mejorlavidasimple

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miércoles, 26 de octubre de 2016

parpadeos

¿te has dado cuenta?
la luz parpadea,
llama la atención a tu médula
para que no ladres
para que no dejes de mirarte.
la luz parpadea lenta
cualquier corazón dejaría de latir para atenderla,
el tuyo se recluye
se queda en la trinchera
se mete en la bañera entre vasos de arena.
la tierra miente, piensas
no va a protegerte como debiera
y tal vez,
no lo merezcas.


la luz parpadea tranquila
en el rincón de tu tristeza de tu alegría de tu ira.
tus nervios
se apagan se iluminan,
la llama en la cárcel de cristal todavía agoniza.
tus células
se queman al tocar la esfera
quedan junto al cadáver seco de una mosca presa.
el brillo
está y desaparece
como una vida usada que prende.


la bombilla,
como tú,
hace dos cosas contrarias,
alumbra y se ahoga

como un sol hundido bajo el agua.
el tuyo no fue el único parto en el planeta,
billones de mujeres parieron billones de esquelas,
solas
con sus vientres
aunque el amor estuviera allí
mirando el ojo dilatado del misterio de frente,
aunque estuviera
cuando el cráter de la creación estalló
en tu cuerpo
que fue antes
lava de un volcán pariente.
en un parpadeo
dar vida
o dar muerte.
billones de memorias de historias
visibles incendiadas
billones de lámparas humanas.


nadie quiere el olvido
nadie el pan duro la carne cruda la sal derramada en su cuna,
pero el olvido
es una enfermedad corriente
es la anatomía del alma ausente.
la luz parpadea inquieta
no pienses
no digas
no comas fruta podrida
no abuses del té de ninguna huida.


¿te has dado cuenta?
el fin natural

será un parpadeo que se detenga

¿te das cuenta?
en una ciudad
sin luces que tiemblan
no quedan gorriones que crucen por amor los pasos de cebra.



lunes, 17 de octubre de 2016

contenedores

nada ha cambiado
sólo que ahora
es más difícil remar entre castaños,
pincharme con las cáscaras,
no creer en el dolor y el desgarro,
notar
el agujero negro en el dedo sin acusar a la púa por el daño.

es más difícil
que me veas reír en la mesa, más fácil que me alcancen las garras, la pena
y basta una pena pequeña, una cualquiera.
pero ya no muero
por querer arrancar las alas a un sueño, a la inquieta mariposa del deseo.
ya no advierto la letra pequeña de tus gestos,
sencillamente
ya no leo,
ni siquiera la suciedad
que deja un presente ordinario en la capa blanda del barro.


cada vez me es más difícil
atender a las citas
no rebañar las migas
huir de alguna cama enemiga sin dejar en la almohada la camisa.
como si la sangre se agotara
me cuesta encontrar
un lugar donde escupir el miedo y mejorar mi karma.


lo bueno
es que ahora me caben con dulzura las arrugas,
los pequeños incendios, las grandes holguras.
y las mil contorsiones al alba
me rescatan cuando siento la daga en mi espalda.
quizás
no habría soportado a la otra que hubiera sido si te hubiera tenido.


pero me cuesta
repasar derrotas, donar trastos viejos, coserme un botón frente al espejo.
me cuesta la mínima cosa.
siento el Ártico clavado y un iceberg
cuando cruzo las piernas hundiendo tu amor en mi costado.
y es ésta la temible angustia de la que no te hablaré nunca
de preferir la lucha y la locura
a ser la mujer feliz cosida a tu cintura.


nada ha cambiado
salvo el cuerpo,
pero no voy a tocarme la cara ni el pecho
son así desde su nacimiento.
no voy a esquivar el naufragio anunciado, me hundo en la tierra que araño con los labios.
ahora

caben en mí otras llagas, otras marcas, otras manos que rasgan mi materia orgánica.
ya no atiendo a los malos aciertos ni a los deshechos
para justificar
que de alguna enconada forma
sigo fingiendo.


algo ha cambiado
pero no tanto, no lo suficiente para seguir nadando,
por eso no es fácil dejar atrás la inútil posibilidad de contaminar con plomo cada paso.
ahora

es más difícil más duro más rígido más seguro
conservar la piel que rodea el alma subterránea y sus muros.


la vida es el camino que al avanzar hace imposible lo vivo.
los veinte
los treinta
los cuarenta
su golosa energía sigue saliendo

de un contenedor usado, con la tapa quebrada por los años
por tus brazos,
el plástico huele a basura y a tiempo encerrado.

y no olvido
reciclar del pasado
el placer que me diste caducado.

 

jueves, 6 de octubre de 2016

Pez hembra

tengo las costillas frías
y el paladar
espeso
o denso
como la nata montada sobre la baranda.
no voy a decirme esta vez
que las cosas,
esas cosas concretas que conozco bien
están mal desde hace tiempo.
no voy a hacerles caso
no, en este momento.
necesito
sobrevivir
a las facturas de la luz, a los impuestos, a los desprendimientos,
a la quiebra, a los filamentos,
a los recuerdos maternos paternos,
a lo feo del mundo tronando en el espejo,
al hundimiento de los platos que se quedan llenos.
superar
la ausencia de unos dedos que maduran lejos
y esto,
parece normal
incluso perfecto,
pero a mí
no me parece bello

ni bueno.

necesito
arrancar de la tierra algo más que un tallo negro
y al hacerlo
que no me pidan hojas
que no me pidan viento
que no me pidan eso que no tengo.
necesito
dejar la carretera, adentrarme en el bosque
encontrar cocodrilos
nidos de mirlos
cualquier ave que recorra de norte a sur el paraíso exprimido. 

y oír voces
que entren en mi cabeza plana
por mis venas
por mis canas,
que alcancen mi costado pero no mi alma,

no hay que desenterrar sentimientos,
mi esencia es mortal
y no está
preparada para esto.


veo la baba de caracol sobre la almohada hundida en el centro,
perfumadas las telas, las sábanas
de cuando era pez pero todos pensaban
que era una niña de belleza extraña.
ahora sólo soy pez,
el mismo pez
en distinta agua.
hay tanto alquitrán sobre la mesa
que si no gana el caballo
si no lo logra ahora
caerán las promesas deshechas.


no sé si habrá otro momento para hacerlo
pero hoy toca
sobrevivir al tedio,
al río que arrastra el cadáver de algún amor fatal

por aceras habitadas
que a su paso
quedan manchadas.
hay que resistir

sin sentido
al huracán que moja los pies que ya están fríos,
porque cada hora
pasa fiel
como un perro enfermo e intranquilo,
como una esperanza que pide un dueño,
como un cuerpo pequeño
que tiene gases
y no concilia el sueño.


necesito
limar las uñas torcidas del gato,
contarme una historia, una alegría, una fantasía breve sobre el día.
ahuyentar nubes,
esta ausencia de toques dulces,
acabar la estrecha biografía en la que no hay comestibles ni bebidas.
necesito
una realidad intacta
en la que pueda dibujar seres a tres patas.

que de alguna forma
necesito

volver a la vajilla rota,
a la ropa con marcas, a la grasa en la boca.
de verás,
diles que no cierren la puerta,
te espero todavía,
es simple de explicar,

soy animal acuático
y aún recuerdo

aquel cuarto.