que se escapa
goteando entre las conchas,
filtrándose
por las alcantarillas de un sueño amoratado y escaso,
por los grifos del cuerpo
que aún

no he cerrado.

la balanza de la cama se inclina hacia el lado que duermo.
no hay más,
salvo el amor calcinado que encontré muerto hace años.
siempre creo que hay un futuro juntos
pero escondido y herido,
que no sanará nunca.
siempre queda un farolillo rojo al final del pasillo,
un niño que me llama
con otro nombre, no el mío.
un gorrión que me agarra en la pelea
que me aparta el pelo de la cara
y me limpia con agua
y me dice que es tarde,
que es la hora, mamá, de regresar a casa y del desarme.


como otras veces
pongo en marcha una vieja quimera

y al pasado lo callo echando tierra.
eres un cuento falso,
como todos los cuentos que me han contado.
eres la esperanza de trapo,
el sol en el fango,
eres el gladiador que en todos mis finales
quiere ser devorado.


el día se mueve en un espacio
donde quedan estrellas
pero como no estás, no quiero verlas.
qué absurda melodía me haces bailar contigo
sin prestarme tu abrigo.


no sé cuándo fue
la última vez que nos vimos,
y ahora,
bajo el efecto del té consumido
ya no recuerdo
si esa vez, hablamos o nos quisimos.
vivir es olvidar de forma voluntaria
lo que nos hizo daño
y lo que perdimos.


si veo por la calle a la derrota,
la ignoro,
no quiero que venga a saludarme,
cuando tú no estás, no estoy para ella ni para nadie.
es un mal momento para encuentros,
mucha debilidad calándome los huesos
y demasiada humedad
en un cuarto sin luz y tan pequeño.


no soy un colibrí de piedra,
me duele el corazón cuando te llevo
cuando te mueves dentro,
cuando la suerte se hunde a una profundidad
que yo no llego.


ya no regresarás,
pero sí escribo que no te espero,
miento.
hoy sé quitarme estas ganas anudadas
el anillo blanco
y el sabor largo del verano,
quiero perder el lastre de tus átomos.
pero no sé dónde dejé el pan cortado
y esta mesa está llena de migas deshechas.
a veces,
levanto la tirita
y toco la costra como una niña,
a veces, no me atrevo
y la pego de nuevo.


hay un momento
en que todas las cosas empiezan a mecerse
y caes sobre mi ropa,
y yo me deshago de ti lentamente,
porque sé que no estás
porque sé que son
sólo
antiguas motas.





 



martes, 4 de abril de 2017

intentos

era la bendición de la pausa,
el cuerpo que a gritos en el acantilado no podía explicarte nada,
el viento cargado de piedras finas que azotaban.
debajo
las olas columpiando sirenas sobre una barca atestada,
las olas querían comer
y tú eras carne sufrida pero carne blanda.
después

el mar se para
y te mece tranquilo por el suelo de casa.


qué casa
qué mar
qué cuerpo
hoy has reventado tus principios en una sola mañana.
fue fácil y negro,
a las niñas inocentes también les crecen las garras,
los colmillos de metal,
las espinas gruesas bajo la crema hidratante y el gel de ducha en botella blanca.


tal vez
exista un nocivo destino
una especie de suerte invertida que nace en las zonas grises
en los puntos ciegos de la calzada,

existe
como existen las injusticias y las desgracias
a las que luego la historia quiere limpiar con lejía las pisadas.


aún piensas
en tus sueños vírgenes.
te importan
las estrellas maltratadas que van hacia el suicidio sin cambiar de galaxia,
las bocas cementadas sin carmín ni palabras
con una mano que siempre las tapa.
te importa
porque conoces
la falta de valor de quien no puede salir de la jaula,
las debilidades, la frustración que bloquea una vida entera,
la flor enmohecida en el agua podrida que antes fue color y olor en tierra amiga.


hay débiles esfuerzos que cuestan a sus dueños grandes hazañas,
los años pasan
los dueños mueren
y no han logrado el viaje anhelado a la cumbre nevada del Himalaya,
no han cruzado el Egeo,
no han besado los párpados que amaban.
es así,
no debería serlo
pero lo será, y el mundo se aguantará las ganas.


