mejorlavidasimple

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jueves, 19 de mayo de 2011

Sin miedo

Es posible que mi fuerza interior se vaya a acostar y ya no quiera levantarse.
Ella, y no yo, tendrá entonces razón, y el amanecer no será suficiente.
Pero no dejo de sentir que mejor ‘sin casa, sin curro, sin futuro pero sin miedo’
(frase sobre una camiseta en Sol)
que ‘con casa, con curro, con futuro pero con miedo’.
Los políticos, esos ciudadanos comunes como todos, cobran por ‘hacer política’
¿Quién de entre los que nos indignamos queremos dedicarnos a eso?
¿y materializar una política alternativa?
La sola palabra ‘política’ es casi indigerible
para este estómago que se alimenta de imposibles.
No tengo soluciones, solo preguntas.
Pienso en los niños soldados de Sierra Leona,
en el hambre crónico dentro de los vientres olvidados,
en la soledad que acompaña a quienes salen sin dormir
por un trabajo que es explotación.
Pienso en su rostro habitado por la nada,
Y en la otra nada, la oscura,
la que habita en los bolsillos sórdidos y pudientes del planeta.
Me bailan las letras y los números.
Me sobra (des)información.
Revuelvo papeles, carpetas del ordenador,
¿por dónde empiezo hoy?
mientras, las Plazas duermen con dificultad al otro lado del océano,
y he colgado dos palabras en el faro de esta costa: ‘sin miedo’.

martes, 17 de mayo de 2011

Itaca

Pulso el timbre de la puerta,
y escucho vida y tu voz detrás de los muros.
Justifico mis miedos humanos, para no sentir debilidad.
Me levanto y sacudo rápido la tierra de mi ropa.
Mido la distancia entre Ítaca y yo,
y cada día es mayor.

martes, 3 de mayo de 2011

Te leo

Te leo deprisa,
mientras voy escapándome
por los huecos de esta mesa,
por sus grietas extranjeras
por esta madera de sueños y perfumes,
de dolores curtidos y ausencias.

Te leo deprisa, despierta,
por si en alguna línea
dejaras caer una huella;
y sin dejar tu letra,
descubro que no estoy ahí
donde tú te encuentras,
que no soy, que no existo.

Te leo distante,
con miedo de que cierres las manos
y queden las mías atrapadas,
con ganas de huir,
al punto de partida.

Te leo compañero y me pierdo.
Sonrió y el gesto compensa,
meto al mundo en el cuenco de mi sonrisa
y le acuno.

En-cuentro

En otro cuento, no fue él sino ella quien se paró a saludarle.

- ‘Hola, cómo estás? Te acuerdas de mí?’
- ‘Pues (silencio, infinito para ella) pues…’
- ‘No te preocupes, supongo que te parará mucha gente. Nos conocimos hace años, en la sala Galileo’
- ‘Ah, sí! Cómo estás? Qué tal te va todo? (Ella nunca supo si fue un si sincero o cortés. Eligió sincero, porque él era de los imprescindibles)’
- ‘No tan bien como a ti, pero hacemos lo imposible para no naufragar del todo’ (silencio, eterno para ella, retiró la mirada un segundo para evitar ser delatada)
- ‘Bueno’
- ‘Sabes, me hizo ilusión escucharte en la radio cuando estaba trabajando en Perú. Me alegra saber que te va tan bien con tu música. Eres muy bueno.’
- ‘Gracias. Y a ti, qué tal te va?’
- ‘A mí. Bien, bien. Sigo con mis misiones, viajo y apenas estoy en Madrid’ (en realidad, pensó ella, intenté arreglar un mundo injusto y maravilloso, pero cada día me siento menos capaz, son gajes del oficio de vivir sin profesión ni fronteras). ‘Te tomarías un café un día de estos, voy a estar aquí un tiempo’
- ‘Sí, claro. Tienes mi teléfono?’
- ‘Sí, de la otra vez que nos cruzamos. Pero de eso hace un par de años, lo has cambiado?’
- ‘No’ (El sonríe como si de repente recordase algo o a alguien; y su gesto acaba dibujando en ella una sonrisa gemela).
- ‘Perfecto. Te llamo y hablamos con calma y un café’ (Se despiden y se alejan. Ella quiso pero no se volvió para verle de nuevo, solo se preguntó cuántos años habrían de pasar para volver a encontrarle).