mejorlavidasimple

mejorlavidasimple

martes, 11 de diciembre de 2012

Calcuta

Calcuta, llegué no sé si de madrugada.
Aún estaba la ciudad en esa penumbra calurosa, que yo creí masticar.
Un olor como no se encuentra en ningún otro lugar.
La noche entremezclada con el día,
y todo lo que se desliza sobre ruedas, pitaba.
Bocinas, que salían del aeropuerto sobre taxis.
Y sin prólogos, caras finas, morenas como aceitunas,
ojos negros que pertenecen al misterio del Uno,
a la magia de cuando el hombre no existía sobre la Tierra.
El alma vaporosa, como un espíritu deslumbrado,
saltó por los cristales de mi rostro,
al encuentro de decenas de amaneceres,
a correr detrás de sus cuerpos con olor a especias, algunas rancias,
aroma de vida y muerte en las calles habitadas sin tregua.
Medio vestidos, y por entero dignos,
al trote de sus piernas delgadas,
de su pelo liso haciendo señales a la Nada.
Su exceso de fuerza, de valor, de aceptación, de humanidad.
El proyecto que venía a realizar, me pareció ínfimo.
Yo tan pequeña ante la enormidad de la vida desnuda.
En el agua marrón de Calcuta, hundí un deseo,
donde el río lava con flores y animales, sus cabellos.

viernes, 30 de noviembre de 2012

Tos y noviembre

No puedo en la tarde dibujar palomas,
no cabe en esta hora ninguna frase escrita,
todo se mueve y se transforma.
Juego las piezas blancas,
sobre los cuadros negros de la suerte.
En el tablero del mundo,
nunca parece estar la vida disponible.
Sin historias de locos,
no brotan horizontes, ni crecen utopías.
Resbala algún recuerdo
por el hueco del tronco que reposa.
Muevo las manillas del tiempo
para cambiar el nombre que recorren,
como unas manos cálidas e imperfectas,
ebrias de desencuentros y afonías.
Va cayendo esa bruma apagada,
que es la tarde a lo lejos, en retirada.
Dentro, en ese espacio del alma
que aún nos deja perplejos,
van juntándose voces desabrigadas,
miradas en éxodo permanente hacia miradas,
corazones ambulantes en transporte público.
Lo miro todo, cansada de repente;
aún existe un faro fino, luminoso.
Respiro y tropiezo.
“Pero ¿en qué va usted pensando?”
“Disculpe, es su tos de noviembre”.

lunes, 26 de noviembre de 2012

¿Y ahora?

¿Y ahora? Palabras que brotan antes de tiempo,
sobre los muros ajados de un poder que no escucha.
Amores prisioneros en cuartos de cristal,
y miradas paradas en portales cerrados.
Tormentas que suenan en tierras gastadas,
van cambiando las playas, el juego, la infancia.
¿Y ahora? Viaja mi mano despacio
por la textura fría del azulejo quebrado,
los años pasan sobre ella,
su piel más seca, más oscura,
más tensa quizás y marcada,
femenina.
¿Y ahora? Nieva sobre los tiempos verbales,
los exámenes, las aulas varadas en escasas certezas,
futuros dispersos, títulos, teoremas.
Vuelve la vibración de mi voz,
del micrófono a la nada,
el cuento de hadas y rocas perdidas, recuperadas.
¿Y ahora? Duermo con el aire denso y extraño,
de las horas del amor eterno que se acaba.
Té de madrugada, marea baja y ecos sueltos.
La ventana al mundo calada de rocío.
Tiento nuevos proyectos, viejos puertos.
Bajo a abrirte, después de tantos años,
me digo que estoy bien, me digo que estás bien.
¿Y ahora?

