mejorlavidasimple

mejorlavidasimple

lunes, 15 de enero de 2018

su consulta

¿qué me diría?

él anotaría
sobre el globo de mi ojo
en mi párpado entregado e
indiferente
pero
dispuesto a no ceder
ni sanar nunca.

¿qué diría?

ambos
él y yo
educadamente enfrentados
respirando mis axilas
a la espera de que nazca
el sudor
y fluya por el trazo irregular de la frente
o el labio inferior.
aguardando
que aparezcan manchas de pudor
en mi voz.

¿qué?

él apuntaría
el número
y el color de las gotas
en una nota.
la trayectoria del surco húmedo,
las veces
que inflo con una nostalgia salvaje
y áspera
mi cuerpo converso.
mi pecho sin costumbre de armaduras
ni anclaje
lleno de restos.

¿qué me diría?

yo sé.

¿está casada?
¿tiene hijos? ¿de parto natural o cesárea?
no se apoye en la pared blanca
está recién pintada.
no se distraiga.
¿está usted censada? ¿desempleada?
recuerde
¿cuándo fue la última vez?

aquí,
yo me acercaré a él como una luna decreciente
lenta,
faltándome una parte.
en ese punto mío
me acercaré para preguntarle
al oído:

la última vez ¿de qué?
¿qué última vez quiere usted?
¿cuál
de las que he
vivido?


martes, 2 de enero de 2018

mismos deseos

te deseo
la longitud de esta cicatriz
con todos sus centimetros
y matrices.
el huevo que crece negro
la náusea partida y aguerrida.
te deseo
el velo en la cara,
los hilos de acero en tu cabello.
deseo
que la última campanada
confunda tus calles
y no sepas quien eres cuando despiertes
y no sepas explicar a nadie
la rabia entre las caries de tus dientes.

te deseo
visiones estáticas y oscuras,
la larga epidemia
que anuncia
la salida de tus labios lila, la mesa desvestida.
te deseo
que sientas,
al menos unas horas,
la áspera soga anudar tu cuello
gritar tu nombre
y apretar con fuerza la tapa de las olas.
que sientas
tu vejiga deshilada y borrosa
que la sientas
soltar agua a deshora.
deseo
que se burle
tu propio silencio
de tu escaso sustento.

te deseo
cosas buenas
por la parte inocente que conservas,
pero
deseo
que una hiedra de pena
secuestre tu felicidad
y no haya ninguna cama cerca.
que no tengas un lugar donde llorar,
ni una luz en el portal cuando la nieve aparezca.
que cuando vuelvas
no haya para ti
respuestas.

deseo
que no halles un lar donde ocultar tu luto
que no pase la desidia
que te asalte la pérdida en la butaca fría.
que nada te calme el picor sobre la piel que produce tu malicia.
te deseo
que estés sólo
desierto
y arruinado
cuando caigas a la profundidad marina de tu herida.
cuando sorprendido
no logres ubicar el dolor
en ningún punto concreto de tu cuerpo o de tu vida.

te deseo
el temblor en las encias
el círculo polar en los codos y rodillas,
deseo
que el gorrión del amor muera caliente en tus manos
y no puedas
nunca
olvidarlo.

te deseo
lo mismo de hace años,
que sientas
simplemente
la mitad
que siento.
me basta
el 50 por ciento.
te deseo
la igualdad de los sexos
la equidad de género.



martes, 26 de diciembre de 2017

justo a mi lado

aquí
justo a mi lado
dos corazones incompletos sobre dos fuentes vacías
siguen
haciéndolo
sin ganas.
fuerzan
una sonrisa equilibrada,
se obligan
montados en sus lomos
a no sentirse solos.

en este otro diciembre
dos cuerpos sin corazones ni oficio,
justo a mi lado,
siguen
haciéndolo
sin prisa.
son dos gramos de sangre y ceniza,
con un par de manchas de olvido color vino
y una cueva visible en la mejilla.
son
el rastro de lavanda magra
que deja lo habitual
en la retina.

aquí
hay dos músculos tensos
negándose caricias.
dos corazones fríos por la húmedad de la vida.
dos fuentes falsas saturadas de tragos y mentiras.
justo a mi lado
hay
dos ramas mordidas.
la tragedia de dos pulsos que se aguantan,
que se soportan por costumbre sanitaria
mientras arden sus manos agobiadas.
les duele mirarse
y les duele más
no ver nada.

una vez consumidas las brasas
quedan
dos corazones
a plena luz del día
haciéndolo
sin ganas.


miércoles, 13 de diciembre de 2017

la orquesta

imagina
un hueco entre dos paredes húmedas
en el que cabe lo que quieres oír


con el volumen bajo
imagina
las voces casi presentes y casi


hay explicaciones
para
este agujero cavado con los pies fríos,
para el pozo de leche entre dos pechos vacantes y fijos.


tu humo cruza la habitación, deshilachándonos.

imagina
esta soledad de adagio.
imagínala sin claves
sin rondas
con pecados pendientes
sin puentes que conecten
sin noticias que cierren con un nocturno la mente.


imagina
mi piel que has tocado confundiendo mis cuerdas con otras
la orquesta entera
la fractura de las teclas cuando dejas los dedos sobre ellas.