tú tampoco
vas a cambiar nada,
los árboles no crecen sin estirar las ramas,
los pájaros no vuelan sin alas.
quizás
algo cambió pero tú no estabas
no estabas conectada.
es la enfermedad del siglo,
las modas circulan por la red como polen buscando un pulmón con asma,
y todas las excusas
acaban por explotar en la cara.


es tu hora de comer
es tu hora de acariciar la orquídea mustia que parece cada día más cansada,
ella tampoco se entera.
ha llegado la primavera
y no se da cuenta.


hoy has reventado tus principios en una sola mañana,
pides perdón y pides la bendición
de hacer una pausa.
lo intentaste
y lo intentas cada vez con menos fuerza.
no crees que el mar que golpea
haga de ti un águila tranquila que espere su momento con paciencia,
una rapaz segura y solitaria de mirada afilada
que no busca tocar la cima

sólo
habitar la montaña.

jueves, 30 de marzo de 2017

como todos y todas

pisas el hematoma,
la mancha que proyecta tu pelo oscurecido de repente,
esos gestos tuyos
recientes
que insultan la elegancia de las normas,
que detestan
la pubertad de las formas.
te sientas con demencia y platicas con la anciana que mece medio cuerpo y su cigarro
en la fachada.
la tarde se hace vieja, como todos y todas.


ocurre en las horas más largas,
entre las once y las dos de la mañana
entre las tres y las seis, de madrugada,
cuando los gorriones cantan o duermen como plácidas larvas.

sacas a pasear con correa tus penas y las dejas sueltas para calmar necesidades y tristezas,

vas con tu bolsa negra de plástico en la cartera
y recoges excrementos o maleza,
lo que deje sobre el suelo
la pereza.


tu futuro tiene el vientre plano del calendario.
estás helada de estío,
doblada de golpe por el frío.
qué duros te deja los tendones ese cuarto vacío.
te sacudes el deshielo y tu nieve se junta con el humo de la anciana
que regresa a la ventana.
aquello
es algo que adoras,
es la imagen de un museo callejero,
es arte usado,
un cuadro con el marco torcido en tonos claros,
o sólo
un papel que anuncia cuentos sujeto con un alfiler al cemento.


aplastas la hierba,
levantas la tierra, escarbas con fuerza,
buscas una libertad que ya no crece en cualquier parte como antes.
te paras junto a una farola que luce sola
parece el único fuego de una cocina donde se cuecen heridas.
para ajustar tu ropa
paras frente a un vidrio que te devuelve una a una y lentas tus noches rotas.
te quedas un minuto atrapada en la tienda de mascotas
protegida en su interior apagado y sin abrir la boca.
te quedas el tiempo justo para notar
que no lo has conseguido,
el tren se ha ido
sin él y contigo.


ya no concedes entrevistas a la muerte
ahora mides los riesgos
y los miedos.
ahora cambias continuamente de rumbo y si puedes
de recuerdos.
la mujer de la fachada suspira por amor mientras hecha la ceniza en la baranda,
y tú utilizas su nombre
para llamarla.


desde arriba
dice que ni viuda ni jubilada, ni virgen ni casada.
se toca la melena que no está
pero estaba,
sacude la bata, caen flores cortadas de lata,
óvulos secos que murieron dentro de su cuerpo,
colillas todavía encendidas,
granos de sal que ya no puede echar en la comida.
la agita como un mantel, una sábana,
esa prenda que lleva puesta como una capa.
después se tira.
reaparece en el portal
y es una niña.
te dice que son trucos para reírse un rato de la vida.


cuando te vas,
te permites a veces un chaparrón de angustia,
te concedes un punto de sutura,
algún viaje huérfana de maletas, sin torres de defensa.
porque al final,
otras tardes se harán viejas.
habrá fachadas,
cigarros que iluminan las ventanas,
ancianas que se asoman,
niñas que cruzan los portales a deshora y que curan a mujeres

que caminan solas,
como todos y todas.