lunes, 12 de noviembre de 2012

Rendición sin condiciones

Lavapiés después del concierto,
cubierto de bengalas y balcones,
con el rumor de tu voz en las farolas,
sembrado de nocturnos y sonetos.
Me cruzo con ojos que no duermen,
con la piel brillante de la espera,
con cometas errantes
que cuidan todas las huellas.
Voy llena de algo sin atlas ni nombres,
perdida en emociones y utopías.
Sube la marea,
y rompen olas de piedra
en un corazón calado.
Reparo en hojas secas y diarios escritos,
que abrigan con latidos
la calle humana y sus señas.
Vuelvo al universo que creaste,
vuelvo al café que habitaste,
vuelvo al momento vivido,
vuelvo y presento
una rendición sin condiciones.

miércoles, 24 de octubre de 2012

Y aunque no supieses de mí nada

Qué sabes de mí que yo desconozco.
Tal vez que tiento al despuntar la noche,
las cartas que tendí al abrir la mañana;
que hay días en que mi pecho cruje
como un sólido estelar y brusco,
y otros,
en que la mínima percepción de ternura,
vuelca el vaso que guarda
gratas lágrimas de colores.
Y aunque no supieses de mí nada,
accedo al mundo onírico y allí, toda posibilidad es,
además, de una indeterminación, una certeza.
Descuelgo la mirada del alba,
por esas curvas gastadas del horizonte,
que en este campo, sí dividen del cielo la tierra,
un azul delicado y joven pero inalcanzable,
sobre un marrón enmohecido pero cercano.
Cuando a diario bajo y subo el camino,
voy lanzando las redes
en esas aguas inciertas de la razón;
y me sonrojo ante algún rostro curtido y sabio,
que apunta hacia los nudos en las cuerdas
y advierte mi pelo enredado y dormido.

lunes, 1 de octubre de 2012

Alguna noche, como ésta de hoy

Alguna noche, como ésta de hoy,
siento la deuda que deja el viaje.
Retengo en la mano
la transparencia de los esfuerzos prófugos,
y con el pecho, retengo septiembre.
Existe el átomo, y no es suficiente,
como no lo son los sueños,
ni las flores de loto,
ni los cielos sin luz y sin encuentro,
aunque sea breve y efímero de antemano.
La ausencia de luciérnagas crea sombras,
y crea jardines aquejados de bancos vacíos.
En estos días de espalda contra suelo,
caducan las horas prestadas,
pero la tierra guarda semillas
de otra primera vez, intactas.

lunes, 17 de septiembre de 2012

Siendo extraños

En la calma más absoluta,
seguimos siendo extraños.
Tus versos, dibujan casas de otros amaneceres
y aguas que alcanzan profundidades ajenas.
El viento y la inquietud me llevan de viaje,
voy sentada en vagones de tercera.
Leo para poner el alma a la sombra,
de tanto sol en las horas aladas,
ésas que nadie sabe si empiezan o acaban.
Este desorden no cambia de postura,
y se abraza como hiedra vieja.
Yo cuido su melena deshecha,
dibujo cometas delgados y febriles.
Quizá después,
seguiremos siendo extraños,
vecinos que se cruzan y saludan,
guerreros en la misma batalla,
historias que engendran hijos,
sobre tierra o asfalto.
Esta fragilidad de todo,
me invita a tejer ilusiones,
la vida es simple
mientras somos extraños.

 

miércoles, 12 de septiembre de 2012

Los cielos abiertos

Suenan las hojas,
una a una,
y una contra otra.
Suena el tráfico de las suelas.
La anchura exagerada de las calles
sin contener el único rostro posible.
Sonrío, mantengo la conversación,
y sueño historias.
Voy con el caminar lento,
pies hundidos en el asfalto,
en esta arena blanda, oscura y tensa.
El aire vuelve para mover las hojas,
una a una,
y una contra otra.
Por fuera, el movimiento, la maleta,
la rutina, los días con sol,
las plantas y esta luna llena.
Por dentro, la esperanza despeinada,
las olas, la paz sin techo,
la espera,
los cielos abiertos.

