mejorlavidasimple

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domingo, 16 de julio de 2017

si diez minutos


diez minutos
para este cuerpo de piedra
que empieza a deshacerse en grietas.

nueve minutos
para esta textura solar donde has plantado plumas
que crecen respirando mi dureza.

ocho minutos
de amor pétreo y navaja de mar llano
clavando su pico en mi armadura con forma de barco.

siete minutos
para sentir la roca en el estómago
el canto que resiste las altas temperaturas del deseo que te tengo.

seis minutos
para recortar el mito por las líneas discontinuas sin soltar la tijera
y componer un puzcle que huela como el tronco de un árbol sin tierra.

cinco minutos
de dolores tostados en la punta de un corazón blindado
que ya no teme a los tanques ni al timbre de la puerta cuando suena.

cuatro minutos
para disecar las verdades que no me son útiles
y calentar con las manos las mentiras que nos harán de guía.

tres minutos
de espera
para ver la piscina llena y descargar la losa que me pesa
puede que flote amarilla entre hojas escritas y velas.

dos minutos
para fundir el metal de los puntos en las costuras las comisuras
las curvas de los ojos y del vientre
esas rayas que no existían cuando hubo una esperanza volando sobre la vida.

un minuto
el último de tu tic tac de oro cojo de agujas
para demostrarte que sin cascadas
el tiempo que era nuestro hará que se calle en el océano el viento.

jueves, 15 de junio de 2017

hambrunas

frío
duro
piedra congelada
roído de los pies hasta la espalda
ausente de todos mis recuerdos,
aguantando una flema que no pasa.
barnizando
pintándote las uñas a rayas.
expulsando resina por las grietas
por las rajas que no están curadas.
sudando tinta por la piel tatuada,
sorbiendo lágrimas de alcohol
porque llorar
asusta
si no tienes práctica.


vas a vestirte de blanco
pero déjate puesta
esa oscuridad que luce tu mirada.
la soga,
los brazos negros que te ahogan
y esas manchas sucias en la geometría obtusa de tus juntas.
el miedo que lames,
el viento que bate cuando andas por el infierno que guardas,
cuando miras mudo los dolores del mundo
los lugares hundidos
toda la penuria que aguanta un corazón nocturno que echa en falta.


conozco
tu falso bienestar
tu bendito rumor, difícil de apreciar si sólo te dedicas a callar.
se me antoja ubicarte
entre la cafeína y el laxante,
entre el púrpura del marco y una barra de labios.
se me antoja
que podríamos ser algo más
si alguna vez
a solas
aceptamos contemplar las olas.
y tocar tu dolor y tu alegría
tocar de mentira
tocar como juegan las sombras a escondidas
en un cuarto infantil de la Gran vía.


frío
es tu rostro en las fotos,
tu pelo gris plomo

cuando limpias el polvo
cuando saltan los puntos cosidos en tu torso.
no te preocupes tanto
todos seremos tiza temprano.
blandos
frágiles
seres asustados si llega la primera muerte, la que no esperamos,

porque las muertes que vengan después
ya no hacen daño.


eres un signo velado
mientras cierras los párpados aguados
y cierras lento

el visillo del salón que da al patio.
se me antoja mirarte
una vez,

una más,
escribir en voz baja lo que dije en el parque,
llorar asusta
sólo
si tienes hambre.



viernes, 9 de junio de 2017

juego de granadas

la sientes descender por tu pecho
y bajar a tus piernas
hasta los pies que arrastras.
no te das cuenta
pero vas

con la falda calada.
la mancha la tapan tus manos
mientras andas.


no has comido,
tu cuerpo no digiere la esperanza.
bebiste poco
pero no recuerdas

a quién explicabas
cómo la grava inunda tu playa cuando pones el alma fuera de la cama.
cómo el amor vino alguna vez a reírse en tu cara
y otras, fuiste tú
quien le dio la espalda.


le dijiste
que eres mariposa grávida que vuela sin desplegar las alas,
camelia a veces,
abeja en un panal con la miel acabada.
le contaste
que unos cuervos sin pico se mecen con la luna blanca,
que hay flores clavadas

en la materia gris de todas las ventanas.

le dijiste incluso
que tus secretos los guardas en bocas de alquiler
porque no te fías de quedarte callada.
que cometes el mismo error cada mañana
el error de esperar con ternura
lo que no pasa.
no recuerdas si se marchó
antes o después
de que tú te marcharas.


