mejorlavidasimple

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martes, 29 de marzo de 2016

sólo este mi

mi casa de papel
mi armadura de paja y cebada
mi estatua de tiza acorralada
mi corazón hirviendo hambriento a fuego lento
mi temor de sobremesa a cuadros
mi hierba escasa sesgada y vomitada
mi huella lenta rezagada.

todo y menos
va en esta caja de lata desdeñada,
caja que guarda galletas de salvia
a veces, bolas de nata aguada,
y cañones destructores e invisibles
navajas afiladas por la escarcha,
largas armas blancas que se clavan en las tartas.
esta lata cilíndrica
frígida como el recuerdo de tus últimas manos
sobre mi tez caliente o disecada,
mi cola de serpiente se mueve reticente,
y aún,
cómo palpita mi único ojo dedicado a ti
y a la esperanza.

mis uñas rotas, comidas, uñas de mis dedos soberanas,
mi jabón de pana gastada,
mi cabeza tocando techo en la habitación
cada vez más baja, más plana.
mi cavidad rellena de sábanas blancas,
mi duro amanecer
mi dulce atardecer
mi noche, ahora sí, estrellada.

poco y más
va quedando de los dos,
cuando todas mis vidas se mueren en tus fijos brazos
entre tus garfios,
cuando una tierna burbuja en la bombilla
se ahoga en la farola
y su luz, se acobarda a solas.
de nuevo, la misma arteria
huérfana de pisadas y espuelas
la que recorren de vuelta santos esqueletos, mangantes,
celestinas gruesas, bucaneros y ascetas,
un cuerpo húmedo de alcohol cargando su botella,
héroes de mala madera
esa materia de muebles de terraza o salas de espera,
sanchos que olvidan lanzas y andanzas,
dulcineas con flacos galgos y azadas.
son estas hojas rojas que ante mí se desangran
que todavía viven,
viven contra corriente,
viven con garras, con ganas.

y te acuno, te acuno despacio,
oyendo tu respiración dormida de lagarto plácido,
te acuno como al hijo
que no tuve el valor de engendrarlo,
te acuno con la ciencia del aire que mece las penas viejas
perdidas a diario en el digno desagüe del ocaso.
y voy abriendo túneles
para proteger al amor herido de multitudes,
voy soltando mis cuerdas
mi interior de gelatina fresca
mi fiera de fieltro con pecho de cera
mi anónima boca que aún se alimenta
mi estrella loca sin puntas
mis canas negras
mi cesta de trapo sin alas ni correas
mi instrumento de viento de poniente
mi vulgar acento y mi fútil ungüento
mi excelencia incompleta
mi pobreza secreta.

me asombrada
que el fuego continúe,
y continúe, sin el calor de otros días
y salpique de agua mi aliento de alquiler,
mis esquinas dobladas
mi alma de plastilina mezclada
mi cartulina escrita por ambas caras
mi forma de malgastar cerillas y lágrimas,
mi oferta de mendigar como un monje
cuando no quede nada, ni vino en el barril
para calmar el sexo sin bengalas.

sólo este mi
en esta oscuridad que asoma por debajo de la puerta
cuando ya regresas,
cuando vuelves con otra
y te acuestas con ella.
mi tienda de ultramarinos cerrada
mi álbum de fotos con explosiones galácticas,
mi ropa llena de manchas de infancia,
mi sello de correos pegado con saliva en la persiana,
mi entrañas que extrañan
mi ayer por la mañana.

jueves, 17 de marzo de 2016

tanto que no

El tiempo.
pendiente del tiempo
lluvia o viento, sol rubio moreno,
mal o buen tiempo.
pendiente del dolor del ojo izquierdo
del ovario derecho.
el interior se estruja para condensarse dentro
materia negra
infinitas veces más densa pesada que la tierra.
pendiente del cielo y del infierno
que ninguno te roce demasiado,
hazme caso, si quieres,
no me hagas caso, si puedes.
El tiempo
hace tanto tiempo
hace tanto tiempo que no.
ahora lo que importa
es el pájaro en la rama,
el aire pecoso de hierba mojada,
la hoja trasparente
que saldrá mañana y clara
tierna inocente de floración abonada,
o tal vez, no
ahora no.