viernes, 3 de agosto de 2012

Las huellas más pequeñas del mundo

La nevera del hotel,
los pasos en la estrecha calle,
el camión de la basura detenido en la acera.
Las horas que se filtran por las ramas.
Esta noche derramando luces delante de las puertas.
Cruzo las piernas,
y maduran los zapatos planos que caen sin hacer ruido.
Distingo en mi estómago
la gruta que deja el amor cuando todavía no lo es.
Hay arena fría del glaciar en la playa.
Lados opuestos.
Sigo un trazo invisible.
Sigo las huellas más pequeñas del mundo.
Entra un golpe caliente de tierra,
y enciende las farolas de los bares.
Nacen ruidos que el color naranja acuna.
Veo tras los ojos largos del balcón
señales de telas y astros que se agitan.
Junto las alas de un libro que no vuela.
Huele a canción tuya, también a ruta marítima,
a faros con destellos tan finos,
que es difícil seguirlos,
pero no imposible.

sábado, 21 de julio de 2012

No hay noche

No hay noche, te digo.
Y mi voz sobre tu rostro,
y la tuya sobre el mio,
me sirven de consuelo.
Ajusto la rutina a las pequeñas cosas,
y el espacio a unas pocas estrellas.
Nada encaja en las cifras,
ni lo que veo, ni lo que siento.
Empiezo a medir,
calculando el peso específico
de unos ojos serenos,
de unos labios tranquilos,
de un mañana en calma,
de un mundo sin absolutos.
No llego a ningún número.
La tierra traga porcentajes,
facturas y cuentas de ahorro.
Los muros transpiran voces externas,
que dejan de ser secretas.
La calle está llena de luciérnagas
crecidas entre el asfalto.
Es libre quien es dueño de su vida
sin aplazamientos.
Regreso a Madrid.

sábado, 26 de mayo de 2012

Las curvas del banco

El banco con sus curvas no se adapta a las mías,
pero logro una postura que la madera acepta.
Me pongo cómoda, respiro y suavizo la escena.
En este calor, nubes de preocupaciones y sueños, se juntan
allá donde dicen van las buenas gentes,
a ese cielo eterno que no sabe definirse.
Prefiero la práctica imperfecta del presente,
aunque venga calada hasta el verbo de suspiros,
pendiente de tu llegada y tendida entre la ropa.
Voy con el tono de quien me pasa por delante,
agarrada a sus miradas,
sobre todo a las que se lanzan lejos,
a esas que no ven en particular nada.
Hay un presente en guerra en este mismo mundo,
y siento la necesidad de reconciliar
esta calma aparente con las batallas abiertas.
Enciendo la luz del pecho y mantengo la postura.
El día trae olas largas,
dejan la playa lisa y la arena perfecta.
Existo en el papel mientras cantas.
En noviembre, otras curvas vestirán el banco,
espero entonces, burlar el invierno
en busca de una postura que la butaca acepte,
acomodando mi pupila al reflejo
del escenario madrileño que habites.

jueves, 10 de mayo de 2012

Todo

Todo. La pequeña escarcha que cubre la piel
cuando amanezco vestida y peinada de deseos.
La sonrisa inmaterial de la tierra cálida
que abriga un corazón de primavera en septiembre.
Todo. La cuesta de la calle en la que quedan
mis pasos sobre los tuyos, de camino a bares de recuerdos.
La mirada frágil, difícil de sostener, verde y silenciosa,
en un mar de abrazos inmersa.
Todo. Tu nombre de seis letras frente a las cinco del mío,
y el puente que acerca estrellas dispersas.
Trovador y pasajero del verso que habito,
duende y destino del mapa que recorro.
Todo. La sensación que se hunde durante la noche en blanco,
en la magia de una voz que reconoces.
La espalda que sostiene mi mundo ebrio de sueños,
el desorden horario del cambio de universo.
Todo. La palabra que riego y despierta,
la alegría que encuentro en tus ojos abiertos.

