mejorlavidasimple

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jueves, 25 de febrero de 2016

hormigas

con el pulso débil,
casi moribundas y asfixiadas,
vuelven por debajo de la cama
las hormigas del tiempo que abrazas.
el ejército que creías vencido
avanza con sus patas cortas
por el suelo de baldosas.
has olvidado barrer los restos de uñas
y no sabes que contienen las cajas alargadas
por las que ellas,
suben y bajan.
vienen por debajo de las telas ásperas,
y de la piel picada,
temes que dentro de poco
ascenderán por la estructura de hierro
hasta las sábanas,
y serán tantas,
que harán negra la cama blanca.

te despiertas con el pulso débil,
con la cara moribunda y asfixiada,
hinchada,
esperas segundos
para que todo recupere la inquieta calma.
oyes el ascensor
de los que suben al hogar amado
y de los que del hogar, se escapan.
suenan los coches que ennegrecen igual
el aire que respiras
que el primer soplo en los pulmones tiernos
que una mano dormida mece.
caen voces del techo
sobre los muslos desnudos de tu cuerpo,
ese volumen que todavía
sientes ajeno.
se filtran murmullos bajos por el cemento del cuarto,
y tiritan en tu sangre parada
las llaves colgadas de la entrada,
los cables anudados de la lámpara,
la persiana bajada detrás de la cortina de la sala.
la vida es esa rutina
que se levanta alterada.

tienes el pulso débil,
como el de una mosca atrapada
moribunda y asfixiada,
la pupila hambrienta de luz por debajo de un párpado
que se atasca,
comienza la mente a tomar notas del estado de su presa,
una herida abierta en la pierna izquierda,
el plumaje empapado,
las garras desgastadas y deshechas,
tu silueta irregular en fondo claro
como una nube gris en un cielo perfecto de verano,
y la lucha comienza.

hormigas armadas alcanzan
el pelo enredado en tu tibieza,
ese rosa apagado de la piel caliente
sobre un colchón en venta
donde los muelles revientan,
tienes sudor en la frente,
todos los movimientos y motivos se tuercen,
la esperanza yace marchita en el suelo
entre sandalias planas y hojas de algún libro
arrancadas.
no hay restos de la noche
sólo lobos con capuchas rojas
que plagan la habitación de reproches.
los insectos aumentan,
son cada vez más visibles por la luz del día que se acerca.
no puedes levantarte
y te oyes decir
que nunca fuiste la dueña
de un futuro que espera seguro en la meta,
nunca te marcaste un tango,
un buen tango sobre tanta mierda,
nunca un fado sonó para cubrir tu corazón de espuma
con una armadura a prueba de rupturas,
nunca el sueño se enamoró de ti
ni te cupo el valor necesario para sellar sus labios
y cerrar la maleta.
la vida es esa rutina
que te llena los globos de piedras
y mientras
tú peleas
contra el reloj de arena,
contra la tubería que suena,
contra el dedo del tiempo que puntea.
cada despertar
la vida te inyecta en vena
un hormigueo que te recorre entera,
y cuesta defender
con el pulso débil,
moribunda y asfixiada tras de la batalla,
la presencia de un sol
en la ventana.




 

jueves, 18 de febrero de 2016

en coma

te duelen los dientes
cuando cierras la boca,
sabes que estas uñas comidas y rayadas
seguirían creciendo bajo tierra
de estar enterradas.
tu cuerpo está extendido en la bañera seca
abres el grifo,
ni gota de agua.
tu espalda
se despeña por un costado sucio de grasa,
de pausas,
¿qué son cuarenta años de búsqueda
si sigues estando helada?
sigues cruzando la estepa tiritando
mientras se borran tus huellas,
las células usadas y sus marcas.
pero puedes vivir
dices
soñando que eres alguien con agua caliente en casa.


