mejorlavidasimple

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miércoles, 21 de diciembre de 2016

querencia

quiero
la serenidad del silencio
una estrella sin puntas sobre el cuerpo
la levedad del humo vagabundo y mudo
la coma breve al final de un párrafo absurdo


quiero
la calma del adiós que hoy repito sin ti y todavía en mis brazos
la mirada del águila que persigue al dolor para atraparlo
para dejarlo caer
por la pared
por el barranco


quiero
el dulce placer del alma atormentada que deja de estarlo
el suave olfato del ciervo que despierta grávido
la aleta del pez que sacude el mar para hundir los barcos


quiero
lo que quieren
aquellos que sin poder cantar
siguen bailando


quiero
el gorrión posado en el armario
el viento que levanta la víscera que se iba ahogando
la textura del aceite sobre el pan blando
la aceptación del fin
la caída simple de quien sabe que el error es la parte más vista de un humano


quiero
un eje de rotación que no me haga pensar que estoy girando
la capacidad de entrar como una aguja fina en el tejido grueso de los años,
quiero
el tenue olvido de quien no pretende que le hagan caso,
la espuma cubriendo el baño
lavar mi sombra para verla pasar del negro al blanco


quiero
del amor lo que no se logra,
y de la vida
lo que menos importa,
la regla de este juego es

no temer la derrota.

quiero
una armadura con forma de mujer
ser caballo que salta el muro quemado y el ocaso,
cavar en la tierra un pequeño agujero con las manos
y coser las redes, sentada frente al mar
sin hablar a las olas y al mismo tiempo, hablando.


quiero
rescatar la flor del vaso
protegerla en mi abrigo

darle el calor húmedo que le daría un gorila inmerso en su nido,
quiero
que el frío venga, y lo haga descalzo
que el miedo se lleve lejos mi maleta y mis pecados
que un color templado tono hierba se imponga al gris enfermo del asfalto,
quiero
que tus ojos
tus dos ojos
desaparezcan,
porque quiero
querer
como quieren todos.










jueves, 15 de diciembre de 2016

ustedes tienen razón

¿conocen a esta mujer?
¿les suena

su rabia domada que saca con correa a pasear por su casa,
les suena su cintura gastada que acentúa su desgana?
¿les suena su pecho
su ombligo invertido
su pelo liso que estira la gravedad al infinito,
su ojera de arena
su arteria de fresa acelerada quemando el motor en las cuestas?
¿les suena
su falta de gracia en la cama,
su incapacidad de vestirse como una dama o como una joven
que cree en la revolución de las masas?
¿les suena?
parece una mujer cualquiera, y seguramente
ustedes tienen razón
y lo sea.


¿han visto alguna vez a esta mujer,
sus modos combinados entre ave de paso y pescado?
¿la han visto alguna vez en un semáforo
en una calle del centro acalorada
en algún café vomitando presente y pasado mojando la mirada?
¿les suena
haber visto en la acera una mancha de azúcar negra
una falsa quimera indigesta
la luna llena de ayer rígida y fresca
algún trozo del duelo de un corazón sin defensas?
quizás
les suene haberla conocido o haber oído
pero nada saben ni aunque la hubieran visto,
nada sobre su vida
nada sobre sus lilas
nada sobre su herida.
no es conocida, o tal vez una vez, al nacer prematura y oliva,
o tal vez, dos
cuando dejó plantada a la fortuna por una doble locura,
pero ella sabe
que no lo fue nunca.


¿les suena?
hay una pareja de cuervos que han venido desde lejos con sus crías a anidarle dentro,
y no la encuentran
ella salió
dejó la puerta abierta, las tijeras sin tocar encima de la mesa
la manta del sofá deshecha
las flores colocadas en el jarrón de cristal todas derechas,
la marca de sus dedos de tinta en la cortina gris de lino vieja.
¿conocen a esta mujer?
¿la han visto alguna vez?
ella sí les recuerda,
aunque les parezca una mujer cualquiera, y seguramente
ustedes tengan razón
y lo sea.





jueves, 8 de diciembre de 2016

tres palabras

dime tres palabras que no puedan negarse
como lluvia
como agua
como sangre
tres palabras que retengan el aire en el interior de mi gesto lívido
como ahora
como muerte
como tarde
tres que resbalen por el techo de los muslos rectos
que dejen mi garganta seca y en silencio.
tres,
como hombre
como herida
como madre,
porque ya no tengo
la nuca recostada en la cama de sábanas planchadas
y me guía
una gaviota coja de alas casi rotas,
porque soy

la balsa que viaja de la tierra a la nada mordiendo la manzana.

dime tres palabras
que callen el temblor del momento de la boca apagada,
que paren el vuelo húmedo de las pestañas.
tres vocablos breves, comunes, imberbes,
como beso
como caldo
como aliento,
porque soy

la abeja obrera presa por la hiel de la realeza,
el rostro que cede sus ojos a un abismo que se pliega,
y pierdo la simetría en la cara,
pierdo mi cáscara

la máscara,
pierdo los únicos cielos que cortejo,
los últimos recuerdos que conservo.
dime algo, dime poco y mucho, tres palabras al uso,
como parque
como campo
como carne,
porque extiendo la placenta del vientre salino
y me veo agarrada al cordón del que como y respiro,
porque sé que hay algo extraño y sigue vivo,
porque conozco el camino
de la miga escondida en el vello púbico del azar enemigo.

dime tres palabras que encuentres tiradas en cualquier vino,
como bar
como mano
como vidrio,
y antes de que se vaya poco a poco o a toda prisa la uña roída,
dime tres palabras que no quiera cambiar por comida fría,
como calma
como mirlo
como ganas.
y después,
ya podrán venir las máquinas a arrancar los tallos del huerto,
las bestias del mercado a comerse los sueños

los dioses a romperme los huesos,
ya podrán venir
los ismos o los mismos,
no encontrarán mi sitio.
dime tres palabras antes de catar tu olvido,
como calor
como adiós
como sino,
y esta locura que hoy el mundo se fuma sin permiso,
será la ceniza más dulce
que esta mujer
de corto alcance y nulas curvas
te dedique nunca.