sábado, 28 de abril de 2012

No dejes de buscarme

Aparto la sombra que cubre la pantalla
como una niebla de carbón sobre los ojos del mundo,
como una nube de tormenta sobre la piel delicada.
Veo mi mano que cruza el material frío
y disipa la presencia.
Dibujo pétalos sueltos con los pies,
y desciende la fiebre que habita
en las esquinas redondas del pecho.
Entra la corriente de pensamientos correctos,
pero no arrastra a su paso
ni el vino compartido, ni el tiempo.
Voy abriendo claros entre notas y ramas,
y recuerdo que ella fue
como encontrar la puerta cerrada en el regreso.
El cartel de ‘no abrimos’ y la cortina echada,
con la penumbra del bar asomando
por una línea fina no cubierta.
Fue como ver el aviso de ‘prohibido el paso’,
o el anuncio de una ‘propiedad privada’.
Sentirse el que espera, como Pessoa,
frente a un muro sin puerta.
Me pide un baile el destino,
acepto con ganas, y escribo:
‘No dejes de buscarme’.

viernes, 20 de abril de 2012

Midiendo distancias

La ventana se abre de golpe
en un día que llega sin retraso.
La empuja la brasa de una ilusión incandescente,
desde la ciudad que guarda el mapa del retorno.
Entra la tarde y dejo caer la brújula,
para evitar cualquier orientación en esta jungla
de edificios con nombres y personas sin ellos.
Llego a la puerta con olor a barrio,
respirando una duda y con esa palidez
que dejan los trayectos largos de metro.
Enciendo el ordenador
y escucho sin mirar la pantalla.
El recuerdo del día se precipita al suelo y
deja paso a un poniente de timbres de voz.
Me asalta el desorden,
preparo té para dos,
releo párrafos subrayados.
Escucho desde el deseo que colma
un abrazo cuando se tiene cerca.
Disfruto de la música, y mido distancias
de esta realidad a la suya.

jueves, 12 de abril de 2012

Aquello que de ti me toque

Sí, acepto la parte como el todo,
aquello que de ti me toque.
Ese gesto limpio y eterno de llegada,
al colocarme la chaqueta
sin dejar la arena revuelta de mis ojos.
Sí, aunque eso signifique el verbo anónimo
en un reino de butacas idénticas.
El exilio voluntario en algún café de la Cava Baja,
con el ecuador del mundo
separándome del final del tango.
Sí, reconcilio fortalezas y debilidades,
para que duerman juntas y amanezcan abrazadas,
para que no descuiden la humanidad que ambas me inspiran.
Le sonrío a mi latido, que pregunta si vendrás a su encuentro.
Yo le digo que hay muchos pulsos en diferentes latitudes,
que no se apure, que la primavera es siempre un espejismo,
una utopía real con olor y forma;
que estaremos allí, tal vez otra vez en la fila 23.
Se detiene.
Regreso a ese minuto infinito,
en el que recolocas el cuello de la chaqueta azul,
y recaes en el broche, en mi figura difuminada
a punto de hacerse nube
en un aforo completo.

domingo, 1 de abril de 2012

Vistamos de creatividad cada momento

De pronto, bandera blanca,
y un viento de alta mar que entra por las calles,
con cartas heridas sin derecho a evolución,
nombres que nadie pronuncia,
árboles yermos que no florecen por miedo.
La espuma de la respiración severa
del vientre que guarda todas las penas.
Telarañas en los ojos,
labios que despiertan en casas que guardan silencio.
No seremos mejores por denunciar,
sino por enunciar, dice Edgar Morin.
Vistamos de creatividad cada momento.
Cambiar las sociedades pequeñas
y modificar las grandes, sin “gran hermano”.
Pintar con naturalidad
escaleras de subida y de bajada,
por todas se transita.
Escuchar, pensar, callar para poder hablar.
Son días de faros que confunden a los barcos.
Son barcos cargados de historias que no pueden perderse.
Historias cotidianas,
heroicas o no,
en cada rincón del planeta,
en tierra seca, en arrozales,
en otros idiomas, con otros ojos.
Casi nos convencen de que todo es dinero, pero no.
Vistamos de creatividad cada momento.