martes, 21 de marzo de 2017

el envase

has terminado de beber,
ahora queda el gota a gota de la sociedad que mancha,
la soledad voluntaria,
el enorme pecado de ser yerma y mansa.


la uña nerviosa rompe la botella de agua
rasca el pegamento
araña el hueso masticable del invierno.
vives ¿verdad?
vives aunque lo hagas sin despegar los ojos del vagón de cola del infierno,
aunque conozcas el tramo curvo,
el trazo oscuro,
la mala hierba que cubre tus cenas.


raspas el envase
viendo tus pies al fondo desenfocados y estables,
hundidos en la maleza que imaginas
debe de inundar la acera.
vives ¿verdad?
a pesar de las púas que hay en los lóbulos grises del cerebro,
a pesar de la fuerza con que sopla el temor cuando logra tocar tu corazón por dentro.


suena un quejido de plástico,
un crujido dúctil a tu lado

una voz y un dolor ajeno pero grabado en tu brazo,
un no como una palabra hostil de dos letras simples a tres espacios.


vives ¿verdad?
aunque huelas a sed, a romero seco,
a duda machacada en el mortero.
aunque acabes en el lavabo de un bar frente a un mínimo espejo
mirando a quien te mira
que dice que eres tú
y tú, su reflejo.


tus dedos
se van deformando como ciudades descuidadas sobre las teclas negras,
como humo blanco en chimeneas viejas,
como varas de incienso en el rincón de las plegarias, de las reservas.
tus tímidas prolongaciones
son tristes pinceles cuando tú quieres dibujar y ellos
no pueden.

vives ¿verdad?
vives aunque no te des cuenta del recipiente que maleas,
de que la gente regresa a las siete con carteras llenas
de horarios, de hipotecas,
de guiones, de trofeos, de nuevos seguidores,
de pétalos escondidos en latas de cerveza.


rascas,
de tu rostro cae una mueca
cuando tocas sin querer el pasado en aquella habitación deshecha.
levantas el recipiente,
sacudes el ídolo que veneras, que compras por unos céntimos en las tiendas.
le dices
que odias los deberías acentuados,
las obligaciones púdicas, los verdugos reales o imaginarios,
que odias al cuervo blanco que anida en tu pelo cano
y al que todavía, no crees

haber perdonado.

le dices
que no somos libres
nos atan los pagos, nos ata lo que negamos y lo que mascamos,
nos atan los abrazos.

hablas de un pájaro rojo
de un picotazo,
de una arcada al despuntar la mañana
de ese punto velado del ser humano cuando está solo en la barca o al alba,
de las ganas de apurar el vaso,
de no dejar que el volcán estalle antes del último fado.


dices
que el miedo florece en primavera
en las noches de estrellas,
que tienes las uñas cansadas, peladas
pero que a veces vivir

es arrancar la etiqueta
y contemplar vacía la botella.


lunes, 6 de marzo de 2017

relato de mañana

lo sabes,
te costará levantarte,
tus pies hechos cenizas,
y tu cuerpo
tu cuerpo de barro saliendo de la cama apurado.
los pulmones secos
con una flema de susto en el lado izquierdo,
en el costado del bazo y de la lanza,
en el flanco donde se agolpan como cadáveres
los momentos silenciosos
los enanos de pies grandes,
los que pisan las uvas del corazón
dejando la membrana cardiaca vacía, y llena a la vez
de luz oprimida.


tienes miedo de tumbarte en la cama,
hoy rajaste tu garganta con granos de avena
y sientes que al tragar
se dilata un dolor que abre de norte a sur una caverna,
dentro
haces una proeza anónima con una destreza inútil
que es una torpeza más
convertida en tristeza,
una pena profunda por decreto, tan serena y discreta.
¿qué hacer con tu cuerpo tumbado a la deriva entre las sábanas?
vagar

vagar por la sombra de los sueños
sin atreverte a tocarlos ni a despertarlos.
morar en el onírico vacío de quien sostiene un futuro crudo de huesos,
destruir los muebles,
ver el amor de lejos.


