mejorlavidasimple

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miércoles, 27 de julio de 2016

con quién

con él a cuestas
conmigo
con el silencio enmohecido a pedazos,
la leche agria en un pecho,
la bebida
fermentando.
mi infierno con el cartel de cerrado
tu hielo quemándome el cerebro
fuera es casi negro
blanco o casi dentro.
con quién
con este cielo azul donde enterrar lo muerto
el corazón cocido calcinado
el dedo del ayer sobre la llaga fresca del pasado
con el dolor del estambre quebrado entre miles de estambres intactos.

con él a cuestas
con él
con el nido destrozado en la hierba,
el tacto de tu polvo negro en nubes de algodón hueco.
sigo con un pétalo sobre el ombligo
esperando
sobre un sofá sin brío lleno de sombras de terciopelo frío,
sigo
con un mal libro entre las piernas abierto.
salpico de desechos lo perfecto,
pido disculpas
pido que el aire sepulte mis dudas
me eche en la cuna
no se olvide de levantarme cuando salga la luna,
cuando las estatuas se corten el pelo
los amantes se enreden
los borrachos casados se recuesten en la paz de caderas ligeras
y los perros flacos del callejón vencido se liberan.

conmigo
con él a cuestas
subo los escalones de piedra hacia la mesa puesta.
debajo del mantel marcas de flechas que pinchan
que envenenan.
restos de caducidad, el pescado al horno que no toco,
picoteo letras sin pareja en la maleza.
y mastico
con un cuchillo largo en la mano,
con los nervios blandos, el tenedor en el plato
los ojos goteando.
como como como lo que repta en la porcelana color tierra
redonda amarilla marrón,
como sobre un planeta.
como
con él a cuestas
esperando
ver volar tu cometa.

es la sed anunciando la extrema pobreza,
la copa de cristal que estalla en la boca seca,
el romántico otoño que no vuelve,
los besos que no se devuelven y vuelcan cualquier tarde
en el arcén sobre flores de carne.
la vida
la vida viva por todas partes,
en todas las prisas, las comidas servidas, las citas,
con quién
con él a cuestas
conmigo
con el sudor del alma abatida sin tiros ni testigos,
con un sueño feliz tirado al fondo del río.
no salvamos nada de la maleta
del paraíso crecido del roce de su vientre con el mío.
ahora
el amor es un cemento duro gris fosa es humo color soga,
unas ruedas deshechas llenas de intentos de pérdidas que se soportan.
y en verdad
lo que hubiese querido,
lo que había pedido,
era subir la cuesta, hacer el camino
no con él
contigo.
aunque quizás no habría podido,
no contigo
conmigo.




                                              

lunes, 18 de julio de 2016

oro viejo

han cambiado tus manos,
lo sé cuando te toco.
hueles a lo que deja el verano
enterrado,
a suelo encerado,
a veneno sagrado.
no me crees cuando te digo que ya no está ninguna,
ni una de ellas.

aún retienes sus sombras,
permites curvas oscuras en las horas,
fantasmas que consiguen que regreses
como hacías entonces
desnudo y de repente al cuarto abonado,
al lecho viral
donde habías estado.


sin sonrisas
los vértices de tus labios empiezan a odiarte.
hace meses que tienes las venas vacías,
los ganglios hinchados,
lo sé cuando te toco

sin prisa.
hoy
tu encanto está apagado,
el pasado clavado y el presente
en carne herida pero viva,
y te sientas delante de los días como quien espera la bala prometida.
te han desplumado

como siempre
en la misma curva de la misma avenida,
por eso

subes al tendido eléctrico y llamas a una mujer
con tu voz fundida.


conoces la victoria de la vida perdida,
el error,
el falso maestro,
el único caballero candidato a limpiar el desierto,
eres el conductor,
el piloto en barrena que invoca un cuerpo
en el descenso.


quieres enlazar tus dedos
con los dedos que crea el ocaso,
porque sabes

que no encontrarás una boca que te haga caso.
yo voy a verte,
sólo a veces, voy a verte,
y veo la celda abierta
y tú dentro
hirviendo con viento lento
tus ofrendas.
y el vaso que me sirves se rompe al agarrarlo,
mueves tus glóbulos negros,
se comen los míos blancos.

en nuestro silencio,
soy un mal aprendiz del lenguaje de tus párpados blandos,
cuando
cantas la nana del genio oxidado como un gorrión asustado,
cuando me enseñas

ese femenino olor de los abrazos dados,
y el verso libre de los nadies que no aceptan
el falso papel de ser alguien.

contigo,
me he acostumbrado a la marea baja
y al cielo seco

donde buscamos otras veces oro viejo.
acerco mi mejilla al pomo de tu puerta,
y grito tu nombre
con fuerza,
y nadie
ni siquiera tú, dentro de la casa
me contesta.