domingo, 27 de noviembre de 2016

el mar y los lobos

me da igual que estés como un lobo a mi espalda
que llames a otros lobos
que vengáis a buscarme
y habléis entre vosotros,
que habléis y juzguéis
como soléis hacer
con esa ironía de máquina
y esa seguridad pringada de amenazas,
con esa superioridad que dan los oídos las bocas
que os aclaman,
y ese olor a fiera liberada.


me da igual veros cerca,
la saliva
cayendo en hilos por los bordes negros del hocico,
mostrando los colmillos amarillos
las puntas de los dientes que marcarán mi piel de puntos rojos y continuos.
me da igual que vengáis a rasgar
lo que hago
lo que puedo sola romper con mis manos
lo que trituro
lo que planto en el jardín donde mueren los pájaros que caen por el tejado.


ya sabes lo que pienso de ti
de ellos
del mundo que custodian
como sapos en barro desde el borde de sus charcos,
como cabezas locas de ganado en un cuerpo extraño,
como vampiros de clínica estética.
lo que pienso
de sus años de experiencia
en la búsqueda falsa de un nombre y una letra,
de la fama del bar
del talco perfumado
del cine y el tabaco
de una buena silla en un cubículo de prestigio pero cerrado
de un tocado que favorezca sus rasgos,
de un destino que dicen, han logrado luchando.


me da igual
que rondéis como sanguijuelas las paredes del barrio
la piel pobre
las mejillas rosas
las boinas
los sueños que tienden en el balcón los quijotes con pinzas rotas,
porque no lograréis
una gota de sangre que cuaje en vuestros planes
que os sirva de escudo de lanza
que os otorgue paz valor confianza.
no caben
ratas en estas cloacas
que quieran enseñar a un corazón de niño algo que no sea
vivir con pasión, incluso,
la propia náusea.


me da igual que vengáis a buscarme
y habléis entre vosotros,
soy un topo
sé vivir bajo tierra
sé imaginar la luz, aunque no la tenga.
y me sobras
tú y ellos, tú y las palabras
los libros gruesos, las mil páginas,
las grandes lecciones de la historia
las armas
las sabidurías poderosas y abstractas.

yo sólo llego a lo concreto
a las cosas de todas las casas
a dejar la miel para quien la trabaja
a lo poco que tengo después de la batalla.


por eso
me da igual
que mires a otro lado,
que miréis todos juntos y abrazados al otro costado,
que creéis manada
enjambres de siervos
grupos de almas postradas,
yo no voy hacer lo que mandan.
yo pertenezco a la sal
a esa profundidad donde se aprende
que de principio a fin,
nadie,
y menos, tú y ellos,
sabe

en este mar
cómo se nada.





 

sábado, 19 de noviembre de 2016

Aliento

superaremos
la violencia contra una,
porque es violencia
contra todas
 
Me estás abriendo la carne y ya ves que no sale nada,
que estoy seca,
seca como la humedad que empapa las paredes
y levanta la pintura
y deja apestando la habitación que ocupas.
voy a salir por esta puerta
pero antes, encontraré una vereda
sea como sea
para ser agua fresca.
éstas son las cosas
que nunca quise escribir,
pero también tú, eres la vida que nunca quise vivir.
me estás pinchando el corazón
pero el globo estalló
hace décadas,
y el plástico arrugado
no es un material que sienta tu aguijón ni tu mano.
 
Me has echado cemento sobre los ojos
y aunque ya no muevo las pestañas
sé que están debajo intentando romper la cáscara.
por el momento
estoy ciega,
soy una construcción sin puertas ni ventanas abiertas,
un cuerpo sin entradas,
pero cuando no estés
las voy a abrir a patadas.
me he quedado a medio hacer
a medio cocinar
estoy cruda por dentro,
y tú sabes tan bien como yo, que apenas
queda tiempo,
porque el horno está apagado,
también
por el temblor en mis brazos,
por la mirada aguada que deja una mancha de barro.
soy un plato en la mesa mal decorado
con ganas de salir del mantel
de romperse en pedazos.
y te lo debo,
éstas son las deudas que el futuro y la espera
te dejarán cerca.

He pensado pedirte la luz, la sangre que has hurtado,
que me devuelvas
si puedes al contado
las ganas de existir, de ser MUJER
que me has quitado.
pero estoy llena de dudas,
de pequeños gorriones que no quieren saltar del árbol a la bruma,
de tímidos gusanos que no quieren salir
para no morir aplastados sin ayuda.


Y no sé qué haré con este amor mugriento,
con el vómito que llevo
podrido y presto
en algún lugar del pecho.
en la ducha, navego a la deriva
con ese miedo primitivo de no encontrar el sentido a estar viva,
porque tengo una hija,
porque ella siente mi pena escondida.


Tengo mala conciencia por no ser feliz,
por no poner fin

a esta historia de lobos, de avispas, de cacerías.
pero
he afinado las cuerdas de la lira,
limpiado las costras,
aceptado la suma gravedad de las heridas.
y he empezado a firmar

con mi huella extendida cada tramo del día.
voy a traer a esta sala sombría

aliento,
voy a colgar una bombilla fina

lúcida y
mía.




 

martes, 8 de noviembre de 2016

así de breve

quieres cortar
la dulce soga,
frenar
la pegajosa facilidad de una imagen borrosa
la hoz tentacular de su boca,
aunque estén los dientes del tiburón blanco
en la sala de estar
acechando.


lo intentas,
quieres mudarte de barrio
de trabajo
de plaza de garaje
de espectáculo
de hombre y de escenario
de pájaro y de gato
de extrañas agonías
de mierdas y de asaltos,
pero van pasando los años
así de simples,
así de fatuos vienen los días,
así de sencilla y barata
la vida.


es duro dormir y que nadie te roce,
sólo algo rancio
el aire contaminado
un espacio en blanco
un humo cargado
el polvo con sus ácaros
los huesos del abrazo
la momia del encanto fracasado.
más allá en la cama
hay una estatua
pero ya no sabes
qué manos la trabajan.


líneas rojas
cuerdas flojas.
en nueve años
con todas sus blandidas horas,
no encontraste un corazón distinto que ocupase un momento su sitio.
así de sucio es el amor
así de dictador
así de verdugo con sus hijos.


