mejorlavidasimple

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domingo, 28 de julio de 2013

Balada para el absurdo destino

Me falta coraje para vivirte
sabiendo que para dejar de ser
basta un suspiro malogrado en el destino,
aquel que nos ponga el ser en pausa eterna,
y se apropie del alma que anidamos
sin pasaporte de entrada, ni registro.
Me falta el valor para atraerte
hacia esta zona franca
cuando apenas te acercas para hablarme,
cuando a distancia te elevas en sombra
acunado por quien sabe, qué afectos o verdades.
Este espeso devenir en aguas bravas,
no deja que se conecten las huellas,
menos aún los deseos, tejidos
entre oraciones ateas y vasos bajos.
Como tantos que esperan
sus momentos y viajeros, yo te invoco,
desatando nudos de redes y tragedias,
como un retorno a sábanas planchadas
donde no hubo noches agitadas,
rodando entre nieve y horas planas.
Me falta coraje, tal vez
me sobra miedo en el vuelo diurno,
en las farolas, en las cenizas calientes 
de lo que no ocurre.
Y extiendo la brevedad del tiempo
sobre la mesa, y me echo en ella,
sintiendo las arrugas del texto
entre mi pecho y la tibia madera.
Suena un timbre en otro continente,
un silbato en una vía de tren,
y siento lentamente caer una pena,
crecer el absurdo destino
que no puede salvarse.

miércoles, 24 de julio de 2013

Soy la mujer simple

Soy la mujer simple,
que cuelga en el armario viejas odas,
dejando tras de sí la casa llena
de sillones hundidos, de calas desechas,
de horas de lectura entre suicidas,
barcos, astillas o cabales estrellas.
Soy la mujer simple,
que teme tu voz cuando descarga cerca
letras y piedras de amor ajeno
sobre el estanque en calma que atravieso;
soy aquella que regresa al vientre,
a la calle, al café oxidado y seco,
al día lluvioso sin buques en puerto, 

sin ruido de anclas que duerman solas
en el centro intangible del ensueño.
Soy la mujer simple,
que despierta luchando en la batalla,
por el angosto tramo de la llanura negra,
bajo el oscuro cielo del primer universo;
aquella que atardece
y hunde en el desierto manos frías
en busca del calor en otro cuerpo.
Soy la mujer simple,
el eco mudo, la sonrisa en un beso,
el pez dorado en cristal cerrado,
la espuma sucia de tormenta,
el color en el pétalo que tiembla,
la gota en el muro abierto,
la grieta en el tejido tenso,
la pupila que interroga,
la mesa grabada de mar,
el acantilado y la duda colgando del pelo.
Soy mujer en desorden
que la vida trae
anónima y caduca.
 

sábado, 13 de julio de 2013

Delirio de Malecón

Subes del malecón,
arrastrando un abrigo que no te pertenece.
Harta de horas diurnas, de largas calles,
de eternas redes, de mínimas aceras.
Esta noche no acabará tampoco
en el contorno que invocas
con tu leve sonrisa de mañana,
en ese frío blanco
del tiempo sin agujas de la cama.
Subes del malecón,
con un sabor pastoso en la garganta,
con besos maltratados,
con una rabia hiriente que corteja
la incómoda tristeza.
Crecen finos tentáculos que de tu pelo cuelgan,
van pasando los días,
hambrientos de otros días,
vas quedando en el fondo
sin respirar del mundo una belleza.
Eres adiós que sueña con retorno,
la última penumbra que acuna el caos,
el temblor de ese nombre
que en secreto llamas.
Subes del malecón,
como ola escondida en un bolso de mano,
como espuma que estalla en las ventanas,
con la frente alta,
con el alma arrollada.
Remolcas un abrigo que no te pertenece,
una bandera blanca sin mástil ni derrota,
una ruta que sigues en el mapa,
un titán sin cuerpo que lo acoja,
superviviente herido que descansa.
Subes del malecón,
a la espera del hijo de un hombre que no amas,
protegiendo tu vientre de dolores, de garras,
de los años que minan tu piel,

que secan tus ganas, tu mirada.
Buscas al destino entre vagas pisadas,
al dueño de la prenda
que con manso delirio
tu cuerpo enamorado, arrastra.

domingo, 7 de julio de 2013

Queda la piel del parque

Queda
un huerto seco, cobrizo,
mares sin sal por cuencas de agua dulce,
ventanas atascadas, que no abren.
Sueños de plomo sobre otros sueños,
más frágiles, más terribles y tiernos.
Este sudor de julio que resbala,
de línea a línea, sobre página vencida.
Los días caen de ramas desgastadas
en un asfalto sucio y generoso,
lleno de planes rotos, de realidades,
de cuentos inventados, de locos,
de cálidas verdades atrofiadas.
Busco una miga de paz en casi todo,
un grano de arena santa,
una pizca de cielo ebrio, turbio,
hogar de vagabundos,
de hundidos transeúntes,
casa de espíritus blandos y solos.
Queda
mi cuerpo atravesando el banco,
curvando un horizonte falto de luces,
descosiendo la historia, urdiendo sus finales.
¿Y si no voy nunca? ¿y si no vienes?
Cubre la sombra fértil,
madera apolillada y tiempo viejo,
los tintes de calima entre los dedos,
mi frente me reclama tu recuerdo.
Siguen llegando cartas al buzón de metal,
al portal en penumbra, vacío y fresco,
pero el eco que irrumpe, se silencia.
Me sacudo el calor, la tierra, la piel del parque,
te abrazo y te retengo.