mejorlavidasimple

mejorlavidasimple

lunes, 21 de julio de 2014

Sobras que faltan

Me sobra mi nombre si no lo pronuncias,
cómo decírtelo,
me sobra la piel que transporto
si no cae sobre ella alguno de tus huecos.
Me sobra el calor del pecho calcinado,
la rabia de vivir sin ti,
sabiendo que en algún lugar vedado,
callas.
Cómo decírtelo,
no sabrás nada de mí si no te acercas
si no quiebras la paz que nos separa,
si no recoges lo que de mí,
resta.
Tus cuartos de arena en la jungla urbana
los destruye la lengua inquieta del silencio,
la capa de color rasgada en la pared gastada,
la inercia del miedo que me asalta a la entrada,
el ruido atronador de una calma lisiada y agotada.
Cómo te diría,
me sobra esta ternura que condenas a cadena perpetua,
las sonrisas blandas que acaban encaladas y enterradas, 
me sobra esta espera
que te confieso, mi dolor, se me clava.
La vida que me dejas
es piedra exiliada en un mapa desierto,
es papel tachado en el último verso,
la llave falsa que no abre y no reclamas,
la ropa que duele antes de ponerla, después de usada.
Me sobran las horas limpias sin llamadas,
el olvido que dejo a fuego lento dentro de casa,
las fotos que me firmas a los pies del alba.
Me sobra la noche,
las manos cerradas en la penumbra precaria,
el día sereno cubierto de mentiras y escamas.
Cómo decírtelo,
cuanto más huyo de ti, más encallo,
cuanto más te evito, más me agarras,
cuanto menos pienso, más te siento.
Me sobra tu nombre en el mundo que habito
si no puedo acercarlo a mis labios
sin que un temblor nocivo me cobije.
Me sobra, y esto cuesta aceptarlo, tu mirada
desde unos ojos sin párpados,
esa lanza tajante que disparas
sobre mi cuerpo entregado en retirada.
Cómo decirte,
que me asedian las balas, y no logro esquivarlas,
que las sobras me faltan,
que me alejo de ti, antes de armarnos,
sin mencionarte nada.

sábado, 12 de julio de 2014

Falsificaciones

Antes de acostarse falsificó su vientre,
el dolor del costado, el golpe de sus dientes,
el aguijón de saberse durmiendo justo,
donde no debe,
usó la camiseta para vestir la noche,
y cantó con murmullos una nana de aire,
un verso sin ternura,

una estrofa tachada entre cristales.
Falsificó su cuerpo tibio y agotado,
esas líneas hinchadas de sus manos,
sus uñas desiguales y arrugadas.
Cambió los libros, sin guión para abrirlos,
miró la ropa usada que se pondría mañana,
colores plata pobre, verde marea brava.
Y antes de descender,
falsificó momentos y finales,
no quiso dejar huella
de aquella rabia suya sin defensas.
Quitó las etiquetas de las puertas,
borró las gotas negras
suyas, de quien fueran,
que marcaban de penas las aceras.
Durmió sin descansar
con los ojos cegados, con las venas abiertas,
siguiendo el movimiento
de órganos que sólo en el silencio,
se despiertan.
La madera mordía en otra habitación
rutinas del amor adormecidas,
cuando un golpe de muelas disparó la alerta,
la descarga química, el huracán de telas,
y los mismos colmillos de siempre
rasgaron su melena,
las telas del salón, la inútil certeza,
el plomo se filtró por cada brecha,
sopló en su oído, se acostó con ella.
El alba no llegaba,

el tiempo había muerto,
las horas que debían de ser claras, no lo eran,
el hielo se arrastraba entre la vida terca.
Y falsificó la luz, el rayo en la persiana,

el calor solar,
la vida en el cristal de la ventana,

y respiró tranquila,
no supo que vendría el eco de su voz
también de día.