es invierno
fue
seguirá siendo
y duele la nieve,
los miembros congelados con heridas leves
esos dedos tuyos que no pueden,
el despertador la alarma en tu cabeza.
tiemblan los gorriones grises
que golpean con sus palos la mesa.
y tú,
tú dibujas tranquila bajo el ruido de las glorias
una flor sin aroma
un rostro masculino que no toma forma.
de dónde vienes
de qué noche,
pudo ser
ese largo silencio en el vagón de un tren
o la lluvia cayendo dentro del coche.


dejas de hilar,
con la tijera quieres cortar la cadena.
te vas a la calle
con tu amuleto negro en el cuello
con dos galaxias ondulándote los pequeños senos
con un olor cualquiera
sin sujetarte el pelo,
el tacto de aquel hombre no te echará de menos.
así de breve

es el mundo,
pero eres un animal común nocturno
y por eso,
capaz de atravesar sin velas el infierno

sin luz el universo,
y sin calor
el mismísimo invierno.



miércoles, 2 de noviembre de 2016

el juego

ella tenía y tiene
una manera extraña de jugarse la vida,
podía y puede
acumular recados pecados
temas pendientes
decisiones urgentes
órganos dañados
decenas de aparatos usados sin batería.


ella sabe sabía
que era importante sacárselos de encima,
salir ilesa de la limpieza diaria de lo absurdo y necesario
de las cosas vitales del día,
pero
ella acumula
porquerías fantasías,
todas esas frases ínfimas íntimas ajenas o hechas por ella misma
todos esos tics de manicomio, de carpintería
todas esas botellas
medio vacías,
botellas que no recuerda haber bebido
ni comprado
ni haber puesto su envase en la cocina
en el lavabo.
ella nunca creyó
que llegada esta edad, el mundo tal y como está
le aburriría,
y algunas noches,
le abrumaría.

ella
hoy ojea libros, titulares, cenizas de papeles que quemó
mientras otros dormían,
rastrea las caras de la gente en el cristal turbio de una oficina
de una redacción de una lavandería.
ahora
pasa rápido las páginas de las revistas, del suplemento de viajes
las recetas escritas que aun sencillas
nunca cocina.
come crudo
come a deshoras
come clavada al horizonte
y añora.


ella conoce
el precipicio y el llano,
el acantilado donde caen las gaviotas negras del estómago urbano,
ella
mira las fotos, los artículos, los nombres propios

a ellos
qué les puede importar que al mar se vayan unos pocos.
quizás les vale la gloria el teatro
el personaje creado para andar por la vida y sus charcos.
que no falten besos
doblados abrazos impostados
que no falten tristes rutinas ni alguna

alegría fingida.
ella

huele la vanidad, la suya y la vecina
sin embargo,
hay que resistir con las alas cosidas
porque si puedes

o si la fortuna quiere
vas a sacar la cabeza hundida que dabas
por perdida.

ella tiene y tendrá
una manera extraña de jugarse la vida,
la de esperar que regrese un amor intacto
del destrozo, del ocaso,
que vuelva
la dulzura del olor caliente
el pan y el vino debajo del brazo
los ojos de cuarzo
la mano sedienta y hambrienta que busca su regazo.
ella tiene

esa extraña manera
de seguir bordando la tibia insensatez
de unas cortinas cortas que acabará tirando.
ella sabe sabrá
que estás en algún lugar
al que ella
no llega y no llegará
a pesar de los años.




 

miércoles, 26 de octubre de 2016

parpadeos

¿te has dado cuenta?
la luz parpadea,
llama la atención a tu médula
para que no ladres
para que no dejes de mirarte.
la luz parpadea lenta
cualquier corazón dejaría de latir para atenderla,
el tuyo se recluye
se queda en la trinchera
se mete en la bañera entre vasos de arena.
la tierra miente, piensas
no va a protegerte como debiera
y tal vez,
no lo merezcas.


la luz parpadea tranquila
en el rincón de tu tristeza de tu alegría de tu ira.
tus nervios
se apagan se iluminan,
la llama en la cárcel de cristal todavía agoniza.
tus células
se queman al tocar la esfera
quedan junto al cadáver seco de una mosca presa.
el brillo
está y desaparece
como una vida usada que prende.


la bombilla,
como tú,
hace dos cosas contrarias,
alumbra y se ahoga

como un sol hundido bajo el agua.
el tuyo no fue el único parto en el planeta,
billones de mujeres parieron billones de esquelas,
solas
con sus vientres
aunque el amor estuviera allí
mirando el ojo dilatado del misterio de frente,
aunque estuviera
cuando el cráter de la creación estalló
en tu cuerpo
que fue antes
lava de un volcán pariente.
en un parpadeo
dar vida
o dar muerte.
billones de memorias de historias
visibles incendiadas
billones de lámparas humanas.


nadie quiere el olvido
nadie el pan duro la carne cruda la sal derramada en su cuna,
pero el olvido
es una enfermedad corriente
es la anatomía del alma ausente.
la luz parpadea inquieta
no pienses
no digas
no comas fruta podrida
no abuses del té de ninguna huida.


¿te has dado cuenta?
el fin natural

será un parpadeo que se detenga

¿te das cuenta?
en una ciudad
sin luces que tiemblan
no quedan gorriones que crucen por amor los pasos de cebra.



lunes, 17 de octubre de 2016

contenedores

nada ha cambiado
sólo que ahora
es más difícil remar entre castaños,
pincharme con las cáscaras,
no creer en el dolor y el desgarro,
notar
el agujero negro en el dedo sin acusar a la púa por el daño.

es más difícil
que me veas reír en la mesa, más fácil que me alcancen las garras, la pena
y basta una pena pequeña, una cualquiera.
pero ya no muero
por querer arrancar las alas a un sueño, a la inquieta mariposa del deseo.
ya no advierto la letra pequeña de tus gestos,
sencillamente
ya no leo,
ni siquiera la suciedad
que deja un presente ordinario en la capa blanda del barro.


cada vez me es más difícil
atender a las citas
no rebañar las migas
huir de alguna cama enemiga sin dejar en la almohada la camisa.
como si la sangre se agotara
me cuesta encontrar
un lugar donde escupir el miedo y mejorar mi karma.


lo bueno
es que ahora me caben con dulzura las arrugas,
los pequeños incendios, las grandes holguras.
y las mil contorsiones al alba
me rescatan cuando siento la daga en mi espalda.
quizás
no habría soportado a la otra que hubiera sido si te hubiera tenido.