Hace tanto tiempo
empujando para sacar al ser que moraba,
tantas horas y tan fuerte,
quedé vacía de espanto y de rabia,
salió la vida
salieron mis órganos menores en cascada,
el ansia acumulada
el miedo de parir
la náusea de la mujer que abandoné hace ocho años en una cama.
Hay que vomitar el pasado
cuando aparece la lava,
cuando va subiendo la masa
del intestino al vientre, del vientre contra el pulmón,
del pulmón hacia la frente arrugada,
ese minuto inhumano que destapa la eternidad asustada.
después, vino mi animal etéreo,
vigilante,
acorralado por la jaula imaginaria de mis huesos mis manos
o tal vez, no eran mis huesos
o eran mis manos con los dedos de alguien.
ya no soy yo
o soy yo con algo menos que antes,
con más no.
Y mientras, este ser que mira
desde abajo
la culpabilidad escrita sobre mi rostro
la máscara de hembra feliz que le ama por entero poco a poco,
con la vida amordazada por delante.
esos días por vivir
cuando la madriguera de arena
se deshace.

Tanto tiempo
pendiente de la mente
perdida a trozos como el cuerpo,
quién lo iba a decir,
los colmillos durmiendo en mi mesilla
con esas otras cosas,
como en esas otras casas lo hará la biblia
la última novela
la alianza dorada
la cerveza vacía.
soy hija de los átomos no de las líneas,
apenas he leído, retengo las portadas,
el nombre del autor sólo si me llama,
olfateo el material literario como posible alimento,
pierdo la salud comiendo pienso.
Mi corazón emite descargas,
mi torso se acelera porque estás
también porque te vayas.
yo no debo quedarme.
cuando la sangre no llega a mis piernas
subo las cuestas golpeada por olas gigantescas
aunque no haya batallas ni tormenta
ni refugio ni merienda.
soy un proyecto sin fondos que cierra
mandando a la calle el personal, las esperanzas,
lo que haga falta
para que cuadre la muñeca pequeña en la grande,
la grande en la más grande, y así
hasta que nada cuadre.
ésta, mi sociedad urbana y militante.

Hace años que no
esos años que son tiempo cortado controlado
meses de calendario.
la vejez silenciosa con sonrisa de niña maliciosa
me pisa la luz no la sombra.
meñique con meñique el ser que vino y yo
yo y la vejez, la vejez y el ser.
me giro ciento ochenta grados
para inventar lo que ya no.
Tengo una nostalgia salina,
una saliva nostálgica en la lengua,
el trozo de ala de un insecto
que no sé cómo me halló,
me honra que elija mi boca
conmigo agotó sus días, su tiempo.
el tiempo.
pendiente del cielo y del infierno.
hace tanto que no.




miércoles, 9 de marzo de 2016

la comida

te mueves sin darte cuenta
te mueves como el copo de nieve que se estrella en la acera,
cargada de algún vicio permitido o prohibido,
sin aumentar las camas para heridos, la lista de desaparecidos.
es sólo la muerte de algo grande
ahí dentro,
es sólo la pepita que cae en la grieta de la ropa abierta.
es sólo y solamente
la soledad pétrea descosida que remiendas
que coletea dentro de un sobre amarillo
de una carta aérea
cuando grabas el remite en la cubierta y la cierras.
te sientas a comer con el loco de los ojos huecos
que fuma sus dedos artríticos y viejos,
juntos renegáis del dolor y de la guerra,
de los cuerdos en sus cuerdas.
él se dice a sí mismo que el pasado es tiempo seco
es fruto mordido y descompuesto,
y el presente,
un misterio que germina estéril,
vértigo y vómito disimulados,
el canto de un gorrión delgado.
el futuro
es sólo la fiera cohibida sin aliento,
la arritmia de su pulso lento,
el amor aplastado por su propio peso.
resuena entre sus dientes que la nada es mortal y perece
que sólo la mentira que encierra la tierra
siempre es verdad que regresa,
por eso,
él volverá a buscarte,
y a entregarse.
acaba la comida
y se aleja.

