mejorlavidasimple

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jueves, 10 de agosto de 2017

lejana

esta soledad que una mano no acompaña
teniendo la tuya
tan cerca
amigo.

miro
la fosa llena de esperas
preñada de un encuentro que no conocerá pecho al que acercarse.
apagada la lumbre,
al menos
nos quedarán las brasas calientes donde quemar la mente.

y eso ocurrirá pronto
y ocurrirá para siempre
condenando a muerte
este silencio
que nunca abrió la puerta al enemigo.

si llega el primer paso
y te decides,
será tarde.
mi cama al otro lado
mi tronco al otro lado
mi fuego al otro lado no emitirá señales.

y habrás de perderte
en el olvido
amigo.
tú y ese corazón que persigo.
serás juzgado
por huir del sol con hambre,
por no entregar las cartas al destino,
por creer en el orden
en el tiempo
en lo podrido y divino.

niño de voz de azúcar
hombre eterno
anciano en mis versos.
tu estómago vacío
reclamará mi persona
será tarde,
estaré lejos.
mi tacto al otro lado
mi llave al otro lado
mi sal al otro lado no alcanzará tu techo.

y eso ocurrirá pronto
y ocurrirá para siempre.
llorarás mi lejana presencia mientras sumas tus cuentas perfectas.
yo
puede que llore tu cercana ausencia
sintiéndome
lejana
y deshecha.
sintiendo sucio el planeta.

y eso será
cuando vuelvas.
ya ves,
yo
sin poder apartar esta náusea con una mano conocida
teniendo la tuya
tan cerca.



sábado, 29 de julio de 2017

todo en su sitio

él estaba en su sitio
como la última vez
pendiente de las cuentas
de su imagen
de sus imanes.
y ella,
ella ya era lluvia que no tenía suelo donde caer ni cielo de nacimiento,
era un árbol con raíces sumergidas,
un universo lleno de sustos y agujeros por los que asoma el infierno.
era ya
un arma mortal descargada y seca que guarda su primera bala en la nevera.

para él
aquel era su sitio,
acunado por los dioses del abismo
besado con pasión por el olvido
deseado y raptado por las diosas para dar a luz a sus hijos.
y ella
a pocos metros,
vigilante en tonos claros,
oliendo su sudor como una fiera lenta que espera,
con un dolor de agujas en los dientes en la lengua,
con un sabor ahumado en su costado,
con la voz astillada, sin aroma y sin raza,
con un golpe de labios cansados
y azulados.

ella
pendiente del fuego que abrasa cada día la vida y su cuarto.
ella
como ave que se arrastra por los oscuros pozos del alma,
por la teta del alba mancillada,
como estrella sin lunas negras y lunas sin noches blancas,
con la falda manchada y arrugada
descosida la piel y la venganza.
ella
como un puñado de trigo que no será pan para mañana,
como un pañuelo
que estuvo y ya no está
lleno de lágrimas.

él sentado
en aquel sitio
con un periódico abierto entre las manos,
esperando
que ella se acerque
pero hay distancias cortas que nos vencen.
ella
baja a las profundidades para tocar el fondo y robarle al mar
la fina arena del lodo.
ella
como nube que tapa la luz de la bombilla.
ella y el aire
que se enfrían,
ella que siente los cristales caer cuando los mira.
y el grifo que se abre
calando la hierba que pisa,
y él
desde su sitio
llama a su puerta
sin levantar la cabeza,
sin dejar las noticias.

y empieza,
retrocede sin cambiar el gesto
como una gata vieja que ya no siente celos.
empieza a levar anclas
a reventarse las ganas con las cuerdas ásperas.
y todo huele a sal
como cuando era niña y buscaba ranas que le hablaran.
tal vez
regrese para recoger sus cosas de la casa,
y cuando vuelva
todo estará en su sitio
como esperaba.


domingo, 16 de julio de 2017

si diez minutos


diez minutos
para este cuerpo de piedra
que empieza a deshacerse en grietas.

nueve minutos
para esta textura solar donde has plantado plumas
que crecen respirando mi dureza.

ocho minutos
de amor pétreo y navaja de mar llano
clavando su pico en mi armadura con forma de barco.