pero me cuesta
repasar derrotas, donar trastos viejos, coserme un botón frente al espejo.
me cuesta la mínima cosa.
siento el Ártico clavado y un iceberg
cuando cruzo las piernas hundiendo tu amor en mi costado.
y es ésta la temible angustia de la que no te hablaré nunca
de preferir la lucha y la locura
a ser la mujer feliz cosida a tu cintura.


nada ha cambiado
salvo el cuerpo,
pero no voy a tocarme la cara ni el pecho
son así desde su nacimiento.
no voy a esquivar el naufragio anunciado, me hundo en la tierra que araño con los labios.
ahora

caben en mí otras llagas, otras marcas, otras manos que rasgan mi materia orgánica.
ya no atiendo a los malos aciertos ni a los deshechos
para justificar
que de alguna enconada forma
sigo fingiendo.


algo ha cambiado
pero no tanto, no lo suficiente para seguir nadando,
por eso no es fácil dejar atrás la inútil posibilidad de contaminar con plomo cada paso.
ahora

es más difícil más duro más rígido más seguro
conservar la piel que rodea el alma subterránea y sus muros.


la vida es el camino que al avanzar hace imposible lo vivo.
los veinte
los treinta
los cuarenta
su golosa energía sigue saliendo

de un contenedor usado, con la tapa quebrada por los años
por tus brazos,
el plástico huele a basura y a tiempo encerrado.

y no olvido
reciclar del pasado
el placer que me diste caducado.

 

jueves, 6 de octubre de 2016

Pez hembra

tengo las costillas frías
y el paladar
espeso
o denso
como la nata montada sobre la baranda.
no voy a decirme esta vez
que las cosas,
esas cosas concretas que conozco bien
están mal desde hace tiempo.
no voy a hacerles caso
no, en este momento.
necesito
sobrevivir
a las facturas de la luz, a los impuestos, a los desprendimientos,
a la quiebra, a los filamentos,
a los recuerdos maternos paternos,
a lo feo del mundo tronando en el espejo,
al hundimiento de los platos que se quedan llenos.
superar
la ausencia de unos dedos que maduran lejos
y esto,
parece normal
incluso perfecto,
pero a mí
no me parece bello

ni bueno.

necesito
arrancar de la tierra algo más que un tallo negro
y al hacerlo
que no me pidan hojas
que no me pidan viento
que no me pidan eso que no tengo.
necesito
dejar la carretera, adentrarme en el bosque
encontrar cocodrilos
nidos de mirlos
cualquier ave que recorra de norte a sur el paraíso exprimido. 

y oír voces
que entren en mi cabeza plana
por mis venas
por mis canas,
que alcancen mi costado pero no mi alma,

no hay que desenterrar sentimientos,
mi esencia es mortal
y no está
preparada para esto.


veo la baba de caracol sobre la almohada hundida en el centro,
perfumadas las telas, las sábanas
de cuando era pez pero todos pensaban
que era una niña de belleza extraña.
ahora sólo soy pez,
el mismo pez
en distinta agua.
hay tanto alquitrán sobre la mesa
que si no gana el caballo
si no lo logra ahora
caerán las promesas deshechas.


no sé si habrá otro momento para hacerlo
pero hoy toca
sobrevivir al tedio,
al río que arrastra el cadáver de algún amor fatal

por aceras habitadas
que a su paso
quedan manchadas.
hay que resistir

sin sentido
al huracán que moja los pies que ya están fríos,
porque cada hora
pasa fiel
como un perro enfermo e intranquilo,
como una esperanza que pide un dueño,
como un cuerpo pequeño
que tiene gases
y no concilia el sueño.


necesito
limar las uñas torcidas del gato,
contarme una historia, una alegría, una fantasía breve sobre el día.
ahuyentar nubes,
esta ausencia de toques dulces,
acabar la estrecha biografía en la que no hay comestibles ni bebidas.
necesito
una realidad intacta
en la que pueda dibujar seres a tres patas.

que de alguna forma
necesito

volver a la vajilla rota,
a la ropa con marcas, a la grasa en la boca.
de verás,
diles que no cierren la puerta,
te espero todavía,
es simple de explicar,

soy animal acuático
y aún recuerdo

aquel cuarto.


lunes, 26 de septiembre de 2016

A escondidas

se me da bien a escondidas seguirte la pista,
oír los relojes
reírme de las ruinas en descomposición de varios días,
envolverme en un trapo
mascar el aroma a salitre entre los labios.
se me da bien a escondidas
doblarme sobre el vientre
espirar a sorbos cobardía
comer con los gatos latas de un manjar graso una medicina,
sentarme en las bolsas de plástico
hacer globos con nombres de supermercado de lavandería
y volar sobre la tierra amarilla

sin ser vista,
y deshacerme del lastre entregada a la noche
al ciclo vulgar sideral en pleno mediodía.


se me da bien a escondidas
ahorcarme por amor como fiel heroína,
subir las escaleras del castillo y partirme de risa,
disfrutar del insecto atrapado entre mis párpados,

del ojo que a veces me domina
cuando el mundo es una imagen simple
absurda
o burda
de mí misma.
se me da bien preparar la comida a escondidas sin encender un fuego
sin colocar los platos sin secar la vajilla,
comer sobre el neumático gastado de la víspera
y simular tu voz
en un disco rayado que por favor
se repita.


se me da bien odiarte hasta que empiezo
de nuevo
a venerarte,
doblar mis vertebras con escasa alegría
sentir mi carne cruda
esa oscura belleza que arranca la luz a las cerillas también a las bombillas,
y plantar mi cara en el cristal redondo
y sonreír con agujas clavadas con la pupila fría.
se me da bien a escondidas
matar el tiempo
asesinar manecillas
después de planear la coartada perfecta para seguir viva,
sé deshacerme del cuerpo
de sus números perfectos y momentos
y no cavo una fosa
porque el hielo muere solo si es caliente la guarida.


