mejorlavidasimple

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miércoles, 21 de diciembre de 2016

querencia

quiero
la serenidad del silencio
una estrella sin puntas sobre el cuerpo
la levedad del humo vagabundo y mudo
la coma breve al final de un párrafo absurdo


quiero
la calma del adiós que hoy repito sin ti y todavía en mis brazos
la mirada del águila que persigue al dolor para atraparlo
para dejarlo caer
por la pared
por el barranco


quiero
el dulce placer del alma atormentada que deja de estarlo
el suave olfato del ciervo que despierta grávido
la aleta del pez que sacude el mar para hundir los barcos


quiero
lo que quieren
aquellos que sin poder cantar
siguen bailando


quiero
el gorrión posado en el armario
el viento que levanta la víscera que se iba ahogando
la textura del aceite sobre el pan blando
la aceptación del fin
la caída simple de quien sabe que el error es la parte más vista de un humano


quiero
un eje de rotación que no me haga pensar que estoy girando
la capacidad de entrar como una aguja fina en el tejido grueso de los años,
quiero
el tenue olvido de quien no pretende que le hagan caso,
la espuma cubriendo el baño
lavar mi sombra para verla pasar del negro al blanco


quiero
del amor lo que no se logra,
y de la vida
lo que menos importa,
la regla de este juego es

no temer la derrota.

quiero
una armadura con forma de mujer
ser caballo que salta el muro quemado y el ocaso,
cavar en la tierra un pequeño agujero con las manos
y coser las redes, sentada frente al mar
sin hablar a las olas y al mismo tiempo, hablando.


quiero
rescatar la flor del vaso
protegerla en mi abrigo

darle el calor húmedo que le daría un gorila inmerso en su nido,
quiero
que el frío venga, y lo haga descalzo
que el miedo se lleve lejos mi maleta y mis pecados
que un color templado tono hierba se imponga al gris enfermo del asfalto,
quiero
que tus ojos
tus dos ojos
desaparezcan,
porque quiero
querer
como quieren todos.










jueves, 15 de diciembre de 2016

ustedes tienen razón

¿conocen a esta mujer?
¿les suena

su rabia domada que saca con correa a pasear por su casa,
les suena su cintura gastada que acentúa su desgana?
¿les suena su pecho
su ombligo invertido
su pelo liso que estira la gravedad al infinito,
su ojera de arena
su arteria de fresa acelerada quemando el motor en las cuestas?
¿les suena
su falta de gracia en la cama,
su incapacidad de vestirse como una dama o como una joven
que cree en la revolución de las masas?
¿les suena?
parece una mujer cualquiera, y seguramente
ustedes tienen razón
y lo sea.


¿han visto alguna vez a esta mujer,
sus modos combinados entre ave de paso y pescado?
¿la han visto alguna vez en un semáforo
en una calle del centro acalorada
en algún café vomitando presente y pasado mojando la mirada?
¿les suena
haber visto en la acera una mancha de azúcar negra
una falsa quimera indigesta
la luna llena de ayer rígida y fresca
algún trozo del duelo de un corazón sin defensas?
quizás
les suene haberla conocido o haber oído
pero nada saben ni aunque la hubieran visto,
nada sobre su vida
nada sobre sus lilas
nada sobre su herida.
no es conocida, o tal vez una vez, al nacer prematura y oliva,
o tal vez, dos
cuando dejó plantada a la fortuna por una doble locura,
pero ella sabe
que no lo fue nunca.


¿les suena?
hay una pareja de cuervos que han venido desde lejos con sus crías a anidarle dentro,
y no la encuentran
ella salió
dejó la puerta abierta, las tijeras sin tocar encima de la mesa
la manta del sofá deshecha
las flores colocadas en el jarrón de cristal todas derechas,
la marca de sus dedos de tinta en la cortina gris de lino vieja.
¿conocen a esta mujer?
¿la han visto alguna vez?
ella sí les recuerda,
aunque les parezca una mujer cualquiera, y seguramente
ustedes tengan razón
y lo sea.





jueves, 8 de diciembre de 2016

tres palabras

dime tres palabras que no puedan negarse
como lluvia
como agua
como sangre
tres palabras que retengan el aire en el interior de mi gesto lívido
como ahora
como muerte
como tarde
tres que resbalen por el techo de los muslos rectos
que dejen mi garganta seca y en silencio.
tres,
como hombre
como herida
como madre,
porque ya no tengo
la nuca recostada en la cama de sábanas planchadas
y me guía
una gaviota coja de alas casi rotas,
porque soy

la balsa que viaja de la tierra a la nada mordiendo la manzana.

dime tres palabras
que callen el temblor del momento de la boca apagada,
que paren el vuelo húmedo de las pestañas.
tres vocablos breves, comunes, imberbes,
como beso
como caldo
como aliento,
porque soy

la abeja obrera presa por la hiel de la realeza,
el rostro que cede sus ojos a un abismo que se pliega,
y pierdo la simetría en la cara,
pierdo mi cáscara

la máscara,
pierdo los únicos cielos que cortejo,
los últimos recuerdos que conservo.
dime algo, dime poco y mucho, tres palabras al uso,
como parque
como campo
como carne,
porque extiendo la placenta del vientre salino
y me veo agarrada al cordón del que como y respiro,
porque sé que hay algo extraño y sigue vivo,
porque conozco el camino
de la miga escondida en el vello púbico del azar enemigo.

dime tres palabras que encuentres tiradas en cualquier vino,
como bar
como mano
como vidrio,
y antes de que se vaya poco a poco o a toda prisa la uña roída,
dime tres palabras que no quiera cambiar por comida fría,
como calma
como mirlo
como ganas.
y después,
ya podrán venir las máquinas a arrancar los tallos del huerto,
las bestias del mercado a comerse los sueños

los dioses a romperme los huesos,
ya podrán venir
los ismos o los mismos,
no encontrarán mi sitio.
dime tres palabras antes de catar tu olvido,
como calor
como adiós
como sino,
y esta locura que hoy el mundo se fuma sin permiso,
será la ceniza más dulce
que esta mujer
de corto alcance y nulas curvas
te dedique nunca.