mejorlavidasimple

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sábado, 26 de octubre de 2013

Como bandidos

Qué perdemos
si indefinidos entre errores y aciertos
marcamos una cita en el tiempo,
cualquiera que sea el color que uses,
el número de la fortuna y la luna llena
no dejará la noche abandonada.
Qué perdemos
cuando tengamos que abrir la puerta
y encontrarnos,
sonando en los labios cerrados
nuestros nombres.
Tantos días de cruzar miradas como bandidos,
robándonos la cama
cuando en la oscuridad se hiberna,
horas de perseguir al otro en cada gesto,
de hogueras repentinas
en la puerta del templo.
Tantas reservas formales
con la comida fría que no gozamos.
Qué perdemos, dime,
si viramos juntos una madrugada,
antes de que vengan a buscarnos,
porque vendrán, no lo dudes,
ya no somos jóvenes.
Lo que hay, no puede ser en vano,
salvo que dejes el vaso en la barra,
y yo decida no seguirte,
entonces,
tanto abrazo maduro en las ramas,
irá cayendo, por el viento.


jueves, 24 de octubre de 2013

Un lugar en el bar

Lo que soy es un libro
de huellas que sujeta mi frente,
sucia de largas horas de viaje,
del polvo rojo del camino
que dejamos atrás.
Ese reflejo del alma, esa luz verde
de la pupila fina que reinventa,
que tiene confinados
la suerte y lo ausente.
Lo que siento está dicho por ti
y navega en la mesa del bar,
marcada de café y de vino tinto,
de estrellas con esquinas en la calles,
de locos tientos de amor
sin buzón ni sellos,
sin sobre ni besos.
Queda el bar para mirar
el pantalón de oficina a rayas,
el cuero del tacón,
ese ruido seco y triste de cañas,
esas monedas sueltas
en los bolsillos ralos,
como cuevas de mar,
como historias robadas.
Oigo tu voz que nunca oí
desde mi espalda,
y apoyo el mundo entero en el respaldo
cruje la silla, el pecho,
hombro con hombro,
miro la puerta abierta,
el mismo baile
de cuerpos que pasan.

jueves, 17 de octubre de 2013

Pronóstico reservado

Entras a buscar mi derrota,
entre la ropa amontonada
que dejamos horadada de abandonos.
Sin ganas de mirarte, te recibo,
oyendo tiros blandos en mi pecho
ese precipicio íntimo que cavaste
con el lodo de una noche honda,
en cama sin bazar ni aromas.
Vienes lentamente,
con esa lluvia tan tuya y tan fina
de placeres y mujeres, llena de lanzas.
Sin ganas de abrazarte, te saludo,
y observas sin muecas
el frente frío que cruza mi costa,
pronóstico de días reservado
al libro que ha de llegar cerrado.
Soy tormenta de dudas
en un horizonte preso,
y pluma en el tintero
con la punta mojada en oro negro.
Sin ganas de escucharte, te miro,
hay en tus labios secos,
un mal de navegante que regresa
a una casa con cuarto sin misterio,
no entiende la nieve en las cortinas,
tanta calma instalada
después del crudo infierno.

jueves, 10 de octubre de 2013

Silueta de una noche austral

En los ladridos nocturnos,
algo teje mi cuerpo junto al tuyo,
a ese sueño que de tí conservo,
roto y malherido, profundo.
Descoso lento el corazón dañado
sumida en mi silencio,
que es derrota y calma,
mujer infiel sin batalla, ni escudo.
Olvidas mi presencia rasa,
y el aire que destapa la caricia,
sigues allí en el desierto frío,
mientras purgas mi afecto,
de malos pensamientos,
de desvíos.
Es mejor que me aleje,
a paso torpe, difícil,
como quien no quiere y no puede;
entra niebla bajo la puerta cerrada,
y el día de estrellas vanas,
de esperas prematuras e infundadas,
por fin,
se apaga.
No me senté a tu lado,
ni hubo marca del vaso en la madera,
la noche austral trae ecos sueltos,
mosquitos, promesas,
ruido de trenes y taquillas yermas,
adoquines que aguantan
ese peso insoportable del deseo.
Nadie teje ya,
sólo el amanecer, los ojos negros,
los pies descalzos, la ropa y sus girones,
la carencia,
se acerca lo diminuto y perfecto.