a escondidas
llevo mal llorar porque me siento una perdiz perseguida

ahogada en tus públicas habilidades
tus tiernas maravillas,
ya no tengo ganas de pintarme la cara con golondrinas.
entre lágrimas
me siento una digna cucaracha más en la cocina,
la víctima de una injusticia,
otra gota perpleja que resbala hacia su desintegración tras la caída.
y no quiero consuelo
porque si alguien me consuela se me da fatal seguirte la pista,
por eso dejo que descarrilen
uno a uno
los gusanos de la manzana bendita,
el cerebro cargado de cerezos,
los óvulos entrenados para salir a la pista,
y quito las pinzas a la ropa tendida
y la veo descender limpia, suicida, por la fachada hasta la acera vecina.
a escondidas
ser
no se me da bien,
pero prefiero el hambre a dejarme saciar con la rutina,
la sed a recoger tus propinas,
y no quiero saber
no quiero hacer
no quiero decir
no quiero leer nada más
en lo que reste del día.





viernes, 16 de septiembre de 2016

breve sentimiento

algo miente
y yo
yo lo creo
como una niña de calcetines de uniforme azul marino
y lo sigo
por las curvas rectas de intestinos rígidos perforados llenos de afilados vidrios,
por los días idénticos
por el ciego paraíso donde pierdo la cabeza
este infierno del amor
el miedo al limbo al peligro.


algo como tu risa
miente.
y es plastilina tu cara frente a la mía
arcilla barro tierra mojada sin corazón ni vida que la defina.
y es absurdo el deseo
como lo es
el derribo de todos los clavos que nos pone el temor a ser distintos.
voy pálida
ajada de utopías tan falsas como la verdad que las guía.
dime que estuve
dime por tu dios que me viste
que estuviste esperando sobre la alfombra torcida del día.
no importa la miseria con sus pasos rancios ni las camas de amargos brazos
dime que no es verdad que te cansaste.


porque aunque no compartas conmigo ni un poro de tu cuerpo
quiero que me digas
por tu dios invisible que no siento
que nunca fui lo suficientemente cálida para inspirar tus versos,
así arderé tranquila en la hoguera de mi pecho
seré la llama eterna el candil perpetuo.
dime que nunca
ni una hora de aguas movedizas fui un vaso para tus besos,
así viviré dormida
tachando fechas
rompiendo páginas amarillas que extiende el calendario en la cocina.


ni a ratos
fuimos dos fieles gatos
mirlos que se persiguen por cuerdas flojas para lamerse uno a otro las costras.
y ya noto

que en el hueco de mis huesos me late un corazón en parto y sin reposo.
en este minuto

la tarde se estanca en las calles
forma charcos lagos,
dentro hay una diosa rota que por no verme vencida
se bebe con suavidad mí
derrota conmovida.





lunes, 29 de agosto de 2016

pequeñas muertes

te espera con nombre propio la nada azucarada
te toca el pelo, la cara
te corrige la falda.
la nada te mira desde su asiento de paja,
musa que engorda en su colchón de plata y hojalata.


te pellizca la piel
te hinca la uña
te estira las mangas de la blusa arrugada.
te parece que la nada aguarda borracha y perturbada,
tal vez, porque vencida por los nervios
entiendes
que todo lo olvidado retorna al sótano de los engaños.


vuelves a ser
el ave con plumas de mujer que abandona el nido,
que muerde la madera de la puerta,
el ratón que llega a casa y conoce las trampas, las respuestas
la luz lunar en la cárcel de los tiempos impuestos
de los techos negros.


llegas al lugar donde estrellas golpeadas
se convierten en diosas blandas que amamantan de madrugada
a los críos sueltos por las plazas,
donde el gorrión que canta
tiene un tiburón blanco dentro de su jaula
y antes de dormir, lo acuna con su voz y lo calma.


vuelves,
muñeca de pecho hundido,
a la falta de arena en las macetas que a veces parecen muertas,
a la ausencia de campanas
de guirnaldas
de cristales de colores en las playas.
contigo vuelven las risas que suenan forzadas
porque la nada sabe que el mundo no se acaba en tu desgana,

serás de nuevo
la madre que levanta la persiana en la mañana.


la nada tan indispuesta
tan ella, tan tú, tan opuesta,
deshaciendo la cama, te llama y te increpa.
suena un latido fuera de tu cuerpo,
dos crujidos confundidos que te cede gratis el destino.
los mapas dan lluvias
chubascos
viento de componente sur
cielo despejado después del anuncio de guerra y pactos.


no hay años fáciles,
no hay rezo,

no hay cura para el náufrago sin caricias recientes ni pétalos suficientes.
si entras en casa
verás descuidados en la mesa los jazmines que antes de marcharte regaste.
podrías negarte
no volver al gris, al dorado desastre,
pero creo que vienes para llevarte por delante
las pequeñas muertes,
la del fracaso de ser pan, de saciar el amor y el hambre,
la del mar cobarde en el que no supiste ahogarte,
la de tu impropio arte,
en realidad,

la de nadie.

la nada te espera
la nada tan fea y
tan bella,
la nada que endulzará tu mejilla
y hará que resucites viva

en algún paraje
con opciones de huida.






domingo, 21 de agosto de 2016

el rescate

cuando miras su nuca
tienes una flecha curva al sur del corazón
y otra en la boca que apunta al norte peligrosa,
tienes
una peca
un lunar
un toque
que se incendia, se descuelga
que se cae como un alud sobre la ropa,
la ropa
que encontrarás manchada guardada
entre la limpia y planchada.
tienes las entrañas cocidas hervidas consumidas
las pestañas perdidas, las uñas comidas
las manos confundidas por el tacto viciado de las cosas amadas
odiadas
hermosas
vanidosas.
tienes la suavidad partida de la gota que explota
y apenas
se te nota.


cuando le miras
te enredas con el miedo, con la medusa del pelo
y borras el teléfono extraño al que llamaste
hasta que suena otra vez la destrucción sofocante de días sin hablarte,
entonces

nace esa enferma esperanza ilimitada
que esconde el rezo de una mujer sola en la mañana,
escapan amapolas muertas
por la galería estrecha de tu puerta.


cuando miras su nuca
ruedan rígidas perlas como rocas siniestras por tus cansadas piernas,
crecen en la garganta los nardos cortados

y andan trenes averiados sobre un raíl picado en tu costado.
miras

y haces girar en el eje de tu ombligo
el único mundo que aún para ti

tiene sentido,
el único
que sigue vivo.