¿dónde por amor de dios poner el pecho?

no quieres acostarte,
no quieres que se acueste,
no quieres la negritud inerte.
pero ya una calma viscosa ha conquistado el cuarto donde escribes a deshoras,
la casa está apagada,
dos respiraciones suenan y te dicen, que no estás sola.
no quieres dormir por si aparece la mujer,
y sin saber que decirte
te mira,
te coloca el pelo con la mano fría
y casi, te acaricia.
te mira y tú la miras de reojo con una calma fingida,
hasta que ella llora,
y empieza a expulsar copas, gorriones, sables y botas,
pálidas estrellas,
muñecas con el cordón umbilical entre las piernas,
matrículas de honor y viajes de trabajo al umbral de las guerras.
y tú congelada
haciéndote la muerta,
sin poder abrazarla,
sin saber
consolarla.


te costará levantarte
cuando el despertador te de la voz de alarma,
la niña a la escuela,
tal vez ella
tal vez ella
tal vez conquiste la igualdad y le corte las rejas.
lo sabes,
tú caíste en la batalla la primera,
destrozando tus tejas como un techo que cede a la tormenta.
hoy

tu mente es un nido de algas blandas,
tu voluntad se quema en la negra llama del mañana,
pero por amor al sol ¡despierta ya! eres la dama de los ojos de nácar,
saca del cajón las podridas cartas, la ropa sudada,
la fauna dibujada,
la carne que atraparon las lianas,
y sé el terco roedor
que muerde hasta escupir
su última lágrima.

 

martes, 21 de febrero de 2017

vida como título

es desnutrición
es gula
es impotencia
es hipertensión
es la claridad con que alguien mira la oscuridad de cerca,
es el desencanto de las horas baratas,
la mofa de las máscaras con rasgos carnales y reales,
es la mano que recibe tus dones y los aprieta
y no los recuperas.
es la hinchazón del vientre,
duro como una piedra
gestando la masacre natural de la semilla que prefiere no pisar tierra,
es el cuerpo anclado

y a la espera,
en guardia
hasta que la sangre ceda.


es la visión de los cartones viejos en las plazas,
empapados por las lluvias,
deshechos en lágrimas.
es el estiércol amontonado en las instituciones,
en los antiguos sillones,
son los sucios armarios c
on trajes impecables obscenamente caros y creados
para ser olvidados.

es la necesidad de hacer algo
y es la cruda realidad del desengaño.
es el sabio maltratado
escribiendo en vano en un pútrido cuarto del extrarradio.
es la mujer
que acude al comedor social
que posa al salir su mirada en el hombre que ama
casado desde hace años, con tres hijos y él triste como un drama.


es la fortuna encerrada en brillantes cloacas,
la suma de fatuas alhajas, el hedor que emiten sobre sus pieles blancas.
es el dolor que ocultan las noticias
y la alegría que manipulan para que sólo descansen las víboras.
es la Antártida
y es el océano en silencio rompiendo su corazón blanco en bloques de cemento,
es la falta de un manual para ser un animal digno de esperanza.


la vida acaba siendo
una sonrisa floja descolgada entre los dientes, que no convence,
muchos días de espuma mutilados en las rocas, que no comprendes.
la vida,
es la rana con miedo al agua al borde del estanque que cree será gaviota, si logra

dar un paso más hacia adelante.
es también y
sobre todo
una palabra hermosa,
y a veces

parece
que con eso
sobra.


domingo, 19 de febrero de 2017

Cuarenta y siete escalones


He llegado a la edad de las mentiras. Ya no subo las escaleras sin contar los peldaños, y frente a la puerta, hurgo en el bolso con el pecho acelerado y las piernas deshechas. Saco las llaves, me digo que hay más escalones que ayer, y logro desacelerar la mente y reducir la presión del corazón oprimido. He regresado sin verte, por eso fuerzo la cerradura que no cede, fuerzo un poco más, una última vez, empujo hasta el final, no cede. Leo el letrero metálico bajo la bombilla, bordado con una grieta que es como una cicatriz del alma que sin derramar una gota de vida, sigue abierta. Estoy equivocada, aún faltan cuarenta y siete escalones para alcanzar su casa.
 
