mejorlavidasimple

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miércoles, 20 de noviembre de 2013

¿Para qué la noche?

¿Para qué la noche?
al menos, estas noches,
de dudas como piedras,
de diluvios eternos que borran
tu nombre en los bocetos.
No todo el aire es frío,
hay aromas que laten en la mesa,
y por tu puerta pasa
ese soplo de astro herido,
de sol que calienta.
¿Para qué la oscuridad
si no me deja verte?
Saber que nos sentamos ayer
congelando memorias,
las horas distraídas
que partieron cansadas;
quemando en el tabaco
mentiras necesarias, usadas.
Los libros nos reclaman
ecos e instantes secos,
esa angustia vencida
que estuvo acorralada;
nunca nadie es eterno.
La noche y sus armarios,
cartones y reproches,
ascensores que esperan,
amores que se vengan,
bancos desubicados
con clavos oxidados.
En noches como ésta,
tus ojos quedan quietos, serenos,
pendientes del reloj y del invierno,
de esa puerta cerrada
sin sonido de llaves que la abra.
Se buscan caracolas sueltas,
me miras,
en la tierra abonada.

sábado, 16 de noviembre de 2013

No siempre

No siempre
tendí la ropa con estas esperanzas
empapadas en alcohol y quimeras,
estirando las puntas,
revisando las manchas
que estuvieron
que parecen seguir estando.
No siempre
te eché de menos con tanta rabia,
entre pinzas que no agarran
y la blusa blanca mojada
que lleve el día
que no logré encontrarte.
Escurro con fuerza tibia
el nudo de tejidos y palabras
chorreando pequeñas ansiedades,
grandes silencios y culpas,
esa cínica certeza
de que mis manos no logran
arrancar un paso al infinito.
No siempre
llené el barreño hasta inundarlo
con deseos muertos de oleajes,
voy hacia las cuerdas
para ejecutar sin garantías
esta ternura vestida
de lavanda y suavizante.
Tengo aroma de colada,
de sombras y refugios frescos,
balcones con cortinas sin puertas,
alas cargadas
de crisis y maletas.
No siempre
sequé en la azotea,
en puerto y ocaso disponible
tantas ganas caladas
de prendas delicadas.

lunes, 4 de noviembre de 2013

La ropa cuando amanezco

Amanezco sin prisa,
lejana para el día que comienza,
conquista a sorbos cortos
del pulso que ingresa tarde
por calles abiertas, despiertas,
por esquinas rotas del cuerpo.
Estiro la ropa sin verla,
sabiendo que te quedas
en los contornos planos,
en las hojas frías y firmadas
por dedos que fueron
libres y presos.
Siento la acústica perfecta de la noche,
y ordeno el pelo en la nuca,
no hay horquillas cerca,
lo absuelvo de nuevo
sin preguntas.
Aún quedan en las telas
los restos de otros nombres,
las horas pasadas e inquietas,
ese olor secreto,
náufrago y hundido
lejos del bar que frecuento.
No hay mar en este cuarto
de muebles falsos,
ni fotos con recuerdos,
ni mensajes de voz por teléfono,
pero nos vemos aquí,
nos buscamos tal vez,
en el musgo de un paisaje,
o en el gris de Madrid
dentro o fuera del metro.