habrá siempre una despedida,
una verdad a medias que te deja con las diosas ebrias,
siempre cáscaras de ti entre bolsas negras debajo la mesa.
sabes que no eres no serás
que te da igual ser o no ser su elección perfecta.
pero te asusta
tu cara vacía en el espejo, tus ojos detenidos
los ruidos simples, las voces callejeras que llegan
las cajas de cartón, las botellas de plástico que alguien prensa.
te asusta
tu latido extravagante ajeno delirante
la vibración irregular de tu cuerpo cuando la nada dominante lo tensa.
en realidad,
te asusta la vida rota
aunque apenas
se te nota.


cuando no miras,
te lavas la cara sin encender la luz
sin vencer al olvido que te da muerte a diario en el pasillo.
tu cerebro lo habita un estruendo
tu cuerpo un silencio
tus ojos un maldito universo de cuentos.
miras

porque desde hace años
otro te arrastra por un paraíso desierto hacia un cielo hueco
idéntico a un infierno lleno,
porque el alma pierde con la luz solar pétalos y misterios,
porque en el rebaño nadie te echará de menos.
por eso
con los huesos a medio camino, a medio devorar por el estío,
buscas mirando su nuca
una peca
un lunar
un toque
que no rescatarás nunca.




 

lunes, 8 de agosto de 2016

edad adulta

hay minutos
porque
la belleza se agría en las cañerías húmedas
como un fracaso grato que entra de costado
en un cuerpo cualquiera y delicado.

hay horas
porque
un niño escondido
en el pecho delgado de una mujer
descubre en un segundo
a una niña escondida
en el vientre de un hombre vagabundo.

hay semanas
porque
sorprendidos,
ambos regresan púdicos al regazo
a la seguridad del ocaso
como dos pecios vecinos
dos náufragos conocidos
dos refugiados del absurdo que a punto de tocar la felicidad
les cae la realidad del mundo.

hay meses
porque
en su interior nocturno
la niña se golpea con el pasado de alguien
con pedazos de algo, trozos de algas, y sangra.
porque
pone un par de gotas serenas
en la histeria del castillo cedido a la arena,
en el corazón roto lanzado al ganado en la verbena,
en la sangre de la herencia
que le hicieron tragar a la fuerza.
hay años
porque
castradas sus rodillas rojas
aún sueñan dentro del vacío con un latido presente
y diferente,
con el pulso de un adulto sin temor a la muerte.
porque
aunque cojea en sus ropas
toca la luna llena
y regresa con sus párpados rasos al rostro intacto,
aquel que en un segundo
miró desde otra piel la estela masculina
de su esfinge fina.

hay décadas
porque
el niño duerme en su oquedad como un lobo amenazado de guerra
las manos en alerta
las armas cerca.
porque
al dejar a la niña que también huía
surgió la tristeza
la apatía,
notó tensarse una antigua pereza,
sintió en el limbo del abismo
la sombra de unas sábanas usadas vendando su cabeza.
hay siglos
porque
la sociedad regulada
agita el dolor del torso femenino que le alberga,
araña la ilusión creciente, la pasión reciente
calienta las olas frescas y las ahuyenta.
porque
el dinero
aflige con fieras abejas la tibia lucidez de sus presas.

hay tiempo
porque
no hay instante ni locura ni dulzura
que una
al niño que a la mujer acoge
con la niña que protege al hombre.

 

miércoles, 27 de julio de 2016

con quién

con él a cuestas
conmigo
con el silencio enmohecido a pedazos,
la leche agria en un pecho,
la bebida
fermentando.
mi infierno con el cartel de cerrado
tu hielo quemándome el cerebro
fuera es casi negro
blanco o casi dentro.
con quién
con este cielo azul donde enterrar lo muerto
el corazón cocido calcinado
el dedo del ayer sobre la llaga fresca del pasado
con el dolor del estambre quebrado entre miles de estambres intactos.

con él a cuestas
con él
con el nido destrozado en la hierba,
el tacto de tu polvo negro en nubes de algodón hueco.
sigo con un pétalo sobre el ombligo
esperando
sobre un sofá sin brío lleno de sombras de terciopelo frío,
sigo
con un mal libro entre las piernas abierto.
salpico de desechos lo perfecto,
pido disculpas
pido que el aire sepulte mis dudas
me eche en la cuna
no se olvide de levantarme cuando salga la luna,
cuando las estatuas se corten el pelo
los amantes se enreden
los borrachos casados se recuesten en la paz de caderas ligeras
y los perros flacos del callejón vencido se liberan.

conmigo
con él a cuestas
subo los escalones de piedra hacia la mesa puesta.
debajo del mantel marcas de flechas que pinchan
que envenenan.
restos de caducidad, el pescado al horno que no toco,
picoteo letras sin pareja en la maleza.
y mastico
con un cuchillo largo en la mano,
con los nervios blandos, el tenedor en el plato
los ojos goteando.
como como como lo que repta en la porcelana color tierra
redonda amarilla marrón,
como sobre un planeta.
como
con él a cuestas
esperando
ver volar tu cometa.

es la sed anunciando la extrema pobreza,
la copa de cristal que estalla en la boca seca,
el romántico otoño que no vuelve,
los besos que no se devuelven y vuelcan cualquier tarde
en el arcén sobre flores de carne.
la vida
la vida viva por todas partes,
en todas las prisas, las comidas servidas, las citas,
con quién
con él a cuestas
conmigo
con el sudor del alma abatida sin tiros ni testigos,
con un sueño feliz tirado al fondo del río.
no salvamos nada de la maleta
del paraíso crecido del roce de su vientre con el mío.
ahora
el amor es un cemento duro gris fosa es humo color soga,
unas ruedas deshechas llenas de intentos de pérdidas que se soportan.
y en verdad
lo que hubiese querido,
lo que había pedido,
era subir la cuesta, hacer el camino
no con él
contigo.
aunque quizás no habría podido,
no contigo
conmigo.