Dos plantas más arriba vivo desde hace trece años un amor agotado. Ese amor consumido tuvo un amanecer corto, duró doce horas hasta que se mutiló por completo y le estalló la tormenta. Con aquel cielo negro, no vi su ocaso, pero oí como aquella pasión que alumbró una vez el mundo, se ahogaba en la línea del horizonte y no quise hacer nada, moría, pero yo ya estaba cansada. No vi el crepúsculo largo y doloroso porque aquella frecuencia de onda no la entendían mis ojos, pero me desgarró la combustión de la rotura violenta de los enlaces, detrás de aquella fisión quedó abrasada la hierba fresca de una relación acabada, la tierra se hizo yerma y el duende agonizó en todos los rincones de su casa en la planta cuarta.
 
Hoy ese amor moribundo, sigue moribundo en una noche luenga y mansa, es un viejo cachorro famélico y asustado, manido por los huesos negros de las horas que pasamos juntos, y por todos los tipos de hambre que pueden sentir los dedos.
 
Hoy todo continúa por el bien de las heridas. Yo dejo que vayan creciendo los hierros en la cama y duermo agarrada a las rejas, en una cárcel que ocupa la mitad del lecho. Lo que no sé es si él, descansa en otra celda. Le oigo respirar, darse la vuelta, toser e intentar escupir alguna flema. Le oigo pero yo ya no me muevo, sólo abro los ojos en la oscuridad de repente, como quien siente posarse en el hombro una tristeza que viene a verte. Y, a veces, vienes tú, sin forma por mis sueños, y eres un pinchazo en el pulmón que casi lo revienta. Y la vida de ayer sigue mañana, tuve con él un hijo, no recuerdo bien si antes o después de la tormenta.
 
Ésta sí es la puerta. Dos vueltas a la llave, y suena el clic que da acceso a la fábrica desierta, entro con pasaporte caducado y cruzo torpemente la frontera. Ya no me aceptan los muebles, mis cosas yacen mustias entre tanta maleza. Siento el picor en el pelo, la piel seca, la miel de los ojos derretida y seca, los pies hinchados, el pantalón manchado en las rodillas y el bajo desgarrado, los zapatos planos que aprietan. Tengo apenas diez minutos para pelar las verduras y triturar cualquier deseo antes de poner la mesa. He regresado sin verte, y siempre es la misma mano la que tiembla y mece.
 
He salido porque sé que nunca coincidiremos en la cola del paro, ni en ningún contenedor de reciclaje del barrio; sé que no frecuentas el lugar donde soportan la tempestad los náufragos del sistema. Te he esperado en vano sentada en el banco, víctima de la debilidad del ser humano, y te he esperado en el café donde paso las tardes tumbando a golpes un futuro prometedor y brillante. Por eso, he salido a buscarte, y porque una vez, pasó un pájaro azul por tu semblante cuando tuve el valor de acercarme.
 
Como he llegado a la edad de las mentiras, me repito que por muy honda que tenga la astilla, puedo engañar al reloj y bajar los escalones a toda prisa.
 

viernes, 10 de febrero de 2017

afilador

porque
no lo haces,
ella no soporta el roce,
la mano a contrapelo por alguno de sus miembros,
el tacto masculino del vampiro que da vueltas a la celda,
el alba negra
donde un espíritu de entrañas rojas y extrañas intenciones
de capa agitada y manchada
la contempla.


porque
a veces ella
se recuesta.


hoy será un sólo dedo en uno de sus dientes,
mañana un espacio cerrado compartido y un extraño
los que muestren
el camino hacia el descuido
hacia la represión
hacia el ridículo
hacia el orgasmo frío.
el presente se pudre en cuando deja de serlo,
pero ella recoge y guarda
las cenizas de los tiempos muertos
porque cree
en la resurrección de los momentos,

en la reconstrucción de los cielos,
en que los sueños quemados salgan ilesos.

cree
en la restitución de los ocasos
en la reposición del pecho tibio y del calostro temprano.


a veces
ella se encierra,
entra en el ascensor averiado del piso bajo,
al oxígeno viciado sin pastos,
con el botón de alarma y sin valor para pulsarlo.
nunca imaginó
que el silencio real fuese tan largo y amargo
tan pérfido y áspero para el ser humano.
no pensó
en las graves consecuencias para el cuerpo
para el corazón de cuerda
para el aliento
para los intestinos frágiles del tiempo.