viernes, 23 de marzo de 2012

La espera

Tantea en la mesa el lugar de la ilusión
y se recoge el pelo con ella.
Huele a penumbra y a sentimientos despiertos,
en un día que aún duerme.
No recibe a la prisa ni al pensamiento
quiere solo estar; sentir un mundo que gira,
sin propósito ni lucha.
Sale, vestida como ayer,
saluda con una sonrisa.
Espera, camina y el suelo se deshace.
Gira la cabeza para mirar sus huellas.
No hay huellas.
“¿Como puedo andar sin dejar rastro?”
Se palpa el bolsillo,
y funde su mano con el libro.
En el parque de lo cotidiano,
donde se abrazan el sur y el norte,
te espera.

lunes, 19 de marzo de 2012

Y tuvo suerte

Dura quince años
su respiración desordenada,
desde que las puertas del vagón
cerraron una despedida tan breve
que parecía no haber empezado.
Subió las escaleras del metro,
sin reconocer la patria
que dejaba atrás,
y se sintió inquieta,
llena de una confusión prematura,
por abandonar algo nuevo
sin haberlo evitado.
Cada rostro en la escalera mecánica,
era un golpe de esa humanidad,
que se condensa en una sola persona.
Salió del metro,
buscaba la orientación del otoño,
del aire que compra y vende versos,
con ruido de andenes.
Y tuvo suerte.

viernes, 9 de marzo de 2012

Timbre de la puerta

Queda la luciérnaga acostada
en el cajón abierto del escritorio,
y el ave azul del encuentro
moviendo estanterías.
Se van sumando lunas
en esta manta de palabras y esperas.
Creo que tu nombre
tocó el timbre de mi puerta.
Me recuesto en la mesa
como si hubiese viajado al centro de la tierra,
y el plomo de la existencia,
se derrite al contacto con la lava,
de nuevo, la levedad del que acepta y sueña.
Ni siquiera estoy pensando, cuando
imagino el mundo con su cara redonda
dibujando soles.
Huele como olerán las flores cuando vengan,
y a ese olor del té que estuvo.
Creo que mi nombre
tocó el timbre de tu puerta.

sábado, 25 de febrero de 2012

La primavera que pronuncias

Y si fuésemos capaces de crear
un mundo sin enemigos.
Y aprendiésemos a andar sobre las cuerdas
de universos que pintan otros desórdenes.
Y si no sólo pensáramos en que otros nos eduquen y empleen,
sino en educarnos y emplearnos por cuenta propia.
Nos lo debemos a nosotros mismos,
a este derecho y necesidad nuestra de ser felices,
no sólo un cuerpo libre concreto y visible,
sino un alma libre indefinida y etérea.
Y si confiásemos en nosotros,
tanto como en las estadísticas y
el dinero que algún día poseeremos, o no.
Tal vez cambiásemos algo, o tal vez.
Quizá construiríamos otro mar, tan azul como éste;
y otra tierra, tan madre como la que conocemos.
Y si, mientras leo el libro
que habla de voces despiertas en las calles,
la primavera que pronuncias
me esperase sin reloj,
yo me derrumbaría con gozo sobre mi vida pasada.

sábado, 18 de febrero de 2012

Y me enamoro

Hay una rama partida
que no puedo devolver
y se cruza en mi camino.
Hay un cuerpo curvado
que apenas camina,
cuando aceleraba el paso.
Hay una hoja que confunde estaciones,
en un árbol desnudo
si no fuera por ella.
Hay un regalo que espera en la puerta,
ocupado con la lluvia.
Y me enamoro
de la rama seca que recorre el suelo;
de la imperfección del cuerpo,
por el baile de su fina estampa al inclinarse;
de la hoja que sale al encuentro
del día y su ausencia;
del cartón mojado que protege
con aliento la sorpresa.
Al tacto de los amores pequeños,
dibujo líneas en mis mapas,
que unen éxitos diminutos,
con grandes fracasos.
Muevo los barcos que surcan
el mar de fondo de los vasos.
Y me enamoro
de lo que queda.