                                              

lunes, 18 de julio de 2016

oro viejo

han cambiado tus manos,
lo sé cuando te toco.
hueles a lo que deja el verano
enterrado,
a suelo encerado,
a veneno sagrado.
no me crees cuando te digo que ya no está ninguna,
ni una de ellas.

aún retienes sus sombras,
permites curvas oscuras en las horas,
fantasmas que consiguen que regreses
como hacías entonces
desnudo y de repente al cuarto abonado,
al lecho viral
donde habías estado.


sin sonrisas
los vértices de tus labios empiezan a odiarte.
hace meses que tienes las venas vacías,
los ganglios hinchados,
lo sé cuando te toco

sin prisa.
hoy
tu encanto está apagado,
el pasado clavado y el presente
en carne herida pero viva,
y te sientas delante de los días como quien espera la bala prometida.
te han desplumado

como siempre
en la misma curva de la misma avenida,
por eso

subes al tendido eléctrico y llamas a una mujer
con tu voz fundida.


conoces la victoria de la vida perdida,
el error,
el falso maestro,
el único caballero candidato a limpiar el desierto,
eres el conductor,
el piloto en barrena que invoca un cuerpo
en el descenso.


quieres enlazar tus dedos
con los dedos que crea el ocaso,
porque sabes

que no encontrarás una boca que te haga caso.
yo voy a verte,
sólo a veces, voy a verte,
y veo la celda abierta
y tú dentro
hirviendo con viento lento
tus ofrendas.
y el vaso que me sirves se rompe al agarrarlo,
mueves tus glóbulos negros,
se comen los míos blancos.

en nuestro silencio,
soy un mal aprendiz del lenguaje de tus párpados blandos,
cuando
cantas la nana del genio oxidado como un gorrión asustado,
cuando me enseñas

ese femenino olor de los abrazos dados,
y el verso libre de los nadies que no aceptan
el falso papel de ser alguien.

contigo,
me he acostumbrado a la marea baja
y al cielo seco

donde buscamos otras veces oro viejo.
acerco mi mejilla al pomo de tu puerta,
y grito tu nombre
con fuerza,
y nadie
ni siquiera tú, dentro de la casa
me contesta.





 

sábado, 25 de junio de 2016

una vez cada nunca

una vez cada nunca
supe
lo que no supe nunca,
que no tendría fuerzas
para escribir tu nombre
ni en mi puerta,
que iba a dejar todo por hacer
que no creería en la pasión

ni en la destreza,
que desharía la cama
sola
en penitencia
y alguna vez
asustada del rancio olor
a oquedad
en las telas.
una vez cada nunca
pensé que superaría
despierta
los clavos de la lengua,
el mal de no haberte tenido
ni un gélido día
de mi vida
ni siquiera cerca.
todo sabe
a la esencia que se pudre
con la esperanza
que a la nada espera.


no han tenido que pasar muchos años
para que los dedos escriban
de una cavidad

de una mujer
que no quiere ser ella,
de lo que siempre
acabo conociendo a medias,
de lo que no me preocupa,
de lo que no quiero
que me ocupe nunca,
de esto que soy yo
de lo que también no soy
pero

no tienes culpa.
una vez cada nunca
el ser humano descubre
que no sólo

los ojos lloran
ni sólo el corazón salta del pecho
cuando cree que hay otro
que lo busca.
todo esto es la patada de un dios triste
que aparta de su lado
su creación más simple.


una vez cada nunca
supe
lo que no supe nunca,
que soy una piedra más
de un maldito universo
o de un bendito hormiguero,
que no quiero salvarme
que no puedes sanarme
y que no quiero sacarte de tu dicha,
pero no puedo
perderte de vista,
que soy un corredor sin fondo
que acaba de caer
de entender
que no llegará vivo a la meta,
que importa poco

que este alma y esta carne
perezcan,
porque al final,
no podré evitar
que a la semilla negra
por débil
la trague la tierra,
y no habrá
flor ni fruto
que la sucedan.
una vez cada nunca
entro en la jaula,
doy de comer a las fieras
y acabo
encerrada con ellas.





martes, 14 de junio de 2016

hacía

yo hacía esas cosas,
casi siempre
mareada de trabajarme las sombras hasta las pupilas
hasta pulirlas
con la cabeza colgada del cuello
mal asida.
metía en la lavadora mi cuerpo
y esa sopa extraña del día
contigo y conmigo,
aquel tambor
comenzaba a dar vueltas
cargado de rabia y saliva.


yo hacía esas cosas,
faltara lo que faltase que debiera estar ahí
por ti o por mí,
yo iba a tientas por las tiendas
sin poder encontrar lo que había en ellas,
luego
rasgaba la lista de objetos perdidos
la hundía con mis manos
hasta el fondo del primer cubo vacío
que olía
como huelen los que no saben qué hacer con la mentira,
como yo
allí y todavía.


yo hacía esas cosas
y a veces

era un relato triste
por qué no,
como triste es
que mueran las moscas sin entierros
que salga el arcoíris por encima de los necios
que la miseria condene a los héroes que no llegan a hacer nada serio.
qué sucio estaba el aire
lo recuerdo,
cómo eran aquellos días
con mi bolsa rota
fluyendo nuestro mar por mi vagina
gota a gota,
cómo era aquel color oculto en la parte obscura de la roca
pegado como un chicle
a la piel rosa.


yo hacía esas cosas
y sólo me gustaba pisar descalza el lado más tranquilo
de las horas,
y sentada como un perro frente a una cortina
respirar sin prisa,
como una gata que se estira y se vuelve contenta a su rutina.
hacía esto
y pocas cosas más,
desordenaba mi pelo con la horquilla,
vomitaba sobre los tacones y las faldas de cualquier chica fina,
dejaba el maquillaje sin abrir rugiendo en la mesilla,
la cara que llevaba
seguro, era la mía.
descubrí esa feminidad
de las cosas olvidadas y prohibidas.


yo hacía esas cosas
buscaba la lengua suelta de un amanecer a la salida
también tu risa,
cosas simples,
como llegar a casa y encontrar tu soledad dormida,
como aprovechar las lágrimas para lavar la vajilla,
cosas de todos los días.
era tan tímida
que apenas me entendía con la vida.
cuando el miedo corría asustado a meterse conmigo en la guarida
pensaba en las cosas sencillas que hacía,
antes
y tal vez
todavía.