a veces ella
se congela
en el mejor momento de las horas lectivas,
cuando el dinero llena de tensión las oficinas
los comercios, las salas de espera
las desconfiadas mirillas,
cuando cargan y descargan en el portal de enfrente
fallidas vidas.

a veces
cuenta piezas de fruta dura,
las reza
las contempla en la fuente azul portuguesa
y repasa
una lista de absurdos inclinada en la mesa.
mira la agenda
la semana vacía y los días restantes, casi sobrantes.
mira al hámster en la rueda.


porque
ya no lo haces,
ella descose el ajuar, desata las cuerdas,
hace trapos del polvo de una luz flaca y esas sombras del hoy

debilitadas.
a veces,
se cubre entera de nostalgia
a veces,
de magia blanca
otras se destapa

y sale al balcón para sentir el hueco donde estaban sus alas.
a veces
grita condensando la nata pero en calma,
porque ella
como un lápiz que afilas
también
se gasta.



viernes, 27 de enero de 2017

dieta de posibles

vas a herirme
con el azul y el verde sujetado
con las raspas del pescado que acaricia la llama
la bandera blanca.
vas a inclinar el pico de tu pala
y tu cuchillo
hasta apoyar el filo brillante en el arco gris de mi mirada
allí,
donde la miel se derrama.


puede que falles,
entonces dejarás los guantes
sobre el cobre de algún corazón roto,
que esta vez
está vivo.


vas a sacar del delantal
el tapón de la botella descorchada,
lo harás entre amenazas
y yo te miraré
sin saber por qué callas.
vas a contar las hormigas
que suben por mi vientre,
contarás
y ellas hambrientas de obras y palabras
dejarán el bocado que les distes
para esconderse en los pliegues de mi ombligo hundido.


puede que aciertes,
y un amor sin gestos ni ojos
dormirá en el óvalo de todas las musas que embisto.

o puede
que vuelva la alergia a las sábanas prestadas
y entonces
tendré los órganos hinchados
el cuerpo lloroso
las ideas con asma.
delante de mí,
las cosas serán viejas prematuras que no acertarán

a meter la llave en tu cerradura.
detrás de mí,
sirenas de largos cabellos y labios carnosos
esperaran su turno en la pescadería,

cavarán su venganza,
y en el mostrador de cristal entre escamas,
la sepultura.

vas a mentir
y lo harás con el dulce sabor de la fruta escarchada,
mientras yo sólo veo
el color del papel que te envuelve,
el destello en la membrana.
vas a montar
como otras veces,
un teatro sin focos ni asientos,
un escenario donde flotan seres planos
de formas trasparentes
que aman la imagen del espejo en silencio.

lo sé
lo sabemos,
entre nosotros hay siempre un molesto ruido de fondo,
un martillazo en el suelo

toques en el pecho
una tormenta en la grieta del tímpano que tiembla.
siempre la goma tensa
vibrando
perdiendo el equilibrio con la lengua

la boca abierta.
siempre pidiendo deseos
que no llegan.


y puede que no me hieras,
que no inclines el filo
que no mientas
que no haya escenas ni escamas
que no vuelva la alergia a ver el amor de cerca.
puede que no,
que yo,
cansada de emitir en baja frecuencia
o hastiada del tiempo traspirado
del moribundo
del pecado y la moqueta
de la altura de las sombras que proyectas,
del frío que se siente sin cielo en la azotea,
o de mí,
no produzca ni una pluma más
y el agua
que me seca
por fin
se detenga.



martes, 17 de enero de 2017

logras que

no era fácil
tampoco difícil,
no era.
y lo has logrado
porque no era
ni tuyo ni de nadie,
ni asta ni ala,
ni remo ni ancla.


ha sido necesario
esperar otro enero,
deshojarlo
destriparlo
disecarlo.
poner al sol helado el cuero arrancado,
teñirlo de impaciencia,
curtirlo en otras manos,
diez uñas pintadas
en la tienda china de la esquina.
tú sabes
de qué hablo,
yo sé
de quién hablo.