siempre te gusta mostrar esa nube de esperanza
atrapada en tu cara,
allí donde los campos arados no han sido todavía
minados.
si fueras mar de espuma y verdadera bruma
caerías a estas horas
por las grietas que agrandan la sutura del alma.
oyes tras la puerta
a los diablos del planeta frotarse las manos,
lamerse las entrañas,
y sales del baño tan seca como entrabas,
atraviesas descalza
el pasillo estrecho de altos techos,

las paredes se cierran sobre ti,
te van apresando,
te empujan al cuarto.

cuando llegas,
algo huele a soledad blindada en el armario,
a gallinas incubando en el marco de un cuadro,
a conejos con hambre arrastrada,
y recuerdas
que no has comido nada,
pero puedes vivir
dices
soñando que eres alguien que come en abundancia.


hace días que estás encerrada
y la sociedad diría que no haces nada,
mueves horas y páginas de lado a lado,
conservas tu vicio de fe en las palabras,
a cada rato,
las vértebras se aplastan,
aparecen temblores en el cuello que el té cargado no aplaca,
tienes los síntomas del ave que enferma en la jaula,
del ciervo cegado por las luces
que se queda varado
en el peor puerto y con la peor barca.
¿es tan importante eso que lees,
eso que pasa?
no lo es.
sabes que en tu vida lo importante fue siempre
lo que no estaba y no llegaba,
eso que resumes, a veces,
cuando hablas de que no has amado ni te amaron
como esperabas.


has cerrado tus venas para que no sangraran,
has perdido el trabajo
has reprimido el único corazón que funcionaba
has mutilado todas las posibilidades
has mentido en la cama,
se han venido abajo, tus alas.
Te duelen las encías
cuando cierras los labios,
sabes que tu pelo escaso y apagado
seguiría creciendo bajo tierra
de estar contigo enterrado.
das forma a un ovillo

destejiendo todos esos bellos sueños
que trenzaste en las vías, pero que tienen dueño.
puedes vivir
dices
oliendo los desechos de tu pecho,
sintiendo la temible larva de la frustración dentro,
soñando que eres alguien en el espacio, o en el tiempo,
puedes vivir
dices
porque tu íntimo mundo, aún en coma profundo
sigue latiendo.


miércoles, 10 de febrero de 2016

diario no escrito de una madre

puedo ser cualquiera, puede ser cualquiera y de cualquiera,
no hay sucesos, no hay genios gruesos ocultos por el cuerpo,
desconozco si hay otros modos de beberse esta ciénaga opaca
o el lago transparente,
pero no tengo ese valor común y suficiente
para arrancar del útero del mundo
una respuesta que sea brutal y corriente.


en todos mis rincones orgánicos y sus órganos arrinconados
se balancean amuletos falsos,
talismanes que tejen la piel suelta de mis labios,
voy a extirpar el dolor que se quedó en sus brazos.


soy cualquiera que cruce la calle con un cuenco de cerezo,
en una tarde de lluvia,
con el pantalón mojado sobre los mulos húmedos y deshechos,
que lleve el paraguas cerrado,
el rostro empapado,
y salpique a las palomas, tal vez y sin quererlo
un vómito tibio de silencio.
ella, su último sol lo lleva puesto, entre el párpado y la luz
justo en el punto ciego donde nadie puede verlo.


soy cualquiera que cierre la puerta sin saber quién queda dentro,
cualquiera que al pisar la tierra
sienta que le crecen ramas y raíces dentro,
quiero ser el árbol clavado y de profesión, mirar al cielo,
ser la gata que cierra su herida

lamiéndose con lengua de trapo y terciopelo
su cicatriz de amor al descubierto.


soy cualquiera que se perfume la piel con el mismo secreto,
que llore hasta provocar la súbita inundación de sus tuétanos,
que se quede dormida en un lecho caliente de resina
pensando que mañana todo menos ella, puede haber muerto,
y sude pesadillas,
¿con quién vivirá tan sola y mar adentro?
pero el mañana arranca las astillas crecidas en mi pecho,
y con alivio vuelvo a ser ella, en medio de una vida radiante que se estrena,
ahora sé que todo seguirá vivo, aunque yo, no pueda hacerlo.


