mejorlavidasimple

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lunes, 29 de agosto de 2016

pequeñas muertes

te espera con nombre propio la nada azucarada
te toca el pelo, la cara
te corrige la falda.
la nada te mira desde su asiento de paja,
musa que engorda en su colchón de plata y hojalata.


te pellizca la piel
te hinca la uña
te estira las mangas de la blusa arrugada.
te parece que la nada aguarda borracha y perturbada,
tal vez, porque vencida por los nervios
entiendes
que todo lo olvidado retorna al sótano de los engaños.


vuelves a ser
el ave con plumas de mujer que abandona el nido,
que muerde la madera de la puerta,
el ratón que llega a casa y conoce las trampas, las respuestas
la luz lunar en la cárcel de los tiempos impuestos
de los techos negros.


llegas al lugar donde estrellas golpeadas
se convierten en diosas blandas que amamantan de madrugada
a los críos sueltos por las plazas,
donde el gorrión que canta
tiene un tiburón blanco dentro de su jaula
y antes de dormir, lo acuna con su voz y lo calma.


vuelves,
muñeca de pecho hundido,
a la falta de arena en las macetas que a veces parecen muertas,
a la ausencia de campanas
de guirnaldas
de cristales de colores en las playas.
contigo vuelven las risas que suenan forzadas
porque la nada sabe que el mundo no se acaba en tu desgana,

serás de nuevo
la madre que levanta la persiana en la mañana.


la nada tan indispuesta
tan ella, tan tú, tan opuesta,
deshaciendo la cama, te llama y te increpa.
suena un latido fuera de tu cuerpo,
dos crujidos confundidos que te cede gratis el destino.
los mapas dan lluvias
chubascos
viento de componente sur
cielo despejado después del anuncio de guerra y pactos.


no hay años fáciles,
no hay rezo,

no hay cura para el náufrago sin caricias recientes ni pétalos suficientes.
si entras en casa
verás descuidados en la mesa los jazmines que antes de marcharte regaste.
podrías negarte
no volver al gris, al dorado desastre,
pero creo que vienes para llevarte por delante
las pequeñas muertes,
la del fracaso de ser pan, de saciar el amor y el hambre,
la del mar cobarde en el que no supiste ahogarte,
la de tu impropio arte,
en realidad,

la de nadie.

la nada te espera
la nada tan fea y
tan bella,
la nada que endulzará tu mejilla
y hará que resucites viva

en algún paraje
con opciones de huida.






domingo, 21 de agosto de 2016

el rescate

cuando miras su nuca
tienes una flecha curva al sur del corazón
y otra en la boca que apunta al norte peligrosa,
tienes
una peca
un lunar
un toque
que se incendia, se descuelga
que se cae como un alud sobre la ropa,
la ropa
que encontrarás manchada guardada
entre la limpia y planchada.
tienes las entrañas cocidas hervidas consumidas
las pestañas perdidas, las uñas comidas
las manos confundidas por el tacto viciado de las cosas amadas
odiadas
hermosas
vanidosas.
tienes la suavidad partida de la gota que explota
y apenas
se te nota.


cuando le miras
te enredas con el miedo, con la medusa del pelo
y borras el teléfono extraño al que llamaste
hasta que suena otra vez la destrucción sofocante de días sin hablarte,
entonces

nace esa enferma esperanza ilimitada
que esconde el rezo de una mujer sola en la mañana,
escapan amapolas muertas
por la galería estrecha de tu puerta.


cuando miras su nuca
ruedan rígidas perlas como rocas siniestras por tus cansadas piernas,
crecen en la garganta los nardos cortados

y andan trenes averiados sobre un raíl picado en tu costado.
miras

y haces girar en el eje de tu ombligo
el único mundo que aún para ti

tiene sentido,
el único
que sigue vivo.


habrá siempre una despedida,
una verdad a medias que te deja con las diosas ebrias,
siempre cáscaras de ti entre bolsas negras debajo la mesa.
sabes que no eres no serás
que te da igual ser o no ser su elección perfecta.
pero te asusta
tu cara vacía en el espejo, tus ojos detenidos
los ruidos simples, las voces callejeras que llegan
las cajas de cartón, las botellas de plástico que alguien prensa.
te asusta
tu latido extravagante ajeno delirante
la vibración irregular de tu cuerpo cuando la nada dominante lo tensa.
en realidad,
te asusta la vida rota
aunque apenas
se te nota.


cuando no miras,
te lavas la cara sin encender la luz
sin vencer al olvido que te da muerte a diario en el pasillo.
tu cerebro lo habita un estruendo
tu cuerpo un silencio
tus ojos un maldito universo de cuentos.
miras

porque desde hace años
otro te arrastra por un paraíso desierto hacia un cielo hueco
idéntico a un infierno lleno,
porque el alma pierde con la luz solar pétalos y misterios,
porque en el rebaño nadie te echará de menos.
por eso
con los huesos a medio camino, a medio devorar por el estío,
buscas mirando su nuca
una peca
un lunar
un toque
que no rescatarás nunca.




 

lunes, 8 de agosto de 2016

edad adulta

hay minutos
porque
la belleza se agría en las cañerías húmedas
como un fracaso grato que entra de costado
en un cuerpo cualquiera y delicado.

hay horas
porque
un niño escondido
en el pecho delgado de una mujer
descubre en un segundo
a una niña escondida
en el vientre de un hombre vagabundo.

hay semanas
porque
sorprendidos,
ambos regresan púdicos al regazo
a la seguridad del ocaso
como dos pecios vecinos
dos náufragos conocidos
dos refugiados del absurdo que a punto de tocar la felicidad
les cae la realidad del mundo.

hay meses
porque
en su interior nocturno
la niña se golpea con el pasado de alguien
con pedazos de algo, trozos de algas, y sangra.
porque
pone un par de gotas serenas
en la histeria del castillo cedido a la arena,
en el corazón roto lanzado al ganado en la verbena,
en la sangre de la herencia
que le hicieron tragar a la fuerza.
hay años
porque
castradas sus rodillas rojas
aún sueñan dentro del vacío con un latido presente
y diferente,
con el pulso de un adulto sin temor a la muerte.
porque
aunque cojea en sus ropas
toca la luna llena
y regresa con sus párpados rasos al rostro intacto,
aquel que en un segundo
miró desde otra piel la estela masculina
de su esfinge fina.

hay décadas
porque
el niño duerme en su oquedad como un lobo amenazado de guerra
las manos en alerta
las armas cerca.
porque
al dejar a la niña que también huía
surgió la tristeza
la apatía,
notó tensarse una antigua pereza,
sintió en el limbo del abismo
la sombra de unas sábanas usadas vendando su cabeza.
hay siglos
porque
la sociedad regulada
agita el dolor del torso femenino que le alberga,
araña la ilusión creciente, la pasión reciente
calienta las olas frescas y las ahuyenta.
porque
el dinero
aflige con fieras abejas la tibia lucidez de sus presas.

hay tiempo
porque
no hay instante ni locura ni dulzura
que una
al niño que a la mujer acoge
con la niña que protege al hombre.