aún así
lo has logrado.
y ahora
bajas bien los peldaños,
dejas pasar el tiempo,
tienes lleno
de propinas el cuenco.
ahora
quedan detrás las bocas,
esas otras cosas
que a un ser humano mundano
que a todos y a nadie
nos agrietan la carne,
nos revuelven la sangre
nos oscurecen la cara,
que inyectan un tipo de savia, propio
de la rabia.


pensándolo
aquí y así,
no era fácil,
porque
no hace mucho
eras la huella que rompía la acera,
marcabas los muros con letra pequeña.
eras el músculo
que creía eternas sus fuerzas.
creías
que las sombras
pasarían de largo,
pero las sombras quedan
y las fuerzas
cesan.


toca crecer
bajo un cielo apagado,
palparnos el cuerpo,
acostumbrarnos.
cruzarnos
por calles inocentes
sin rozarnos.
yo aliviando la culpa
de no tener el valor
para lograrlo.
se trata del olvido más simple
de vivir separados
de todo lo que no soy
por no estar a mi lado.


no era fácil
pero tú,
lo has logrado.
quedan las mismas moscas
lamiendo
la grasa del plato.
el mismo marco del cuadro
la mariposa
el alfiler,
la cena puesta.

el precipicio del ruido
y el código d
el mundo
donde no somos

pero sí existimos.
quedan
los ajos colgando en la despensa,
la vejez que apremia.
queda
una cosa que no logras,
una cosa,

y no vas a saberla.




miércoles, 11 de enero de 2017

continuaciones

es la continuación
y falta
el mismo par de segundos de antes,
falta la mancha limpia sobre el lomo del estiércol que acaricias,
falta el faro, el alquitrán,
el dedo que aleje del puerto el barco que vigila.
falta

una sola mirada fluida
la mía,
y un almacén de quejas, de tuercas, de afonías.
falta borrar la carga, las despedidas ácidas, todas fingidas.
falta un columpio
falta mecernos sobre la cobardía

en puertas de embarque
en líneas de salida,
mecernos sobre las huellas vertidas en estaciones de metro vacías.


la segunda vez
te dije que te quedaras,
la primera
no dije nada


faltan
destellos de oscuridad en esa claridad carbón de la avenida,
falta el reflejo del afecto inesperado
el ojo que golpea
la mano que calienta
la boca que pinta los párpados con esencias.
falta
beber el ungüento del único ángel sin cuerpo,
encontrar al ermitaño,
a la viajera experta que sepa suavizar el hedor del engaño,
que sepa calmar la sed de la manada,

la hinchazón de los ganglios, el pus de la ventana,
que sepa controlar el sudor que empapa las piernas ligadas.


la tercera vez
te dije que te marcharas,
la segunda
que te quedaras.


y falta
una pomada en las tardes que vienen con su aguja clavada.
no hay soga,
y sin embargo me paro
sin darme cuenta que la correa está suelta.
me levanto
me distraigo
me enciendo
me calmo
me atraganto,
nombro las cosas rotas que escondo entre la ropa,
oigo el murmullo del nodo
y creo
ver la luna en el fondo.


faltarán siempre
dos puntos importantes para decirlo todo,
para lamer el lodo
para escapar desnudos por el barrio hasta alcanzar la puerta del teatro,
allí,
se abre el telón
y entramos nosotros,
sin público
sin aplausos
sin ganas de amarnos.


conozco el aliento de la cuchilla
la nuca fría,
no hay sangre ni daño, sólo un falso presagio.
conozco la poca solvencia que hoy tienen mis pechos,
el escaso valor de los abrazos hechos.
nos olemos,
nos ladramos
nos queremos curar ambos del pasado.
son los restos de verdura lo que vamos pisando.


faltan
acentos para entender qué ocurría si cruzásemos flujos
si vibrásemos juntos
si quedásemos en sombra ente los juncos.
qué se pudra el amor sin recursos.


la próxima vez
te diré que me esperes,
que estoy a punto de llegar,
que quiero verte
y después,

volveré a perderte.