puedo ser cualquiera que emplea las horas capitales de su vida
pegando las partes arrancadas de conchas fracturadas,
minucias que no encajan, como dos salivas que no se llaman.
pasan sus días y mis años,
como los de cualquiera que se lanza al fuego de este rito vital

que consume antes el hueso que el aliento.
soy cualquiera que vea, encima del cráneo de sus sueños
apilarse la arena del desierto.
cualquiera que tropiece con orcas desvalidas
en el umbral sin puerta de su vagina,
y aunque puedan las olas hundirla o malograrla, deje el canal abierto,
las velas desplegadas.


soy cualquiera incapaz de ser y estar al mismo tiempo,
cualquiera que salga del vientre materno sin haber entrado en el paterno,
soy ella cuando viaja más allá del carbono preso,
por el líquido de células redondas que cuidan mi sustento,
más allá de perlas fecundas, que ruedan con ternura por un suelo sin techo.


puede ser cualquiera, puedo ser cualquiera y de cualquiera,
ser la materia que se ofrece libre,
el espíritu que respira el desgaste de una calma invisible,
soy nata en el cemento, flor de almendro,
la matriz de hierba en el fértil estiércol,
el pasto irregular que va creciendo, llenándose de canas todo el cuerpo.
soy ella y sin ella, cualquiera
soy el diario no escrito de una madre, y la hija que engendra.


lunes, 1 de febrero de 2016

querido

que ya no soy
mujer para cuerdos como tú,
que
gasté las uñas arañando
la madera del ataúd y la escalera.
que
estás tan frígido como el infierno,
mi querido paraíso yermo.
que ya
consciente como estoy sobre la sábana
veo
la descomposición de tu alma
sobre el hueso roído del tedio.
Que
nada piadosos
aplastamos la oportunidad,
caímos sobre el caracol que cruzaba
de punta a punta
nuestro lecho,
partimos las piernas
al pequeño insecto que con sus alas
nos movía el deseo.
que
sin remordimientos,
perdimos la fe
en todas las cosas frescas
que dan aliento,
que abrimos las bolsas de basura
delante del portal
y llenos de reproches
nos echamos los restos.


que ya
no soy mujer para tanto intelecto,
tal vez
fui carnal y locuaz
pero envejezco.
como tantos
yo también talo el árbol
que me dio la vida,
cuando caiga estaré como todos
en otro festejo.
que
nuestra última profesión
fue la dura tarea de dos espectros
que se besan sin fuerza,
fundir dos vacíos en uno inmenso.
nos lanzamos los brazos
e hicimos de ellos dos ganchos
que oxidados
se ven erosionados por falta de juego.
La nuestra
fue una voluntad escamada
completamente acartonada,
y sea quien sea quien rige
lo humano o lo etéreo,
nos condena al descontento,
al destierro,
y nos vamos directos
al desagüe donde echan
los humores
tantos amores perdidos
por carencia o excesos.
aquí
cerca de lo que puede ser llanto

está
la vajilla descolorida,
la calma de tu hogar,
la celda de tus miembros.
que ya
la locura de otro amor
no puede ser consuelo,
ya ves,
somos
el final terrible de los cuentos.


que ya
no soy mujer para cuerdos como tú
tanta inteligencia y talento
supera mis límites por dentro,
por eso ahora
me atreví a poner tus cuadros
debajo de la cama
para no verlos.
la habitación siente ansia,
sufre la sequedad del abandono
que exhala,
no la limpian las olas largas,

ni esa ventilación de mi pecho
en el techo.
ya ves
el mecanismo del amor,
mi querido corazón,
no es perfecto.
Que
no puedo tenerte
y quizá por eso,
mi vientre muerde.
que ya están completos
los pliegues de esta historia
entre dos muertos,
que ya
no hay ciudad
que aloje nuestros cuerpos,
ni campo
ni horizonte
ni cielo por supuesto.