 

sábado, 11 de junio de 2016

la cornada

no caben más horas cómo ésta,
no es tristeza lo que viene
fue tristeza lo que hubo antes
lo que queda,
pero puedes ponerle otro nombre,
llámalo como quieras.


el tallo de la flor carnosa
es punzante,
entra entero por la espalda al pecho
y se abre,
y se hace hambre o silencio.
y cuando la debilidad es muda
pasas noches completas
dentro del agua
flotando como una niña en la bruma,

y cuando oyes tan cerca
las risas del otro
caes por el lado empapado del otoño.


dentro del parque
los árboles te alcanzan,

atan con sus ramas tu escapada,
es verte y saber

que en tus hombros cansados
no descansan las manos.
verte y saber

que por miedo al invierno
has cedido tu cuerpo ligero al fuego.
y ya no es tuyo,
lo has entregado al humo
a las brasas
al dulce caos humano que lo reclama.


te inclinas sin disimulo y paras,
pero nadie se percata,
el día está lleno de gente que se inclina y anda.
tienes tu calma abierta
en esta escena que muere sin reglas

bajo un sol de tormenta.
y recuerdas que debes todavía
cerrar las grietas,
coser las velas,

curar las costras de las últimas bromas
cuando al final
quedan las telas sucias y desiertas,
cuando la vida es encontrar la estrella fugaz
con quien poder dormir

y quizás soñar
sin estar alerta.


todos creen que es un día normal
pero no habrá otro desastre como éste
ni otra fortuna.
todo lo que venga será diferente.
la hoja del calendario no se detiene.
por ahora

no serás derrumbada ni derrotada,
es sólo una nueva cornada,
y está vez,
perfectamente dada.



sábado, 4 de junio de 2016

un bocado más

ya ves
todavía aquí
no pierdo la esperanza
por si es verdad que existe,
y tal vez
valga un par de esperas
o alguna más,
tal vez
valga la ronda
que estoy pagando.
él allí
tú aquí
y ella,
ella todavía escribiendo
por si alguna vez
la poesía
esa vieja loba perfumada
que con todos cabalga
se acerca a devorarla.

ya ves
ha aparecido tu cara en el espejo
desordenada,
ya sabes
cualquier excusa es buena
para encerrarla.
esa expresión tuya como de lluvia ácida.
dedícame una flor desde el cristal,
un clásico gesto de amor
entre dos
que no se aman.
ya ves
la fiesta no es aquí
es en la planta baja,
si prestas atención
oirás flautas y gaitas
algún acordeón y seguro,
su guitarra,
la de él,
él, que toca sin saber
que lloré tibiamente en la butaca.

ya ves
tantas plantas de interior ahogadas en agua,
tanta necesidad de vender la fruta pelada,
tanto pesar la carne para comértela luego
sin ganas.
qué extraño
en la muerte nos encontramos
y en la vida nos separamos,
dejándolo todo a medias.
no sé cómo encajar esta risa a medias,
qué hacer
con esta media amistad
con esta media atracción
con esta obsesión a medias.
voy a hacer un revuelto de setas
algo que no me guste
para dejarlo en la mesa.

ya ves
todavía
no pierdo la esperanza
pero estoy a dos cuadras de perderla,
llevo derramando sangre como una fiera
desde que el dulce porvenir
llamó a mi puerta.
ellos aquí
vosotros allí
y ella,
ella todavía mal viviendo
mal comiendo
malgastando sus cuatro cuartos
para de puntillas
y con la yemas de los dedos
tocar la gloria de vivir
deshecha.
Pero tú a lo tuyo
que la fiesta está abajo
y aún
no ha acabado,
no sé si te esperan
pero te presentas y dices que eres tú,
seguro encuentras
una dama abierta
que escriba poesía o que la lea.

ya ves
deja las golosinas sobre la arena
que habrá una marca redonda al cogerlas,
y a mí
me gustan las huellas
de las cosas pequeñas.
todavía aquí
ya ves
con el estómago hinchado de promesas,
ésas muertas de amor
que llenan manicomios
salas de embarque
y la chabola más pobre de la tierra.
tal vez
valga la pena un par de esperas
si la vida al final
nos da un bocado más
para que ella,
arranque al verso
el beso
que nos queda.


martes, 24 de mayo de 2016

cuentos vivos

te cuento que
no hay nada
como incubarlo entre los brazos
pero no mirarlo
no abrazarlo
sólo querer tenerlo entre las manos
retenerlo
y llegado el momento,
soltarlo
momificarlo
o enterrarlo.

darle otra vida
allí donde la tierra es azul
y el mar marrón o verde como la tierra antaño,
allí
donde las gaviotas siguen llegando,
donde el polen se acumula
debajo de las ingles del parado,
de los pies desnudos
rasgados.
nada como sentirse humano
sólo
porque está a tu lado,
porque estás a su lado,
porque has sido arrancada de un puerto de barrio
con olor a tango apretado
lúgubre y tosco
pero con ese ritmo tierno y ronco.
por eso
te cuento este relato
porque
viviendo a su costado
no sangra la costra del cuerpo
ni es rojo el ocaso
y el amanecer barre con cuidado
el cadáver de un invierno
que pudo aplastarnos.

a estas horas
apenas hago un movimiento
para no despertarlo.
me duele la cadera,
los hombros,
las células del amor
y el bazo.
pero no me muevo
para no inquietarlo.
para muchos soy la esclava
para otros,
la firme candidata a perder la batalla.
creo que ni unos ni otros
saben de qué hablan.
cuando se tiene algo como esto,
no cabe un pensamiento sólido
que perturbe
el sueño.

no espero que vengas a verlo
no hay tiempo,
por eso
te lo cuento.
se está yendo.
hoy
es calor y hielo,
es una habitación con persianas echadas,
un párpado que no muestra el intenso ardor de su mirada.
sin embargo
no hay nada como sostener su duelo
su derrota en mis dedos,
unirlo al instante con un simple alfiler
y amarlo
como a ti antes.
voy a ducharlo en el mar,
a este fósil de ciudad con nombre borrado
que no reclama nadie,
y gastar el minuto final de los mortales,
ese minuto en que se acepta
que la vida se va sin darnos cuenta.
voy a acunarlo
a cuidarlo
a mimarlo
a besarlo
porque no puedo salvarlo.
no me digas que lo suelte
sólo a ti te dejé
y te cuento,
no voy a olvidarlo.