mejorlavidasimple

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miércoles, 30 de abril de 2014

Luna niebla

No es verdad, que pueda detener
en el aire
esa gota que el grifo desecha,
esa lágrima dulce y clorada,
ese mar de cielo contenido
habitado y único.
Nada, ni siquiera el pulso en tu garganta
me es ajeno,
ni la playa inmensa de espacios de reposo
que es tu cuerpo,
sea el primero o el último en que anides.
Es falso, lo sé, que puedas recorrer
esta calle conmigo,
a esa hora del viento en los rezos,
del miedo de la presa
entre redes o rejas,
cuando cedo mi turno en los buzones
a cúmulos de polen y recados,
cuando el día sin ruido
se repliega,
cuando empeño a usureros
mis finales felices,
las perlas azuladas de mendigas princesas,
los abrazos que doy o que recibo,
las estrellas fugaces, las huérfanas,
la ruta del río por parajes yermos.
Nada, ni siquiera un pálpito en tus sienes
me es ajeno,
como si en este asfalto, este universo,
de pisadas de piedra, de mundos por nacer,
de medios absolutos y obsoletos,
algo tuyo hubiese despejado
con una luna suave
el humo de un temblor,
mi niebla.

jueves, 3 de abril de 2014

Sin darme apenas cuenta

Sin darme cuenta, te sigo,
entre gruesos troncos de selvas desiertas,
por cubos de basura, y atardeceres

llenos de fisuras y tristezas.
Y ya no espero
ni un breve triunfo,
ni una gloria.
Te sigo, porque al dejarte,
el papel que te escribí regresó

miles de veces a mis piernas,
con huracanes, credos perforados,
sombras sin paredes ni suelos
que protejan.
Y ya no espero
ni un soplo en la mejilla,

ni una flor en la mesa.
Por mi pupila cruzó anoche
la más famélica promesa,
pero me recogí el pelo,
y abandoné el barco

antes de lamentar otra pérdida.
Soy mal capitán de mis días,

lo sé,
con este amor de mar
que reconstruye mis ruinas,
pero no las habita.
Mis horas dejan migas
por calles que conoces
y no tropiezo contigo,

y acabo en un bar
sin humo, bien decorado,
conversando con otro

sobre el placer diligente.
Y ya no espero
ni habitación de hotel,
ni hueco en tu maleta.
Vuelvo,
al lugar donde no tengo casa,
hay sol y nubes,
hay esa estela de calor
que prudente dejas a mi lado,
entre un beso imaginario

que olvidaste para otra.
Y te espero,
sin darme apenas cuenta.