siete minutos
para sentir la roca en el estómago
el canto que resiste las altas temperaturas del deseo que te tengo.

seis minutos
para recortar el mito por las líneas discontinuas sin soltar la tijera
y componer un puzcle que huela como el tronco de un árbol sin tierra.

cinco minutos
de dolores tostados en la punta de un corazón blindado
que ya no teme a los tanques ni al timbre de la puerta cuando suena.

cuatro minutos
para disecar las verdades que no me son útiles
y calentar con las manos las mentiras que nos harán de guía.

tres minutos
de espera
para ver la piscina llena y descargar la losa que me pesa
puede que flote amarilla entre hojas escritas y velas.

dos minutos
para fundir el metal de los puntos en las costuras las comisuras
las curvas de los ojos y del vientre
esas rayas que no existían cuando hubo una esperanza volando sobre la vida.

un minuto
el último de tu tic tac de oro cojo de agujas
para demostrarte que sin cascadas
el tiempo que era nuestro hará que se calle en el océano el viento.

jueves, 15 de junio de 2017

hambrunas

frío
duro
piedra congelada
roído de los pies hasta la espalda
ausente de todos mis recuerdos,
aguantando una flema que no pasa.
barnizando
pintándote las uñas a rayas.
expulsando resina por las grietas
por las rajas que no están curadas.
sudando tinta por la piel tatuada,
sorbiendo lágrimas de alcohol
porque llorar
asusta
si no tienes práctica.


vas a vestirte de blanco
pero déjate puesta
esa oscuridad que luce tu mirada.
la soga,
los brazos negros que te ahogan
y esas manchas sucias en la geometría obtusa de tus juntas.
el miedo que lames,
el viento que bate cuando andas por el infierno que guardas,
cuando miras mudo los dolores del mundo
los lugares hundidos
toda la penuria que aguanta un corazón nocturno que echa en falta.


conozco
tu falso bienestar
tu bendito rumor, difícil de apreciar si sólo te dedicas a callar.
se me antoja ubicarte
entre la cafeína y el laxante,
entre el púrpura del marco y una barra de labios.
se me antoja
que podríamos ser algo más
si alguna vez
a solas
aceptamos contemplar las olas.
y tocar tu dolor y tu alegría
tocar de mentira
tocar como juegan las sombras a escondidas
en un cuarto infantil de la Gran vía.


frío
es tu rostro en las fotos,
tu pelo gris plomo

cuando limpias el polvo
cuando saltan los puntos cosidos en tu torso.
no te preocupes tanto
todos seremos tiza temprano.
blandos
frágiles
seres asustados si llega la primera muerte, la que no esperamos,

porque las muertes que vengan después
ya no hacen daño.


eres un signo velado
mientras cierras los párpados aguados
y cierras lento

el visillo del salón que da al patio.
se me antoja mirarte
una vez,

una más,
escribir en voz baja lo que dije en el parque,
llorar asusta
sólo
si tienes hambre.



viernes, 9 de junio de 2017

juego de granadas

la sientes descender por tu pecho
y bajar a tus piernas
hasta los pies que arrastras.
no te das cuenta
pero vas

con la falda calada.
la mancha la tapan tus manos
mientras andas.


no has comido,
tu cuerpo no digiere la esperanza.
bebiste poco
pero no recuerdas

a quién explicabas
cómo la grava inunda tu playa cuando pones el alma fuera de la cama.
cómo el amor vino alguna vez a reírse en tu cara
y otras, fuiste tú
quien le dio la espalda.


le dijiste
que eres mariposa grávida que vuela sin desplegar las alas,
camelia a veces,
abeja en un panal con la miel acabada.
le contaste
que unos cuervos sin pico se mecen con la luna blanca,
que hay flores clavadas

en la materia gris de todas las ventanas.

le dijiste incluso
que tus secretos los guardas en bocas de alquiler
porque no te fías de quedarte callada.
que cometes el mismo error cada mañana
el error de esperar con ternura
lo que no pasa.
no recuerdas si se marchó
antes o después
de que tú te marcharas.


caminas por la acera seca
con la ropa empapada.
cuando los coches se paran, te paras.
miras el semáforo y sales

cuando arrancan.