jueves, 9 de febrero de 2012

Cena temprana

Atraviesa un túnel estrecho de ideas,
para llegar sin cita previa a una salida incierta.
Le alcanzan los destellos de tristezas y felicidades ajenas,
que aliñan una cena temprana.
Respira y se detiene.
Se sienta con el cartel de silencio visible en sus pupilas,
y por eso, la conversación se entabla sin mediar palabra.
Juega con el reflejo de su mano sobre el cristal de la mesa,
Y por un momento,
piensa que la vida es más fácil para sus piernas,
instaladas a una distancia prudente del corazón.
Se empeña en salvar del altar,
el absurdo que cuelga del techo,
sus lágrimas durante la película;
las melodías nómadas de este invierno,
o esa presencia básica de lo ínfimo.
‘¿Has terminado?’ Reconoce la voz y la pregunta.
‘En realidad, no he empezado. Te estaba esperando’.

domingo, 29 de enero de 2012

A destiempo

Salgo a respirar las historias que dejan las carteras gastadas,
de quienes corren cansados a la guarida alumbrada de una oficina.
Tropiezo con sueños despeinados
que cayeron al suelo por descuido;
con madres que aun surcan el invierno
para acercar a sus hijos hacia ese futuro incierto
de escuelas que no enseñan nada de lo real ni de la vida.
Una tenue preocupación humana,
me hace dudar de cuál es la calle que me acerca a la frontera de la razón,
después de atravesar los sentimientos.
Corrijo la postura de mis hombros,
para liberar la madrugada bloqueada en el iris de mis ojos.
Me quedo apoyada en el puente,
y dejo que el sol salga también por las nubes bajas
que acumulé anoche en mi pecho.
De nuevo amanece,
aunque sea a destiempo.

lunes, 23 de enero de 2012

El reloj y el silencio

Salgo a recibirte y sujeto las manillas del reloj sin que te des cuenta.
No se rompe el silencio.
Subo por el cristal oteando el día que ha oscurecido,
y dejo que el tiempo se organice solo.
Sin contar las horas, se vayan o vengan.
Todo momento es un sencillo presente.
Perdí los zapatos debajo de la silla, y llego descalza al concierto.
Presiono mi centro de gravedad sobre un suelo alumbrado
por las luces tenues que recorren los pasillos del avión en el que hiberno.
Confío en la tierra firme que a todos sostiene.
Toco el carmín de terciopelo, ese primitivo de la butaca vieja.
Me siento y escribo sobre el pantalón
la primera parte de un beso que dejo incompleto.
Desde esta esquina, lo que vine a buscar tardará en llegar.
Rompe el silencio, el reloj al caer.

viernes, 13 de enero de 2012

Al año que se retira y se viste

Al año que se retira, y al que se viste lento e inquieto
a ese que no quiere emprender camino sin ti,
que hace preguntas familiares y ajenas.
Al año que viene cubierto del infinito donde todas las historias,
las guerras y los abrazos quedan por dibujar y son posibles.
Que queden las historias y los abrazos,
que el viento se lleve las guerras
a un oscuro rincón donde no puedan ser alimentadas.
A este año que se acuesta silencioso a mi lado,
sin reconocer todavía el cuerpo que late cercano.
Por las mañanas, muestra que, si todo funciona,
tendrá tiernos colores y notas en los días pares del calendario,
con luces y miradas bellas en los impares.
Y si no funciona, buscaremos el camino de regreso,
la senda de los perdedores que conduce a la victoria.
Tal vez, por Madrid, andamos a la misma hora por calles paralelas,
o cruzamos el semáforo con direcciones opuestas,
tal vez, te perdí cuando entraba en Fnac pensando en aquel libro,
y tú salías por la misma puerta.
Quizá cuando pegada a un bello retrato de la exposición de Sábato,
miraste la foto desde mi espalda.
También es posible que no nos cruzásemos.
Yo ebria de tanto sol de invierno y de la marea alta de los días de fiesta.
Madrid se hizo pequeño sólo desde el aire.