rugen los trenes dentro de las alcantarillas,
y debajo suena la música del vientre
que las niñas comprenden y los demás,
adivinan.
su humo es todavía una marea negra que avanza
y te despierta,
llegas al portal y abres la puerta.
le escuchas callar:
si todo es un engaño, déjate engañar,
da marcha atrás en el callejón sin salida,
golpea los muros con los faros
y enfrenta la pendiente,
no me tengas miedo, ni a mí ni a la muerte,
ni al olvido,
ese olvido que perseguirá tu coche siempre,
tú retira su soga de tu nuca,
de tus mejillas frías,
de la frente marchita y las axilas,
de las piernas que presionas dormida.
no te dejes ninguna caricia
en el camino, dónalas todas
para mendigar otras.
no tengas pavura del ogro que respira
aunque seas la única hembra que lleva a su cría,
aunque seas
la planta torcida al borde del precipicio
con la raíz podrida.
adéntrate con fuerza primitiva
en el vaho que desprenden las rosas menos hermosas,
y perfuma tu sudor de cobra,
perfuma el ambiente de la alcoba,
el lugar donde envejece cada cosa.
piensa ciegamente,
deja pasar los insectos por tu cerebro
rondando tus instintos ebrios, tus ídolos maltrechos,
aún si tu corazón vencido a cañonazos
se cae a pedazos.
yo vendré a buscarte
y a entregarme.
tú salúdame con la mano agitada
como otras veces,
sin ayuda de palabras, deslumbrante en tu bata
con la que a menudo bajas,
indiferente a los dioses esclavos
y a las muñecas perfectas del café de al lado.

pero hace tiempo que no está
que no os servís la sopa en la mesa,
y te falta su locura, el don cultivado
que pocos aprecian,
desde hace días, sigues de pie recitando en el aula,
uniformada,
rezando al reloj circular de la pizarra,
clavada en la tarima mientras
unas moscas grises y asustadas se suicidan.
no crees en tu victoria, al menos
no crees en tu victoria a solas,
sabes que vendrá a buscarte
y a entregarse,
cuando cambien de posición las rosas
y de manos, las derrotas.
 

jueves, 3 de marzo de 2016

parecimientos

parece un día lento
tirante
que ha permitido que metas la mano
por debajo de mi caparazón,
rasgándolo.
parece un lago triste
tanto,
que las gotas caídas
se han terminado ahogando.
parece que el camino es largo
y sin embargo,
hemos empezado a hablar del final
sin haberlo alcanzado.
parece
parece que
de aquí a la muerte,
como del nacimiento hasta aquí,
la ropa colgada seguirá estorbando
chorreando.
no hay culpables
que se desangren,
pero cierras la tapa,
la batalla,
con miles de cartones de leche derramada.

parece que el farolillo rojo
no se apagará nunca
a pesar de los dedos
que escarbaron
la arcilla hasta enterrarlo.
parece que el ardor
que reciba
no vendrá de tu carne a la mía,
tu cuerpo fue
el plagio malo del otro
que no ha llegado.
parece que el juego
nos hace saltar de cuadro,
del blanco al negro,
y del negro al blanco,
apostar por el papel quemado
del infierno que vive
en el cielo acosado.
parece el nuestro,
un verbo desgranado,
grasiento,
mutilado,
un pudor que resbala
por una biblia de labios
tallados
y oxidados.

parece un olor de enero
frío por dentro
que atrapa mis huesos doblados
para romperlos.
parece el cadáver
de un olmo huérfano
que huyó a la caverna preñada
de postes de luz
y sirenas que ladran.
parece una arcada rápida
cansada
que arranca de las calles heladas
la ola pesada.
parecen espigas verdes
que traen la semilla de la juventud tierna
que embrutece.
parece un grito triste
reconocible incluso
que ha permitido que dispares tu pupila
al ojo de mi andamio vivo,
destruyéndolo,
agitándolo
de nuevo y por dentro.
parece tanto
y sin embargo
nada.
la historia escupe hacia el futuro
el embrión y la larva,
borrando
entre los dos,
las frases largas.