la sientes resbalar sobre tu lava.
dañar tu piel como piedra caliente como rama abrasada.
tocas suelo y escondes bajo la blusa
el grito que fabrica la sed que no se sacia.
eres un puzle
de piezas de felicidad rasgada
pero faltan varias.

la dicha nunca es completa
quedan siempre cuevas mal ventiladas.


detrás de ti,
hay un rastro carmesí, muchas gotas de cera pintada.
vas apretando la tela
contra un muslo teñido de
granadas.
los dedos taponan

y los peces empujan
para no morir lejos del mar
ni desangrada.
tú lo sabías,
la ciudad ataca a las mariposas
a la camelia común
a la abeja que se aleja solitaria.
a veces, te juegas la vida,
a veces, por nada.





martes, 30 de mayo de 2017

¿por qué no?

aquello que no es necesariamente
tuyo.
aquello que para mí acaba donde deberías estar.
y sin embargo,
hay cargos de luz y gas.


escribo una palabra que conoces
lo hago sin vocales,
no la quieres leer.
la suciedad de las calles se lleva
las quejas a otra parte
a escondidas,
mientras morimos dormidos
y oprimidos.
las deja en otro mundo sobre un río de uvas fermentadas
a su libre albedrio.


doy un sorbo de mar dulce con pasta de ricino
y
¿por qué no?
sigo.
latimos con nuestros pequeños pechos calientes

cada uno en su sitio
en un polo distinto.
es sólo el tuyo que late,
el mío
está frío.
los perdedores necesitamos señales de humo
garbanzos en el camino
jazmín en el ombligo
para creernos
vivos.


déjame descansar
algún día,
descansar de ti,
te lo pido.
quiero la ciudad para otros.
te recuerdo y todo huele a humedad, al surco negro del disco.
no me sonrías desde lejos
yo sé
que no me has visto. 


observo mi piel a punto de mudarla,
tomo impaciente la carrera del asilo,
voy al cruce, al pozo

a hundir mi fe en el estío.
voy al manicomio, a ese lugar donde almuerza la mente y sus vicios.
voy o iba
hacia ti
llena de voces como hilos y de moscas
sin equilibrio.


me busco a mí misma
bajando hasta mis huesos,
pongo las yemas en los huecos abiertos, aprieto
sin miedo,
saco los clavos ardiendo.
me busco.
¿por qué no?
buscarte a ti
es perder

el tiempo.



martes, 16 de mayo de 2017

acercamiento

como tus asas
como tus astas de esparto y viento,
ceniza de cigarro en la escalera,
olivo y carretera por encima del pecho.
como tu adiós,
como tu firme hasta luego, que nunca
supo a beso.


como tus uñas,
como tus manos fantasmas por detrás del espejo,
tu sana inclinación a no echar
nada de menos.
cañas y barcos buscando entre la sal, un marinero.


como un haz,
como guerrero apático que va perdiendo el pelo,
como pájaro alérgico al aire,
como hombre de papel que no puede
sujetar su cuerpo.


vagabundo desorientado por el valle profundo del afecto,
escalador de musas,
señor de las cimas más altas y claras
del tedio.
acércate,
que no te veo.


como la tela mágica
que hace de tu voz, un aguacero.
como dios abatido frente a mí

todavía cayendo
y aún,
sin tocar el suelo.


buceador hinchado por tragos solidarios,
por lechos abonados,

por sufrimientos paganos,
por un temor de abril incontrolado.
como león castrado,
como espuma que entra por la carne de un pez abrumado.


como imposible
mío.


como boca que sabe taponar derrotas.
como el frasco que guarda las uvas rotas.
como pupila entrando en la bañera,
como tus yemas

hundidas en la tela o en las piernas.
muñeco que agarra por la cola a las sirenas.
alumno de fiebre fingida
cuando te mira de frente o te hace muecas
la vida.

como tronco áspero,
como el cuello del deseo al soltarlo de golpe en el granero.
como la mano que te presto, posada en tu temblor hasta vencerlo.
como el césped negro,
como un corazón ciego,
el mío.
como tus párpados
que nombran las cosas y logran que estén,
sin saberlo.
acércate,

que yo también
lo siento.