caminas por la acera seca
con la ropa empapada.
cuando los coches se paran, te paras.
miras el semáforo y sales

cuando arrancan.

la sientes resbalar sobre tu lava.
dañar tu piel como piedra caliente como rama abrasada.
tocas suelo y escondes bajo la blusa
el grito que fabrica la sed que no se sacia.
eres un puzle
de piezas de felicidad rasgada
pero faltan varias.

la dicha nunca es completa
quedan siempre cuevas mal ventiladas.


detrás de ti,
hay un rastro carmesí, muchas gotas de cera pintada.
vas apretando la tela
contra un muslo teñido de
granadas.
los dedos taponan

y los peces empujan
para no morir lejos del mar
ni desangrada.
tú lo sabías,
la ciudad ataca a las mariposas
a la camelia común
a la abeja que se aleja solitaria.
a veces, te juegas la vida,
a veces, por nada.





martes, 30 de mayo de 2017

¿por qué no?

aquello que no es necesariamente
tuyo.
aquello que para mí acaba donde deberías estar.
y sin embargo,
hay cargos de luz y gas.


escribo una palabra que conoces
lo hago sin vocales,
no la quieres leer.
la suciedad de las calles se lleva
las quejas a otra parte
a escondidas,
mientras morimos dormidos
y oprimidos.
las deja en otro mundo sobre un río de uvas fermentadas
a su libre albedrio.


doy un sorbo de mar dulce con pasta de ricino
y
¿por qué no?
sigo.
latimos con nuestros pequeños pechos calientes

cada uno en su sitio
en un polo distinto.
es sólo el tuyo que late,
el mío
está frío.
los perdedores necesitamos señales de humo
garbanzos en el camino
jazmín en el ombligo
para creernos
vivos.


déjame descansar
algún día,
descansar de ti,
te lo pido.
quiero la ciudad para otros.
te recuerdo y todo huele a humedad, al surco negro del disco.
no me sonrías desde lejos
yo sé
que no me has visto. 


observo mi piel a punto de mudarla,
tomo impaciente la carrera del asilo,
voy al cruce, al pozo

a hundir mi fe en el estío.
voy al manicomio, a ese lugar donde almuerza la mente y sus vicios.
voy o iba
hacia ti
llena de voces como hilos y de moscas
sin equilibrio.


me busco a mí misma
bajando hasta mis huesos,
pongo las yemas en los huecos abiertos, aprieto
sin miedo,
saco los clavos ardiendo.
me busco.
¿por qué no?
buscarte a ti
es perder

el tiempo.



martes, 16 de mayo de 2017

acercamiento

como tus asas
como tus astas de esparto y viento,
ceniza de cigarro en la escalera,
olivo y carretera por encima del pecho.
como tu adiós,
como tu firme hasta luego, que nunca
supo a beso.


como tus uñas,
como tus manos fantasmas por detrás del espejo,
tu sana inclinación a no echar
nada de menos.
cañas y barcos buscando entre la sal, un marinero.


como un haz,
como guerrero apático que va perdiendo el pelo,
como pájaro alérgico al aire,
como hombre de papel que no puede
sujetar su cuerpo.


vagabundo desorientado por el valle profundo del afecto,
escalador de musas,
señor de las cimas más altas y claras
del tedio.
acércate,
que no te veo.


como la tela mágica
que hace de tu voz, un aguacero.
como dios abatido frente a mí

todavía cayendo
y aún,
sin tocar el suelo.


buceador hinchado por tragos solidarios,
por lechos abonados,

por sufrimientos paganos,
por un temor de abril incontrolado.
como león castrado,
como espuma que entra por la carne de un pez abrumado.


como imposible
mío.


como boca que sabe taponar derrotas.
como el frasco que guarda las uvas rotas.
como pupila entrando en la bañera,
como tus yemas

hundidas en la tela o en las piernas.
muñeco que agarra por la cola a las sirenas.
alumno de fiebre fingida
cuando te mira de frente o te hace muecas
la vida.

como tronco áspero,
como el cuello del deseo al soltarlo de golpe en el granero.
como la mano que te presto, posada en tu temblor hasta vencerlo.
como el césped negro,
como un corazón ciego,
el mío.
como tus párpados
que nombran las cosas y logran que estén,
sin saberlo.
acércate,

que yo también
lo siento.

