mejorlavidasimple

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sábado, 31 de agosto de 2013

Tierra de sabios imperfectos

Vuelve hacia mí su rostro
la cara frágil, noctámbula,
un grabado de surcos, desteñido
de acantilados afilados
por los que el tiempo se arroja
cuando quiere morir.
Vuelve su sentido impar
hacia la mesa que ocupo,
inquieta el vaho que respiro,
el suelo que toco no parece tierra firme.
Su apagada mirada,
incuba movimientos
de débiles impulsos y reflejos.
Delante de él,
la guerra que amenaza,
la infancia recluida en tiendas de campaña,
en ojos que no duermen, que esperan.
El cuerpo nos pesa, de repente;
el suyo, es abrigo de anchos hombros
apariencia de sombra, sin sol que la proyecta,
el mío, cerrado por mal tiempo, se encoje,
soy ave de alas húmedas,
gota que cae en agua turbia.
Vuelve hacia mí su mirar de nube negra,
y sacude en lo mundano
su mantel de ruinas y protestas.
Es estela contenida, herida de un cometa,
es barco que se aleja, sin promesas,
que deja trazos de espuma entre las mesas.
Cuelga de su ropa la heroicidad reseca,
tristeza endurecida, cruza su boca.
Vuelve todo su pecho hacia mí,
su escenario hundido,
su caja ancha, radiante de secretos,
‘Te vendo un pensamiento’,
‘y el valor para dejarle’
Levanto mi vaso, desciende su cabeza,
cerramos el trato.
Le veo por última vez caminar inclinado,
hacia tierras de sabios imperfectos,
va con la frente arrugada
al encuentro de colosos y fuleros,
de dioses mediocres,
de impurezas.

domingo, 18 de agosto de 2013

Ésta, tu vida

Ésta, tu vida,
como una lanza estrecha,
inofensiva pocas veces,
que sacudo y cuido
como si fuese mía.
Maldigo esta herencia
que sin tenerla siento,
cada nota que estrellas, bendigo,
desde el litoral abierto.
Bajo corriendo la escalera,
entro en el callejón,
me pierdo adrede.
Ésta, tu ignota respuesta,
y el beso sin futuro que sueño,
siempre despierta.
No hay crema protectora
en esta tienda,
ni alivio para dudas callejeras,
ni bastón que sujete la espera
que envejece.
Cómo sería verte, me digo,
sentado en el parque que frecuento,
y miro a ratos,
las piernas que desfilan
por el suelo que conoce de destinos todo.
Aquella primera vez, pienso
no tuvo tallos verdes ni amapolas.
Peregrino por esta ciudad,
y en la puerta del teatro
nos cruzamos, ni tú ni yo somos,
el cuerpo que esperamos.
Huele a rocío denso en el barrio con ojeras,
a pólvora reciente en los portales,
a rosas secas de despedida en el puerto,
alguien cocina
ilusiones con arroz a fuego lento.
Y ésta, tu voz,
es una sombra de mujer
que no conozco
.

sábado, 10 de agosto de 2013

Me miras, desde cualquier hombre

Desde cualquier hombre,
me miras,
como cualquier ojo que arrastra
la dicha o la desgracia.
Con cualquier palabra
inquieta, impronunciable y silenciosa,
me llevas al páramo mudo
de promesas dichas a deshora.
Desde cualquier cuerpo,
me llamas,
y yo me doy la vuelta sigilosa,
dejando amor y arena entre la ropa.
Moriré una vez más
en esta acera fría,
en el sublime hueco
que devuelve la historia.
Me invitas,
desde cualquier esquina abandonada,
con un gesto corto, edulcorado,
cuando suenan las llaves,
los cierres de las tiendas,
los cuerpos disipados que regresan.
Desde cualquier ventana,
me interrogas,
colgando en los cristales
gotas de lo finito,
del día que resiste su derrota.
Moriré una vez más
en los cables urbanos,
en el rígido sobre
con remite bancario.
Desde cualquier olvido,
me rozas,
con un hoy imperfecto,
y un olor conocido,
en el asiento contiguo
del metro
.