y aquella cerradura para espiar al destino.
la inercia de mis ojos al verde
el enjambre de ríos finos que sonaron a misa fúnebre a pesar del vino.


imagina
los hilos íntimos
la nieve recién lavada
la brusca pendiente de la dama durmiente.
sobrevivimos décadas
bajo la luz ambiental que alumbra pequeñas muertes cuando se enciende.


tu codo apoyado en el mármol, triturándolo.

cuando ya no queden clavos,
no podremos colgarnos.


imagina
el cambio de ópera
el movimiento siguiente
ese paso sinfónico de la boca a la mejilla
de la superficie del cuerpo al tacto musical de la mentira.
del proyecto al desecho,
de la calma sostenida a la percusión del viento.


imagina
ese ritmo lento del acto terminal.
el último compás con su goma de barro, borrándonos.


con el volumen bajo
imagínalo
casi acariciando.

el tono arrastrado
la nota del violín que en su tensión final logrará desmontarnos.


domingo, 26 de noviembre de 2017

lo de menos

estoy
en la oquedad donde reina el viento,
en la suciedad que has pegado a mi cuerpo,
estoy
en tardes

de andar por los pasillos
sin buscar consuelo.


desayuno a las doce,
como a las siete,
y en cada movimiento me sujeto el vientre en un acto perplejo.
de nuevo,
la vida es
la coma corta,

la costra que no quiero,
un intento frustrado de tomar aliento,
este simulacro de inciertos aciertos.

de nuevo,
el día es
la sensación perdida detrás del espejo,
cuando me peino
sujetando mi respiración
para no gritarle al podrido tiempo.

es
ese
espacio indefenso
en el que ya no cabe

nada dentro.

leo
sobre unas piernas de crema y gimnasio,
sobre libros consumidos como pasto,
sobre idiotas con buenos fondos en el banco,
y giro sobre mi hombro
queriendo oler el otoño,

saludar al tísico gorrión de corcho.
la hora
es ya un momento acabado
y debes de verlo en mi cara
porque aprovechas para meter los dedos en la llaga,
mandarme al lecho curvo de tierra,
al otro lado del planeta,
y yo desaparezco
al sonar la campana
entre la niebla.


estos días,
la cama se llena de agua
cuando de madrugada las olas alcanzan la lana de las sábanas.
toco mi ropa
mi pelo
mi cara empapada
y ni una lágrima sana.
es todo sal y espuma y amor mugriento y rabia.

por eso,
que el mundo se mueva,
que estés lejos,
que no queramos vernos,
es
lo de menos.



viernes, 10 de noviembre de 2017

lo que no se toca

es
un error inexplicable y definitivo
que está en el pasado
intocable.
como una punta de lanza
un alfiler de solapa
un duelo tuyo y ajeno que marca tus canas.

es
una falta y se queda
no se la lleva nada ni nadie.
un mármol clavado en tu bazo.
un tablero frío
una desilusión temprana.
y hará de ti
una larva inquieta y callada,
una oveja esquilada que ve tirada su lana.
te hará
insegura de manos
de voces
de las cosas que has escrito o has dicho en noches como ésta
antes de cerrar sin pestillo
la puerta.

tu fallo
es la hoguera que abrasa los puntos cardinales de la lengua.
la madera y todo lo bueno
se quema,
arde entre tus piernas cruzadas bajo la mesa.
la vida resbala deprisa por un plano inclinado,
baja con su débil risa,
miles de metros de caída y una única certeza,
no hay ni habrá huida.
porque
el ayer no se toca
no se detiene, mujer.
no te conviene.

mañana
en una habitación cualquiera
las sombras en las paredes
pronunciarán tu nombre para que te quedes.
quieren
tu alma sin destellos
dejar los peces sueltos,
quizás,
poner verano en tu invierno.
todos saben que cada cierto tiempo
cometes un error
una falta
una quebrada que debilita tus ganas.
todas saben
que el pasado no se toca,
no se vacía, mujer,
sólo provoca.
el pasado no se cambia,
se marcha,
y con mirar atrás
no lograrás la calma.



viernes, 27 de octubre de 2017

desamor

los cuerpos,
los que conjugan verbos cuando el acto de nombrarlos
trae ansia a los huesos.
esos cuerpos
y esta soledad con un collar en el cuello
pasando entre tus piernas para que al menos hoy
puedas verla.

la piel tatuada que ya no cicatriza.
la tinta se mueve sobre la herida como aguja sobre la vida
mientras las manos mojadas
se mueven

a escondidas.

te tocas los labios
que nunca has pintado.
que nunca has decorado.
te tocas los ojos
que nunca has decorado ni pintado.
y el paso de un vagón viejo
contrae el músculo izquierdo de tu pecho.
y te quedas ahí,
dispuesta a perderlo todo
a ceder de nuevo.

alguna mañana

frente al espejo
cortas tu cabello con un gesto

como antes lo hacían sus dedos.
cintas de tela arando tu pelo.

y se desenfocó
el momento.

y ahora cuando regresa
te apoyas en el pomo de la puerta.
das paso al miedo
a la corriente
al vértigo del recuerdo,
a esa humana sensación de estar viva y triste al mismo tiempo.

caducas con las hojas del jardín
y hueles a desamor
pero ¿quién no?