martes, 9 de mayo de 2017

un mal tipo

lo harías astillas,
con la misma fuerza que lo construiste un día.
lo borrarías
lo destruirías
lo arrasarías.
lo empujarías desde la repisa al suelo,
recogerías los pedazos uno a uno
asegurándote de tirarlos.


lo dejarías sin llaves,
lo pondrías en una bolsa negra y en un cuarto atestado de fieras.
lo injertarías en una maceta, sin agujeros, sin tierra,
sobre la superficie solar
y que allí,
ardiera.


porque
no es bueno todo lo que es libre,
ni puro todo lo que es salvaje,
ni bello
lo que nace con belleza de una madre.


preguntas
si vas a perder la cabeza,
si verás rodar tu alma en la escalera,
si vivirás de pan congelado, de veletas
cuando no te quede ni un ahorro en la cuenta.
no hay respuesta.


lo golpearías
lo arañarías
lo extinguirías
lo ahorcarías con la cuerda de un cometa,
lo quemarías, también a sus proezas.
porque
no es digno
de las vidas que se lleva.


lo reconoces
por el dolor en el pecho que las olas no cierran,
por ese cráter sumergido que cubre tu chaqueta,
por ese hundimiento de altura,
por la destrucción de lo tuyo
de lo íntimo
de la buena fe que pusiste para que existiera.


lo condenarías al diente de las orcas,
a cadena perpetua.
lo encerrarías
lo anularías
lo vaciarías por las deudas contraídas,
por ese miedo podrido que ha cubierto de resina caliente lo vivido.
por tantas cenas de estiércol con el cuchillo en vilo,
por el veneno molido
usado y masticado,
por el destrozo causado al estirar los nervios dañados.


al final,
se fue el aire que ocupaban las rosas,
el suave movimiento,
las alas en las hojas,
la mano compañera aguantando la espuma dolorosa.
no está

ese leve calor del alimento en la boca.
y parece mentira
que alguna vez llegase puntual la risa,
y se fijase en ti
y se posase sin prisa.


a veces, antes del mar
el agua dulce encuentra un muro que doblar,
un tipo de amor
que arrancar.




 

miércoles, 3 de mayo de 2017

pasatiempo

detrás de tu odio,
esa profunda tristeza,
ese orgasmo cortado, la pólvora húmeda,
la cáscara de leche,
la munición sin estrenar del atleta.
y un desierto mágico,
un páramo de hierros con las puntas del pelo al sol
y medio abiertas.


detrás de tu odio
se agolpan tus pecados,
tus otros embarazos,
tu vida mutilada por todos los errores que cometes despierta.


y todo mancha,
manchan las pieles frescas,
mancha tu obligación de huir de la miseria,
macha tu deslucida acción,
manchas de calamar gigante y tinta negra.

detrás,
está la masa de la escultura helena,
la tiza en la pizarra,
la ingeniera ambulante por las salas.
y otro amanecer en el mismo cuarto sentada
lejos del horizonte,
de la luz naranja.
detrás,

está tu cárcel de esperanza,
tu tumba junto al mar
frente a un ordenador lleno de marcas.

eres el cuerpo que no puede
fecundar calma.

porque detrás de tu odio
tienes un alfiler en tu espalda,
una avalancha de fieras,
un fuerte olor a plasma,
un enjambre de rostros que no han de darte tregua ni reposo.
y entre ellos,

el tuyo.

el tuyo que colocas frente al espejo
y obligas a quedarse quieto.
que no miras ni acaricias
que sabes contraído, tímido,
atractivo con límites y un pensador fallido.

pones tu ojo
sobre una arruga, un pliegue del párpado,

una clara irritación de la pupila,
una posible verruga, un colmillo desgastado,
o una grieta en el labio que levemente supura.
al final
la suerte
no fue tuya.


detrás de tu odio,
está la abeja reina que agoniza,
la guerrera de plumas,
la loba hinchada y la presa fría,
ese espíritu errante
que conserva sus huesos de reliquia.
has visto otras
pero nunca tu cara
bajo una luz derretida y mustia.

sientes que
cuando todo sentimiento sea un pasatiempo de ida,
él no podrá volver como volvía,
tú no le escogerías,
aunque pase este odio,

y lo pida la vida
de rodillas.