mejorlavidasimple

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jueves, 30 de mayo de 2013

Ese rastro inasible

Ni un rastro,
en este bosque de ropas vacías
sin cuerpos que aniden,
que ofrezcan un destino juntos.
Ni un trazo intencionado
cruzando la calle,
o en el paso aplazado
que no llega a darse.
Quedan sombras, perfiles,
prendidos en el asfalto,
y va creciendo un eco
debilitado y ronco,
por la espera, la duda,
por la falta de abrazos.
En este espacio estrecho y agitado,
respiro la sal, lo tuyo, lo humano,
la vida como es hoy,
sin mar en calma.
Y en el encuentro tímido,
de la herida y el bálsamo,
del viento y de las hojas,
descubres una llave en casa
que no es tuya,
un camisa blanca que no usas,
un papel atrapado entre dos alas,
y ese rastro inasible
de lo que no ocurre,
de lo que no pasa.

jueves, 23 de mayo de 2013

Hoy no. Lo siento.

Hoy no. Hoy estoy,
en esta sala de espera
que conoce intimidades y derrotas,
en esta estación de trenes arrasada
por el vuelo rasante de gaviotas.
En los túneles sin aire,
hay miles de esperanzas abrazadas,
maldiciendo un mundo
que les cubre de carencias,
de ansiedades, que les ignora;
que les hace creer que entre las zarzas
habrán de amanecer claros y rosas.
Hoy no. Hoy desciendo
por las columnas uniformadas
de este periódico en verso,
y acabo imaginando otras historias,
las reales, las que a diario
acontecen en el pozo sagrado
del que sufre,
del que en este momento, llora.
Hoy no. Hoy siguen cayendo
gotas ardiendo sobre mesas vacías,
sobre manos vírgenes que mascan
una vejez que florece a destiempo.
Siguen viniendo olas y cenizas,
apagando los sueños,
para que no crezcan,
para que no se pierdan las almas
en su camino hacia el cielo.
Siguen los monstruos de la razón,
del dinero  y todos sus dueños.
Hoy no estaré. Lo siento.

martes, 21 de mayo de 2013

Qué hago aquí sin buscarte

Sopla un viento sin tequila
con sabor a tormenta.
Días de acantilados, de oquedades,
de murallas, de ilusiones novatas,
de imágenes virtuales,
de nubes, de manos ajenas.
La puerta cerrada, la soledad dentro,
el vaso limpio sobre la mesa.
Madrid queda a lo lejos.
Qué hago aquí sin buscarte.
Carga el cielo pólvora
sobre un mar tímido,
sobre el vientre del mundo
rugen los sueños,
cierra sus ojos el miedo.
Qué hago yo tan lejos.
Ando el camino, su distancia,
hablo, sonrío, comento,
pero pasas cerca,
por esas grietas del suelo,
por esos tallos verdes, dispersos,
por este raro desorden
ocupado sin ti,
pero contigo dentro.

viernes, 17 de mayo de 2013

En tu nombre y en silencio

Me visto en tu nombre y en silencio,
cuando inventas la mañana,
para hacer que me levante.
Arreglo el mundo roto entre las ropas,
mirando los detalles,
las estrellas ocultas,
las ideas errantes.
Entran sueños hundidos,
y aquel olor perenne,
en ese mar vacío de certezas,
que dejaste.
Tus ojos están, pero los míos son otros,
me detengo en la blusa,
pasaste por mi lado,
tan cerca y sin mirarme.
Descubro en los bolsillos
un miedo pávido, maquillado, cobarde,
de encontrar la carta, el invisible,
los papeles inmensos,
llenos de espuma,
muertos de cansancio y hambre.
Quiero pensar que existe
aquella duna fría que olvidaste,
en la chaqueta abierta,
en la prensa del día,
en el aire.

sábado, 11 de mayo de 2013

En el concierto, su rostro

Llegó,
del brazo de azules pensamientos,
calada del sonido húmedo del metro,
del pulso nervioso que mece en vagones
la vida y su materia.
Llegó,
le asomaban las ganas
por los bolsillos estrechos,
por el hilo impreciso de los sueños;
su alma en la letra de Saramago,
en frases que leyó a intervalos,
por estaciones pequeñas
para tanto cansancio que regresa.
En suelo y aire,
esos roces fugaces de espaldas
que se llaman y recuerdan;
voces quebradas que se insinúan
por túneles de secretos.
Llegó,
y apoyada frente a la puerta que hierve,
graba emociones, suyas y de otros;
una Blimunda en busca de voluntades,
de nubes cerradas que sus ojos atrapan.
En la boca del concierto,
sujeta el libro con un gesto involuntario,
y espera a una amiga,
sin medir el tiempo.
Toca entonces su mirada un rostro,
que distingue entre otros.
Y en el segundo más corto que recuerda,
cruzan haces los faros;
un relámpago, un golpe de tacón,
una nota fuerte y suelta.
No supo si el canje de lunas,
dió la razón al pincel de Modigliani;
pero esa chispa instantánea,
ese disparo seco
que le alcanzó indefensa,
no fue suficiente para acercarse y confesarle
que ella escribía en su blog
algún comentario, algún verso.